La horchata cambia para siempre: la nueva norma que afecta a lo que compras en el supermercado
La receta tradicional se adapta a los nuevos hábitos de consumo

Hace 50 años en Alicante. Del 30 de junio al 6 de julio de 1975: Horchata para combatir el calor / Rafa Arjones / Perfecto Arjones
La horchata de chufa vive uno de los cambios más importantes de los últimos años. La bebida alicantina por excelencia, asociada al verano, a las horchaterías tradicionales y a los lineales de los supermercados cuando llega el calor, estrena una nueva regulación que modifica una de sus condiciones más llamativas: ya no será obligatorio añadir azúcar para que pueda venderse como horchata.
El cambio no significa que la receta pierda su identidad. Al contrario, la nueva norma busca adaptar el producto a los hábitos actuales de consumo, cada vez más atentos a la cantidad de azúcar, pero sin permitir que la horchata se convierta en una bebida más artificial. Por eso, la actualización abre la puerta a la horchata sin azúcares añadidos, pero fija una línea roja muy clara: queda prohibido sustituir ese azúcar por edulcorantes.
Hasta ahora, era obligatorio utilizar una cantidad mínima de azúcar para que el envase pudiera mostrar la palabra horchata. Aunque estuvieran elaboradas con chufa y mantuvieran la base del producto tradicional, no siempre podían presentarse con la misma denominación.
¿Qué puede considerarse horchata?
A partir de ahora, será posible tomar y comprar horchata sin azúcares añadidos. Esto permitirá que los fabricantes elaboren versiones más ajustadas a las preferencias de quienes quieren reducir el consumo de azúcar, sin que el producto pierda su nombre ni su vínculo con la receta original.
Pero la norma también protege el límite de lo que puede considerarse horchata. Si una bebida de chufa incorpora edulcorantes para sustituir el azúcar, perderá el derecho a utilizar esa denominación. Dicho de forma sencilla: sin edulcorantes, puede ser horchata; con edulcorantes, deberá venderse como bebida de chufa u otra denominación distinta.
La diferencia es importante para el consumidor. En el supermercado, no todo lo que se parece a una horchata podrá llamarse horchata. La etiqueta será la clave para distinguir entre el producto protegido y otras bebidas inspiradas en la chufa, pero con una formulación diferente. La norma pretende evitar confusiones y garantizar que quien compra horchata sepa que está adquiriendo un producto con una identidad concreta.
El objetivo de fondo es proteger la calidad y la autenticidad de una bebida muy ligada a la tradición alicantina. La horchata debe conservar siempre su base esencial de chufa, el ingrediente que le da sabor, textura y personalidad.
En la práctica, el cambio obligará a mirar mejor el envase. Si pone horchata, deberá respetar las condiciones de la norma. Si lleva edulcorantes, no podrá utilizar ese nombre.
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