Los expertos coinciden: la razón por la que ves peor al conducir de noche aunque durante el día no tengas problemas
Conocer esta anomalía y ponerle solución es fundamental para evitar situaciones peligrosas al volante cuando cae la noche

Juani Ruz
Nuestros ojos no ven igual de día que de noche. Bajo la luz diurna, la visión depende principalmente de unas células de la retina llamadas conos, responsables de percibir los colores y los detalles más precisos. Sin embargo, cuando cae la tarde y disminuye la iluminación, el ojo cambia de estrategia y entran en funcionamiento los bastones, unos fotorreceptores mucho más sensibles a la luz, pero menos eficaces a la hora de distinguir colores y ofrecer una imagen nítida. Por eso, conducir de noche exige un esfuerzo visual mayor.
Aunque suele haber menos tráfico, la conducción nocturna puede ser más peligrosa porque se reduce la capacidad para detectar peatones, animales, curvas, obstáculos o señales a distancia. Además, los deslumbramientos de otros vehículos y la menor sensibilidad al contraste hacen que el conductor tarde más en reaccionar. De ahí que los expertos insistan en no confiarse: ver bien de día no siempre significa ver igual de bien cuando falta la luz natural.
Miopía nocturna
Uno de los problemas menos conocidos es la miopía nocturna, una alteración que aparece o se acentúa en condiciones de baja iluminación. Se produce porque, al dilatarse la pupila por la falta de luz, el enfoque del ojo cambia ligeramente y puede aparecer una pérdida de nitidez en la visión lejana. Esto significa que algunas personas que durante el día no notan ningún defecto visual pueden percibir por la noche las luces, las señales o los objetos lejanos de forma más borrosa o difuminada.
La miopía nocturna no debe confundirse necesariamente con una miopía diagnosticada durante el día, aunque ambas pueden coincidir. En muchos casos se manifiesta como una sensación de menor claridad al mirar lejos, halos alrededor de las luces, dificultad para leer señales a distancia o inseguridad al circular por carreteras mal iluminadas. El problema es que el conductor puede no ser consciente de que su visión ha empeorado, sino atribuirlo al cansancio, a la lluvia, a los faros de otros coches o al estado de la carretera. Sin embargo, esa pérdida de nitidez puede reducir el margen de reacción y aumentar el riesgo en situaciones imprevistas.
La edad también influye de forma decisiva en la visión nocturna. Con el paso de los años, la pupila tiende a hacerse más pequeña, por lo que entra menos luz en el ojo. Al mismo tiempo, el cristalino puede volverse más amarillento y menos transparente, lo que reduce el contraste y dificulta la percepción de detalles en ambientes oscuros. A esto se suma que la adaptación a la oscuridad es más lenta. Por eso, una persona mayor puede necesitar mucha más luz que una joven para ver con la misma claridad.
Conductores con gafas
Los conductores que ya utilizan gafas o lentillas deben prestar todavía más atención. Las personas con miopía pueden notar más borrosidad de lejos cuando la corrección no está actualizada, especialmente porque la pupila dilatada aumenta determinadas imperfecciones ópticas. Quienes tienen astigmatismo suelen ser más sensibles a los halos y deslumbramientos, mientras que los hipermétropes pueden sufrir fatiga visual antes en trayectos largos. En el caso de la presbicia o vista cansada, también puede haber dificultades para enfocar el cuadro de mandos, el navegador o los controles interiores del vehículo en penumbra, por lo que conviene utilizar una corrección adecuada para todas las distancias.
Consejos para reducir riesgos
Para reducir riesgos, los especialistas recomiendan conducir siempre con la graduación actualizada y evitar gafas antiguas, sucias o con lentes rayadas, ya que empeoran los reflejos y disminuyen la nitidez. También es aconsejable utilizar lentes con tratamiento antirreflejante, mantener limpio el parabrisas por dentro y por fuera, revisar el estado de los faros, no mirar directamente a las luces de los vehículos que vienen de frente y aumentar la distancia de seguridad. La adaptación del ojo a la oscuridad no es inmediata: puede tardar varios minutos en condiciones moderadas y más tiempo si el cambio de luz es intenso. Por eso, al entrar en túneles, carreteras poco iluminadas o tras sufrir un deslumbramiento, conviene reducir la velocidad y conducir con mayor prudencia.
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