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La psicología explica por qué hay gente que se saca mocos en el coche como si nadie la estuviera viendo

Un gesto cotidiano, poco elegante y más visible de lo que muchos creen esconde una curiosa explicación

La escena es muy cotidiana.

La escena es muy cotidiana. / INFORMACIÓN

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

Es una escena urbana que se repite cada día: un coche parado en un semáforo, el conductor mirando al frente y, de pronto, el dedo sube hacia la nariz con una naturalidad pasmosa. Desde fuera se ve todo. Desde dentro, sin embargo, muchas personas parecen comportarse como si nadie pudiera observarlas.

La explicación no está en que esas personas ignoren por completo que están en la calle, sino en la sensación psicológica que genera el coche. Aunque sea un espacio público en movimiento, su interior se percibe como un territorio propio: hay techo, puertas, cristales, música, temperatura controlada y una separación física respecto al resto. Esa combinación favorece una falsa sensación de privacidad.

La psicología social distingue entre la conciencia de uno mismo en público y en privado. Las audiencias, las miradas y los espejos aumentan la atención sobre cómo nos ven los demás, mientras que los entornos percibidos como íntimos pueden relajar ese autocontrol. Investigaciones clásicas sobre autoconciencia pública y privada ya señalaban que no actuamos igual cuando nos sentimos observados que cuando creemos estar en un espacio propio.

Por qué el semáforo es el momento perfecto

El semáforo tiene algo de pausa incómoda. Durante unos segundos no hay que conducir activamente, pero tampoco se está haciendo otra cosa. Esa espera breve favorece gestos automáticos: tocarse la cara, mirar el móvil, ajustarse el pelo, rascarse o quitarse una molestia de la nariz.

Sacarse mocos no suele ser un acto muy pensado. A menudo responde a una mezcla de incomodidad física, hábito, aburrimiento o impulso. Un estudio publicado en The Journal of Clinical Psychiatry sobre rinotilexomanía —el término clínico para el hábito compulsivo de hurgarse la nariz— encontró que el gesto era muy común entre adolescentes y que muchos lo asociaban a higiene personal, alivio de picor o necesidad de despejar las fosas nasales.

Esta ciudad española es pionera en un nuevo uso de los semáforos

Un semáforo en rojo te da tiempo a hacer cosas de las que a veces ni eres consciente. / INFORMACIÓN

Eso no significa que todo el que lo hace en un atasco tenga un problema psicológico. En la mayoría de los casos es simplemente un hábito cotidiano y poco elegante. Solo cuando se vuelve repetitivo, difícil de controlar o causa daño físico puede entrar en el terreno de los comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo, una categoría que incluye acciones como morderse las uñas o pellizcarse la piel. Cleveland Clinic explica que estos comportamientos pueden hacerse de forma casi automática y que algunas personas ni siquiera son plenamente conscientes de que los realizan.

La burbuja del conductor

El coche genera una paradoja: estamos rodeados de gente, pero aislados de ella. Vemos a otros conductores, peatones y motoristas, pero rara vez interactuamos con ellos de forma directa. Esa distancia reduce la sensación de juicio social inmediato. No hay conversación, no hay contacto visual sostenido y, muchas veces, los cristales o la altura del vehículo refuerzan la idea de estar “dentro” de algo propio.

Ahí aparece el error: confundir estar protegido con no ser visto. El conductor puede sentirse anónimo, pero en realidad está expuesto. La teoría de la autoconciencia sugiere que cuando baja la percepción de estar siendo observado, también puede bajar el filtro social que normalmente frena ciertos gestos en público.

Por eso el coche funciona como una especie de camerino con ruedas. La gente canta, discute sola, se retoca, bosteza sin disimulo o se hurga la nariz. No porque haya perdido las normas sociales, sino porque durante unos segundos el cerebro interpreta ese espacio como más privado de lo que realmente es.

Un gesto común, pero no precisamente recomendable

Más allá del pudor, hay una cuestión higiénica. Tocarse la nariz con las manos sucias puede favorecer pequeñas irritaciones, sangrados o infecciones, sobre todo si se hace de forma repetida. En el estudio sobre rinotilexomanía en adolescentes, un 25% de los participantes declaró haber tenido sangrados ocasionales relacionados con este hábito.

La conclusión, por tanto, es menos moralista que práctica: hacerlo en el coche no revela necesariamente una personalidad extraña ni un rasgo profundo del carácter. Revela algo bastante humano: cuando creemos que nadie nos mira, nos comportamos con menos filtro. El problema es que, en un semáforo, casi siempre hay alguien mirando.

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