Filolao, filósofo griego: "La naturaleza en el mundo está coligadamente compuesta de finitos e infinitos, igualmente que el universo y cuanto en él se contiene"
La frase atribuida al pensador pitagórico resume una idea sorprendentemente moderna: el mundo no sería puro caos ni pura rigidez, sino una combinación ordenada entre lo ilimitado y aquello que le da forma

Filolao miraba el cosmos con las herramientas de su tiempo / INFORMACIÓN
“La naturaleza en el mundo está coligadamente compuesta de finitos e infinitos, igualmente que el universo y cuanto en él se contiene”. La sentencia se atribuye a Filolao de Crotona, filósofo griego del siglo V a. C. vinculado a la tradición pitagórica, una escuela que no separaba del todo la filosofía, las matemáticas, la música y la cosmología.
La cita aparece transmitida por Diógenes Laercio, que recoge que Filolao fue uno de los primeros pitagóricos en publicar por escrito las doctrinas de la escuela. En traducciones más actuales, la frase suele aparecer formulada así: “La naturaleza en el orden del mundo fue ajustada a partir de cosas ilimitadas y cosas limitantes, tanto el mundo entero como todo lo que hay en él”. La versión conservada en la Loeb Classical Library la identifica como el fragmento doctrinal D2/B1 de Filolao.
Conviene hacer una precisión: como ocurre con muchos filósofos presocráticos, no conservamos la obra completa de Filolao, sino fragmentos y testimonios transmitidos por autores posteriores. La Stanford Encyclopedia of Philosophy señala que hoy se acepta generalmente que varios fragmentos proceden de un libro genuino suyo, aunque también circularon escritos posteriores falsamente atribuidos a Filolao.
Qué quería decir Filolao
La frase gira en torno a dos conceptos clave: lo limitado y lo ilimitado. Para Filolao, el cosmos no podía explicarse solo como una masa indefinida, sin forma, ni tampoco como una estructura cerrada y rígida. La realidad surgiría de la tensión entre ambos principios.
Lo ilimitado representa aquello que no tiene contorno claro: lo indeterminado, lo continuo, lo que podría extenderse sin medida. Lo limitado, en cambio, introduce forma, proporción, medida y orden. El mundo, según esta visión pitagórica, nace cuando ambos elementos se combinan mediante una especie de ajuste o armonía.
Ahí está la clave de la frase. Filolao no describe la naturaleza como una suma caótica de piezas, sino como una composición. Todo lo que existe —el universo entero y cada cosa dentro de él— estaría hecho de esa relación entre apertura y límite, entre posibilidad y forma.
El número como principio de orden
La idea encaja de lleno con la herencia pitagórica. Para los pitagóricos, los números no eran solo herramientas para contar, sino una forma de entender la estructura profunda de la realidad. La música, los astros, las proporciones del cuerpo y el movimiento del cosmos podían interpretarse a través de relaciones numéricas.
Filolao desarrolló esa intuición en una cosmología propia. Se le atribuye una de las primeras teorías en las que la Tierra deja de ocupar el centro absoluto del universo. Su modelo hablaba de un fuego central alrededor del cual giraban la Tierra y otros cuerpos celestes, una propuesta que no era heliocéntrica en sentido moderno, pero sí rompía con la imagen más intuitiva de una Tierra inmóvil en el centro de todo.
En ese contexto, hablar de finitos e infinitos no era una ocurrencia abstracta. Era una forma de explicar cómo puede haber orden en un mundo cambiante. El límite permite que algo sea reconocible; lo ilimitado aporta la materia abierta sobre la que ese orden actúa.
Por qué sigue teniendo vigencia
Más de dos mil años después, la frase conserva fuerza porque toca una cuestión que sigue siendo actual: cómo surge el orden en medio de la complejidad. La ciencia moderna ya no explica el universo con las categorías pitagóricas de Filolao, pero la intuición de fondo resulta familiar. Para entender la realidad necesitamos medida, estructura y límites; pero también debemos aceptar que la naturaleza desborda cualquier esquema demasiado cerrado.
La frase puede leerse hoy incluso en clave personal. Una vida sin límites se vuelve dispersa; una vida hecha solo de límites se vuelve estrecha. Entre ambos extremos aparece algo parecido a la armonía: espacio para crecer y forma para no perderse.
Filolao miraba el cosmos con las herramientas de su tiempo, mezclando matemática, filosofía y una fuerte carga simbólica. Pero su intuición sigue viva: el mundo no se sostiene solo por lo que se expande, ni solo por lo que contiene, sino por la tensión entre ambas fuerzas.
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