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La IA admite que podría “resucitar” a los muertos: el futuro inquietante de las réplicas digitales

Clonar la voz, conservar recuerdos y crear avatares capaces de responder ya no parece ciencia ficción. La gran pregunta es si eso ayuda a recordar o complica el duelo

Recreación de un hombre hablando con una versión digital de su padre fallecido.

Recreación de un hombre hablando con una versión digital de su padre fallecido. / INFORMACIÓN

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

La idea suena a episodio de Black Mirror, pero cada vez está más cerca de la realidad: una persona muere y, aun así, su familia puede seguir hablando con una versión digital de ella. No sería una resurrección, claro. Sería una réplica construida con audios, vídeos, mensajes, fotos, entrevistas y todo el rastro que dejó en vida. Lo admiten como viable en un futuro no muy lejano varios sistemas de inteligencia artificial consultados al respeto.

La tecnología ya permite clonar voces, imitar estilos de escritura, generar rostros realistas y crear asistentes conversacionales con memoria. Por separado, las piezas existen. El salto será unirlas en sistemas capaces de responder como si fueran alguien concreto.

No sería inmortalidad, sino una huella entrenada

La palabra “inmortalidad” resulta tentadora, pero engañosa. Una réplica digital no sería la persona fallecida, sino una reconstrucción probabilística de su forma de hablar, sus recuerdos documentados y sus rasgos más reconocibles.

Resurrección digital: ¿es ético, legal y sano hablar con los muertos a través de la IA?

Resurrección digital: ¿es ético, legal y sano hablar con los muertos a través de la IA? / ShutterStock

Podría decir frases parecidas a las suyas, usar su tono, recordar anécdotas familiares o responder con su voz. Pero no tendría conciencia, ni experiencia nueva, ni una vida interior real.

Sería presencia sin persona.

El duelo entra en territorio desconocido

Para algunas familias, este tipo de tecnología podría ser un consuelo: escuchar de nuevo una voz, hacer preguntas sobre recuerdos antiguos o conservar una biografía interactiva para hijos y nietos.

Pero también puede convertirse en una trampa emocional. Si la réplica es demasiado convincente, el usuario puede sentir que la persona sigue ahí. Y eso abre un dilema delicado: ¿ayuda a despedirse o impide aceptar la pérdida?

La línea entre memoria y simulación puede volverse muy fina.

La gran pregunta: quién autoriza seguir hablando después de muerto

El problema principal no será técnico, sino ético y legal. ¿Puede una familia crear un avatar de alguien que nunca dio permiso? ¿Quién controla su voz, su imagen y sus recuerdos? ¿Debe poder opinar sobre temas nuevos? ¿Puede una empresa cobrar por mantener “viva” esa réplica?

La IA difumina la frontera entre la vida y la muerte al “resucitar” a los fallecidos como avatares digitales para el espectáculo, la política y el duelo íntimo, en una nueva forma de trabajo espectral postmortal.

La IA difumina la frontera entre la vida y la muerte al “resucitar” a los fallecidos como avatares digitales para el espectáculo, la política y el duelo íntimo, en una nueva forma de trabajo espectral postmortal. / IA/T21

El consentimiento será clave. Lo más razonable sería que estas copias digitales se prepararan en vida, con límites claros: qué datos se usan, qué puede responder el sistema y cuándo debe dejar de funcionar.

El negocio de los muertos digitales

Lo más probable es que veamos primero versiones suaves: archivos familiares interactivos, museos con voces recreadas de personajes históricos, escritores que dejan entrevistas entrenadas o asistentes de legado digital.

La versión más inquietante llegará cuando esto se convierta en producto emocional: pagar una suscripción para hablar con alguien fallecido.

Ahí la tecnología dejará de ser solo innovación para convertirse en una pregunta inquietante sobre el amor, la memoria y el mercado.

Porque el futuro quizá no nos permita vencer a la muerte. Pero sí puede ofrecernos algo casi igual de perturbador: una copia capaz de contestar.

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