Calor en las escuelas
Los pediatras exigen medidas para combatir las altas temperaturas en los colegios: "El calor en las aulas ya es un riesgo para la salud infantil"
La consejera de Educación de Madrid resta importancia al problema y asegura que "cuando hace calor, hace calor"

Foto de archivo de alumnos catalanes protesando por el calor que tienen que soportar en las aulas / Ferran Nadeu
Olga Pereda
Después de que la consejera de Educación de Madrid, Mercedes Zarzalejo, se limitara a decir que “cuando hace calor, hace calor” -en referencia a las altas temperaturas que sufren los centros educativos- los pediatras españoles han salido a escena para reclamar “el replanteamiento” de los entornos escolares. Está en juego, aseguran, la salud infantil.
Cuando un aula supera los 27 grados, la concentración y el aprendizaje se deterioran
Para el Comité de Salud Medioambiental (CSM) de la Asociación Española de Pediatría (AEP), los centros educativos deben adaptarse al cambio climático y convertirse en “espacios seguros, saludables y resilientes” frente a un riesgo ambiental creciente, con olas de calor que cada vez se producen antes y duran más días. Oficinas y edificios públicos tienen normativas específicas sobre las temperaturas. Concretamente, la legislación laboral insta a "los locales donde se realizan trabajos sedentarios propios de oficinas o similares" a mantenerse entre los 17º y los 27º. Vista la legislación, la comunidad médica y educativa se pregunta si los colegios y los institutos están al margen de la ley. En primavera, hay días o semanas donde se rozan los 35 grados. Y en invierno, hay centros donde, si la caldera se estropea, los escolares aguantan temperaturas que no llegan a los 12 grados.
"El calor en las aulas y patios escolares no es solo una cuestión de confort, sino un problema de salud pública infantil"
“El calor en las aulas y patios escolares no es solo una cuestión de confort, sino un problema de salud pública infantil. No puede tratarse como una simple incomodidad ni como un problema menor de final de curso. Cuando un aula supera los 26 o los 27 grados, la evidencia nos dice que empieza a deteriorarse el bienestar, la concentración y el aprendizaje. Cuando el termómetro aumenta, entramos en un escenario de riesgo sanitario prevenible. Por encima de los 30 grados, el ambiente deja de ser adecuado para el aprendizaje, y superar los 32 o los 33 supone un riesgo para la salud de la población vulnerable, como son los niños y adolescentes. La infancia no puede seguir siendo el termómetro pasivo del cambio climático”, advierte el doctor Juan Antonio Ortega, coordinador del CSM-AEP.
La comunidad médica explica que niños y adolescentes son especialmente vulnerables a las altas temperaturas. Su sistema de termorregulación todavía está en desarrollo, presentan una mayor superficie corporal relativa y una respuesta fisiológica menos eficiente frente al calor, lo que favorece la deshidratación, la fatiga, el agotamiento térmico o el golpe de calor. Además, dependen en gran medida de los adultos para hidratarse, reconocer el riesgo y protegerse adecuadamente.
Espacios mal ventilados
Los pediatras del CSM recuerdan que temperatura y ventilación forman parte del mismo problema ambiental. Niveles altos de dióxido de carbono se asocian a una reducción del 10% en la memoria visual. Incluso, pueden traducirse en la pérdida acumulada del equivalente a un día lectivo por alumno y año.
Escuelas diseñadas para un clima que no existe
Desde el CSM- AEP se advierte de que muchas escuelas españolas fueron diseñadas para unas condiciones climáticas distintas a las actuales y presentan limitaciones estructurales que dificultan la protección frente al calor. Patios excesivamente pavimentados, ausencia de sombra, ventilación insuficiente o edificaciones poco adaptadas térmicamente convierten algunos centros en espacios especialmente vulnerables durante los meses cálidos. “Las escuelas deben ser también refugios climáticos y entornos protectores para la infancia”, señala el doctor Ortega. “La adaptación climática de los centros educativos no es una medida de confort ni un lujo arquitectónico, sino una inversión en salud infantil, aprendizaje y equidad”.
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