Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Publio Nigidio Fígulo, filósofo romano: “El exceso de religión se convierte en superstición”

La frase atribuible al sabio resume una inquietud muy antigua: cuándo la devoción deja de ser virtud y se convierte en exceso

Publio Nigidio Fígulo no fue un pensador convencional.

Publio Nigidio Fígulo no fue un pensador convencional. / INFORMACIÓN

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
J. A. Giménez

J. A. Giménez

“El exceso de religión se convierte en superstición”. La frase, atribuible a Publio Nigidio Fígulo, no debe leerse como una cita literal conservada palabra por palabra, sino como una idea que resume bien un pasaje antiguo transmitido por Aulo Gelio. Y precisamente por eso resulta tan interesante: no habla contra la religión, sino contra su desmesura.

Nigidio Fígulo fue una de las figuras más singulares de la Roma republicana. Político, gramático, filósofo, estudioso de la naturaleza y vinculado al pensamiento pitagórico, vivió en el siglo I antes de Cristo y fue recordado como uno de los grandes eruditos de su tiempo. Su problema, para nosotros, es que sus obras se han perdido casi por completo. Lo que sabemos de él procede de fragmentos, alusiones y citas conservadas por otros autores.

Una frase que nace de una diferencia sutil

La clave está en una distinción lingüística. Aulo Gelio cuenta que Nigidio recogía un verso antiguo que venía a decir: conviene ser religioso, pero no supersticioso. En latín, la fórmula juega con términos muy próximos, pero no idénticos: una cosa es la actitud religiosa medida y otra el exceso que acaba encerrando al individuo en el miedo, la obsesión o el rito vacío.

Nigidio explicaba además que ciertos adjetivos terminados en -osus podían sugerir abundancia excesiva. Así, aplicado a lo religioso, el término no indicaría simplemente piedad, sino una especie de acumulación desmedida. De ahí la lectura: cuando la religión pierde medida, puede transformarse en superstición.

No es un ataque a la fe, sino una advertencia contra el exceso

El detalle no es menor. La idea no plantea que la religión sea negativa en sí misma. Lo que señala es otra cosa: la frontera entre una práctica espiritual equilibrada y una vivencia dominada por el temor.

En el mundo romano, la religión formaba parte de la vida pública, de la familia, del calendario, de los ritos cívicos y de la relación con los dioses. Pero también existía la preocupación por la superstición entendida como exceso, desviación o dependencia irracional de señales, presagios y prácticas mal entendidas.

Por eso la frase sigue teniendo fuerza. Habla de religión, pero también de cualquier creencia llevada al extremo. Una convicción puede orientar; una obsesión puede encerrar.

Un sabio romano entre la filosofía, la gramática y lo oculto

Publio Nigidio Fígulo no fue un pensador convencional. Su nombre aparece ligado a la gramática, la filosofía pitagórica, la astrología, la interpretación de signos y ciertos saberes que en Roma se movían entre la ciencia antigua, la religión y lo misterioso.

Esa mezcla explica parte de su atractivo. No era solo un estudioso de palabras: para él, el lenguaje podía revelar una relación profunda con las cosas. Por eso una reflexión aparentemente gramatical sobre una palabra como religiosus acababa teniendo una lectura moral.

Una idea antigua con lectura actual

La frase atribuible a Nigidio Fígulo funciona hoy porque toca una tensión que sigue viva: cuándo una creencia ayuda a vivir y cuándo empieza a convertirse en miedo.

Vista así, la advertencia no pertenece solo a la Roma antigua. También sirve para cualquier época en la que una idea, una doctrina o una costumbre dejan de ser guía y se transforman en rigidez. La religión, como cualquier convicción humana, necesita medida. Cuando pierde esa medida, puede dejar de iluminar y empezar a pesar.

Tracking Pixel Contents