Critias, filósofo de la Antigua Grecia: “Un hombre astuto y sabio inventó para los mortales el temor de los dioses, para que los malvados tuvieran miedo incluso cuando hicieran, dijeran o pensaran algo en secreto”
La frase se atribuye habitualmente a este pensador, aunque procede del llamado fragmento de Sísifo y su autoría ha sido discutida: una tradición la vincula al propio Critias y otra a Eurípides.

Critias fue uno de los líderes de los Treinta Tiranos. / INFORMACIÓN
“Un hombre astuto y sabio inventó para los mortales el temor de los dioses, para que los malvados tuvieran miedo incluso cuando hicieran, dijeran o pensaran algo en secreto”. La frase, atribuida a Critias, suena sorprendentemente moderna para venir de la Antigua Grecia.
Su fuerza está en que no presenta la religión como una verdad revelada, sino como una herramienta social: una forma de conseguir que los seres humanos obedecieran incluso cuando nadie los estaba mirando.
La cita procede del llamado fragmento de Sísifo, un texto conservado por Sexto Empírico. Tradicionalmente se ha atribuido a Critias, aunque ya desde la Antigüedad y también en la investigación moderna se ha discutido si pudo pertenecer a una obra de Eurípides. Por eso, lo más prudente es hablar de una frase atribuida a Critias, no de una cita completamente segura en sentido estricto.
La religión como vigilancia invisible
La idea que contiene la frase es muy potente: según este planteamiento, los primeros seres humanos habrían creado leyes para castigar los delitos visibles. Pero esas leyes tenían un problema evidente: solo podían actuar cuando el crimen se veía o se descubría.
¿Qué ocurría entonces con lo que alguien hacía a escondidas? ¿Cómo controlar la mentira, la traición, la violencia o la injusticia cuando no había testigos?
La respuesta del fragmento es provocadora: alguien inteligente habría inventado el temor a los dioses para que las personas sintieran que siempre estaban siendo observadas. Incluso en secreto. Incluso en sus pensamientos.
Una idea adelantada a su tiempo
Lo llamativo de esta frase es que anticipa una interpretación muy moderna de la religión: no como cuestión espiritual, sino como mecanismo de control social.
El temor a los dioses funcionaría como una especie de vigilancia interior. No haría falta un juez presente, ni un guardia, ni un vecino mirando por la ventana. Bastaría con creer que una fuerza superior conoce lo que haces, lo que dices y hasta lo que piensas.
Dicho de otra forma: la divinidad serviría para llevar la ley dentro de la conciencia.
Quién fue Critias
Critias fue una figura compleja y polémica de la Atenas clásica. Filósofo, político y escritor, también fue uno de los miembros más conocidos del régimen oligárquico de los Treinta Tiranos, impuesto en Atenas tras la derrota en la guerra del Peloponeso.
Esa biografía pesa mucho en la lectura de la frase. No estamos ante un pensador neutral ni ante un moralista amable. Critias ha pasado a la historia como una figura brillante, dura y asociada al poder político. Por eso la cita encaja tan bien con una visión fría de la religión: no como consuelo, sino como instrumento.
Aun así, el problema de la autoría obliga a hablar con cautela. El fragmento se ha vinculado a Critias, pero también a Eurípides. Y si pertenecía a una obra dramática, no necesariamente expresaba la opinión directa del autor, sino la voz de un personaje.
La frase forma parte de un pasaje literario y filosófico más amplio. En él se plantea que, en un primer momento, los seres humanos vivían sin orden; después crearon leyes; y, finalmente, alguien inventó el miedo a los dioses para impedir los delitos ocultos.
Es una explicación racional y política del origen de la religión. Pero no puede presentarse sin matices como una declaración directa y documentada de Critias en una conversación o tratado.
La frase sigue teniendo fuerza porque toca una pregunta que todavía hoy provoca debate: ¿actuamos bien por convicción, por miedo al castigo o porque creemos que alguien nos está mirando?
En la Grecia antigua, esa pregunta podía formularse en términos de dioses. En el mundo actual, también puede trasladarse a otros terrenos: cámaras, redes sociales, reputación, vigilancia digital o presión social.
La cuestión de fondo es la misma: cuánto de nuestra conducta depende de la moral y cuánto del miedo a ser descubiertos.
Una frase sobre los dioses, pero también sobre el poder
Lo más interesante del fragmento es que no habla solo de religión. Habla también de poder. Quien consigue que una persona se vigile a sí misma ya no necesita estar siempre presente.
Por eso la frase atribuida a Critias ha sido leída como una de las formulaciones antiguas más atrevidas sobre la religión como invención política. No se limita a negar o poner en duda a los dioses; plantea que la creencia en ellos pudo ser útil para ordenar la sociedad. Y esa es precisamente su carga más incómoda: convierte una experiencia sagrada en una tecnología de obediencia.
Más de dos mil años después, la frase conserva su capacidad de incomodar porque no se queda en el pasado. Nos obliga a pensar en la relación entre miedo, moral y control.
Quizá por eso sigue citándose. No solo por lo que dice sobre los dioses, sino por lo que sugiere sobre los seres humanos: que muchas veces no basta con prohibir lo visible; también se intenta gobernar lo invisible. Y pocas ideas son tan inquietantes como esa: la posibilidad de que el miedo más eficaz no sea el que viene de fuera, sino el que uno aprende a llevar dentro.
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