De dónde viene la expresión “a tomar por saco”
La frase se usa para expresar hartazgo, rechazo o distancia, aunque su fuerza está en que suena menos explícita que otras fórmulas más vulgares

A tomar por saco es una expresión muy usada en España. / INFORMACIÓN
“A tomar por saco” es una de esas expresiones que aparecen cuando se acaba la paciencia. Se usa para mandar algo o a alguien lejos, para dar por terminada una situación o para expresar que uno ya no quiere seguir aguantando más.
Puede decirse con enfado, con humor o con resignación: “Se rompió otra vez el móvil: a tomar por saco”, “Le mandé a tomar por saco” o “Todo el plan se fue a tomar por saco”. En todos los casos hay una idea común: algo queda apartado, descartado o enviado simbólicamente muy lejos.
La expresión es coloquial y algo vulgar, pero tiene una particularidad: suele percibirse como menos cruda que otras fórmulas parecidas. De hecho, diccionarios de español coloquial recogen “mandar a alguien a tomar por saco” con el sentido de rechazar a alguien o mandarlo lejos.
Qué significa exactamente
En el uso actual, “a tomar por saco” puede tener varios matices. El primero es el más directo: mandar a alguien a paseo, expulsarlo de la conversación o dejar claro que no queremos saber nada más.
Pero también se usa con cosas, planes o situaciones. Cuando alguien dice “se fue todo a tomar por saco”, no está mandando a nadie físicamente a ningún sitio. Está diciendo que algo se ha estropeado, se ha perdido o ha salido fatal.
Por eso la frase funciona tan bien en el habla cotidiana: sirve tanto para una bronca como para un desastre menor.
Una forma suavizada de una expresión más vulgar
Una de las explicaciones más extendidas es que “a tomar por saco” funciona como una variante menos explícita de expresiones más vulgares, especialmente “a tomar por culo”. En ese sentido, “saco” actuaría como una sustitución más aceptable, menos directa y más apta para contextos donde no se quiere ser tan grosero.
No deja de ser una expresión malsonante, pero rebaja el golpe. Suena brusca, sí, pero no tan obscena. Por eso puede aparecer en conversaciones informales, discusiones domésticas o titulares con cierto tono desenfadado, donde una fórmula más fuerte resultaría excesiva.

Una mujer mandando a tomar por saco a alguien. / Getty Images
En algunos repertorios lexicográficos aparece precisamente como forma eufemística de esa expresión más vulgar.
El “saco” como lugar simbólico
La palabra saco también ayuda a que la expresión funcione visualmente. Un saco sirve para meter algo dentro, apartarlo, cargarlo o llevárselo. En el imaginario popular, mandar algo “al saco” puede sugerir que queda fuera de circulación, eliminado o quitado de en medio.
No hace falta imaginar un origen literal demasiado concreto. La fuerza de la frase está en su capacidad para convertir el enfado en una escena rápida: algo molesto se mete simbólicamente en un saco y se manda lejos.
Ese tipo de imágenes son muy propias del español coloquial. Igual que decimos “a la porra”, “a freír espárragos” o “a tomar viento”, “a tomar por saco” sirve para expresar distancia, hartazgo y ruptura.
No es lo mismo “a saco” que “a tomar por saco”
Conviene no confundirla con otra expresión muy común: “ir a saco”. Aunque comparten la palabra, no significan lo mismo.
“Ir a saco” significa actuar con intensidad, sin miramientos o con mucha energía. Su origen suele relacionarse con la idea de entrar a saquear, es decir, arrasar y cargar lo encontrado en sacos.
En cambio, “a tomar por saco” no significa actuar con fuerza, sino mandar algo lejos, darlo por perdido o expresar rechazo. Una cosa es ir con todo; otra, mandar todo al garete.
Una frase para cuando algo se rompe por dentro
La expresión también se usa mucho cuando un plan fracasa. “Se fue todo a tomar por saco” resume perfectamente esa sensación de ver cómo algo que estaba organizado se deshace de golpe.
Puede ser una relación, un proyecto, una tarde tranquila, una negociación, una dieta o una jornada de trabajo. La frase tiene un punto teatral, pero también muy práctico: en pocas palabras dice que algo ha dejado de funcionar.
Por eso sigue viva. Porque no solo sirve para insultar o mandar lejos a alguien. También sirve para nombrar el momento exacto en el que uno entiende que ya no hay mucho que salvar.
Por qué seguimos usándola
El éxito de “a tomar por saco” está en su equilibrio. Es contundente, pero no siempre brutal. Es vulgar, pero no tanto como otras expresiones. Y es lo bastante flexible como para aplicarse a personas, objetos, planes o situaciones.
Además, tiene una musicalidad muy reconocible. Se dice rápido, descarga tensión y deja claro el mensaje sin necesidad de explicar demasiado.
Quizá por eso ha sobrevivido tan bien en el español coloquial: porque todos hemos tenido alguna vez un día, una conversación o un plan que, sencillamente, se fue a tomar por saco.
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