La psicología explica por qué Haaland cae bien a casi todo el mundo: "Parece de otra época y del futuro a la vez"
El delantero noruego mezcla goles, rareza, humor involuntario y una imagen mucho menos impostada que la de otras estrellas del fútbol

Haaland es uno de los grandes nombres propios del Mundial. / X
Erling Haaland tiene algo que no siempre acompaña a los grandes goleadores: cae bien incluso a muchos que no son de su equipo. Es una máquina de hacer goles, sí, pero no proyecta la imagen fría del futbolista inaccesible ni la del divo obsesionado con su propio personaje. Al contrario: parece un gigante extraño, directo, competitivo y a ratos involuntariamente cómico.
Parte de su simpatía nace precisamente de esa contradicción. En el campo intimida. Fuera de él, descoloca.
Es una estrella que no parece actuar como estrella
Haaland tiene el físico, las cifras y el impacto mediático de una superestrella, pero su manera de expresarse suele ser seca, simple y poco adornada. No necesita grandes discursos. A veces responde con frases cortas, gestos raros o sonrisas incómodas, y eso le da una naturalidad difícil de fabricar.
En una época en la que muchos deportistas viven muy pendientes de su marca personal, Haaland transmite otra cosa: profesionalidad extrema, pero poca pose. Su agente, la brasileña Rafaela Pimienta, ha llegado a definirlo como alguien “hilarante” y, al mismo tiempo, muy serio con su trabajo. Esa mezcla explica buena parte del personaje.
Tiene humor sin parecer que lo busca
Haaland no es gracioso porque cuente chistes, sino porque muchas veces parece no saber que lo está siendo. Sus entrevistas, sus silencios, sus respuestas inesperadas y su forma de celebrar han alimentado durante años una imagen muy viral: la del futbolista que puede meter 50 goles y, aun así, parecer un chico enorme que acaba de decir algo raro sin darse cuenta.
Eso le hace más humano. No es el héroe perfecto ni el villano arrogante. Es una especie de personaje de videojuego con alma de adolescente noruego, y eso conecta muy bien con el público.
Celebra como uno más
El último ejemplo está en el “remo vikingo”, la celebración que han popularizado los jugadores y aficionados de Noruega durante el Mundial. Tras la victoria ante Brasil, miles de noruegos salieron a celebrarlo en Oslo y Haaland se convirtió en el rostro de una fiesta colectiva que fue mucho más allá del fútbol.
La coreografía ha triunfado porque no es una celebración individualista. No es “miradme a mí”, sino “remamos todos juntos”. Haaland, que podría ocupar siempre el centro de la escena, aparece integrado en un ritual de grupo. Eso refuerza su imagen de líder sin necesidad de sobreactuar.

Sara Fernández
No parece avergonzarse de ser raro
Otro motivo por el que cae bien es que no intenta suavizar sus rarezas. Su físico imponente, sus rutinas, sus gestos, su forma de hablar y hasta su manera de mirar a cámara lo convierten en un futbolista muy reconocible. Pero, en lugar de esconderlo, lo ha convertido en parte de su identidad.
Esa autenticidad pesa mucho. Haaland no parece querer gustar a todo el mundo, y quizá por eso acaba gustando más.
Es competitivo, pero no antipático
En el campo es feroz: presiona, choca, protesta, remata, busca el gol con una obsesión casi animal. Pero esa agresividad competitiva no suele traducirse en una imagen antipática fuera del partido. No se le percibe como un provocador permanente ni como alguien que necesite humillar al rival para agrandar su figura.
La victoria de Noruega ante Brasil, con Haaland como gran protagonista goleador, reforzó esa sensación: es decisivo, pero sigue pareciendo parte de una historia colectiva, no el dueño absoluto del relato.
Parece de otra época y del futuro a la vez
Haaland tiene algo antiguo: delantero centro puro, cuerpo enorme, hambre de área, remate, potencia. Pero también tiene algo muy moderno: es meme, icono viral, figura global y personaje fácilmente reconocible en cualquier red social.
Esa combinación es muy poderosa. Los aficionados más clásicos ven en él a un goleador de los de antes. Los jóvenes ven un personaje divertido, compartible y distinto. Y los neutrales encuentran algo que escasea en el fútbol de élite: una estrella que no parece calculada al milímetro.
El secreto: mete goles y no se toma demasiado en serio
Haaland cae bien porque hace lo más difícil del fútbol —marcar goles decisivos— sin envolverlo todo en solemnidad. Puede parecer una bestia competitiva durante 90 minutos y, cinco minutos después, sumarse a una celebración absurda, sonreír raro o soltar una frase seca que se convierte en meme.
Es temible, pero no distante. Es una superestrella, pero no parece empeñada en recordarlo cada segundo. Y en el fútbol actual, eso ya es casi una rareza.
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