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EXPRESIONES

Por qué decimos “matar el gusanillo” cuando solo queremos picar algo

La frase, hoy asociada a calmar el hambre entre horas, arrastra una vieja creencia popular sobre un supuesto “gusano” que roía el estómago en ayunas

Una mujer mata el gusanillo con un aperitivo.

Una mujer mata el gusanillo con un aperitivo. / INFORMACIÓN

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

Alicante

Pocas frases hay más inofensivas que “voy a matar el gusanillo”. La usamos para abrir una bolsa de patatas antes de comer, tomar un pincho a media mañana o picar algo por la tarde sin sentarnos formalmente a la mesa. Pero detrás de esa expresión tan cotidiana hay una historia bastante más extraña: durante mucho tiempo se creyó que ese “gusanillo” podía ser algo casi literal.

La Real Academia Española recoge la locución “matar el gusanillo” con dos sentidos: el más común, saciar momentáneamente el hambre, y otro hoy mucho menos usado, beber aguardiente en ayunas. Esa segunda acepción da una pista importante sobre el origen de la frase.

Un gusano en el estómago

La explicación tradicional parte de una vieja creencia popular: al levantarse en ayunas, el hambre, el cosquilleo o los ruidos del estómago se interpretaban como si hubiera un pequeño gusano royendo por dentro. Para calmarlo —o “matarlo”— se tomaba algo, especialmente un trago de aguardiente o algún alimento.

La expresión aparece ya documentada en textos del siglo XVII con un sentido próximo al actual. La RAE conserva precisamente esa doble lectura: calmar el hambre de forma pasajera y beber aguardiente en ayunas.

Del aguardiente al aperitivo

El paso al significado actual es bastante lógico. Lo que en otro tiempo pudo asociarse a tomar un trago temprano para “matar” ese supuesto animalillo acabó desplazándose hacia cualquier pequeño bocado capaz de engañar al estómago.

Una falsa creencia dio origen a la expresión "matar el gusanillo".

Una falsa creencia dio origen a la expresión "matar el gusanillo". / INFORMACIÓN

Hoy ya nadie piensa en una lombriz interior ni en remedios de aguardiente. “Matar el gusanillo” significa simplemente comer algo ligero para aguantar hasta la comida o la cena. No es saciarse del todo, sino entretener el hambre.

Una expresión que sobrevivió a su propia superstición

Lo interesante del dicho es que ha sobrevivido aunque la creencia que lo explicaba haya desaparecido. El “gusanillo” ya no es una criatura imaginaria dentro del cuerpo, sino una forma simpática de nombrar el apetito pequeño, ese hambre que no exige un plato completo, pero sí unas almendras, una tapa, una fruta o cualquier cosa a mano.

Además, la palabra gusanillo también se usa para hablar de una inquietud o deseo persistente: “tener el gusanillo del teatro”, “el gusanillo de viajar” o “el gusanillo de escribir”. En todos los casos conserva esa idea de algo pequeño que se mueve por dentro y empuja a hacer algo.

Lo que queda del dicho

Como ocurre con muchas expresiones populares, no hay una única partida de nacimiento cerrada y definitiva. Sí hay, en cambio, una explicación bastante asentada: la frase procede de la antigua asociación entre el hambre en ayunas y un supuesto “gusanillo” interior que había que calmar con comida o bebida.

Por eso, cada vez que alguien dice que va a matar el gusanillo, en realidad está usando una expresión con siglos de vida para algo tan moderno y universal como picar entre horas.

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