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CONDUCCIÓN

El reposacabezas no está pensado para reposar la cabeza: la DGT explica su verdadera función

El centro de la pieza debe coincidir aproximadamente con la parte posterior de la cabeza, a la altura de los ojos

Simulación del impacto de la cabeza de un conductor al recibir un impacto trasero el coche.

Simulación del impacto de la cabeza de un conductor al recibir un impacto trasero el coche. / INFORMACIÓN

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

Alicante

Su nombre puede llevar a engaño. El reposacabezas no se diseñó principalmente para que el conductor apoye la cabeza y viaje más cómodo, sino como un elemento de seguridad pasiva destinado a proteger el cuello durante una colisión.

La Dirección General de Tráfico explica que, cuando está bien colocado, limita el movimiento de la cabeza hacia atrás y ayuda a evitar el llamado efecto látigo, especialmente frecuente en los alcances traseros.

Qué ocurre durante un alcance

Cuando un vehículo recibe un impacto por detrás, el asiento impulsa primero el tronco hacia delante, mientras la cabeza puede quedar momentáneamente rezagada. Después se produce un movimiento rápido en sentido contrario.

Esa diferencia entre el desplazamiento del cuerpo y el de la cabeza somete al cuello a una fuerte flexión y extensión. Es lo que se conoce como latigazo cervical, una lesión que puede provocar desde rigidez y dolor hasta daños en ligamentos, discos vertebrales o estructuras neurológicas en los casos más graves. La DGT advierte de que este efecto puede producirse incluso en golpes a velocidades superiores a 10 km/h.

El reposacabezas actúa como una barrera que reduce el recorrido de la cabeza y evita que el cuello soporte por sí solo todo ese movimiento.

La altura correcta puede marcar la diferencia

Para que funcione, no basta con que el coche tenga reposacabezas. Es necesario ajustarlo a la altura de cada ocupante.

El centro de la pieza, que constituye su zona más resistente, debe coincidir aproximadamente con la parte posterior de la cabeza, a la altura de los ojos. Además, la parte superior del reposacabezas debe quedar alineada con la parte alta de la cabeza.

La altura del reposacabezas es fundamental para que haga su "trabajo".

La altura del reposacabezas es fundamental para que haga su "trabajo". / INFORMACIÓN

La distancia también importa. La DGT ha recomendado tradicionalmente mantener la cabeza cerca del dispositivo, con una separación aproximada de cuatro o cinco centímetros, evitando que quede demasiado alejado. Un reposacabezas muy bajo puede convertirse en un punto de apoyo peligroso para el cuello durante el golpe.

No sirve llevarlo a la altura de la nuca

Uno de los errores más habituales consiste en colocarlo demasiado bajo, a la altura del cuello. En esa posición no logra detener correctamente el movimiento de la cabeza y puede aumentar la presión sobre las cervicales.

También pierde eficacia si el respaldo está excesivamente inclinado hacia atrás, porque aumenta la distancia entre la cabeza y el dispositivo. Por eso el ajuste debe realizarse después de colocar correctamente el asiento y el respaldo.

La regulación debe revisarse igualmente en los asientos traseros. El latigazo cervical también puede producirse en esas plazas, aunque los reposacabezas posteriores permanezcan con frecuencia bajados cuando no se utilizan.

Reposacabezas activos y pasivos

Los modelos tradicionales, denominados pasivos, permanecen fijos en la posición seleccionada por el usuario. Los reposacabezas activos, en cambio, pueden desplazarse automáticamente hacia la cabeza cuando detectan un impacto, reduciendo la separación y anticipando la sujeción.

En ambos casos, la finalidad es la misma: evitar que la cabeza y el torso se muevan a velocidades muy diferentes durante el accidente.

Antes de iniciar la marcha conviene dedicar unos segundos a comprobar su posición. Más que un apoyo para descansar, el reposacabezas es un dispositivo preparado para actuar precisamente en el momento en que el cuerpo pierde el control de sus movimientos.

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