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EXPRESIONES

"Apaga y vámonos": la frase que habría nacido de la misa más rápida de la historia

Una antigua historia enfrenta a dos sacerdotes dispuestos a terminar la ceremonia en tiempo récord, aunque el origen del dicho no puede darse por demostrado

Un cura y un monaguillo durante una misa.

Un cura y un monaguillo durante una misa. / INFORMACIÓN

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

Alicante

Cuando una situación alcanza tal grado de absurdo que parece inútil seguir adelante, queda una salida verbal inmediata: "apaga y vámonos". La expresión sirve para cerrar una discusión, abandonar un intento condenado al fracaso o reaccionar ante algo que supera cualquier expectativa, casi siempre para mal.

La Real Academia Española la define como una fórmula coloquial utilizada para dar algo por terminado al considerar que ya no existe una solución posible. No se limita, por tanto, a indicar que una actividad ha concluido: transmite también resignación, incredulidad o hartazgo.

Su supuesto nacimiento, sin embargo, es mucho más pintoresco. La explicación tradicional conduce hasta una iglesia, dos religiosos y una competición por celebrar la misa más breve imaginable.

Dos aspirantes a capellán y una apuesta imposible

El escritor y estudioso del habla popular Luis Montoto y Rautenstrauch recogió la historia en "Un paquete de cartas de modismos, locuciones, frases hechas, frases proverbiales y frases familiares", publicado en 1888. La Biblioteca Nacional de España destaca esta obra entre sus trabajos dedicados a la fraseología y la cultura popular andaluza.

Según el relato atribuido a Montoto, dos sacerdotes aspiraban a una plaza de capellán castrense. Para decidir quién merecía el puesto, se habrían propuesto demostrar cuál era capaz de celebrar la misa en menos tiempo.

Uno de ellos llevó la rapidez al extremo. En lugar de comenzar la ceremonia con la fórmula inicial, pronunció directamente "Ite, missa est", las palabras latinas utilizadas tradicionalmente para despedir a los fieles al final de la celebración.

El rival comprendió que era imposible superar semejante marca. Se volvió entonces hacia el monaguillo encargado de las velas y respondió:

"Apaga y vámonos".

La misa había terminado prácticamente antes de empezar.

Qué significa "Ite, missa est"

La fórmula latina pertenecía al cierre de la misa. La Santa Sede explica que, en su sentido antiguo, equivalía a anunciar que la asamblea había concluido; en la liturgia se convirtió en la despedida de los fieles.

Por eso funciona el chiste: el sacerdote evita toda la ceremonia y salta directamente a las palabras finales. Ante esa maniobra, al segundo solo le quedaría ordenar que apagaran las velas y abandonar el templo.

El propio nombre de la misa se relaciona tradicionalmente con esa fórmula de despedida latina.

Pitres, el pueblo al que se atribuye la historia

Una versión muy extendida sitúa la escena en Pitres, una localidad de la Alpujarra granadina. En ella, los dos protagonistas no aparecen necesariamente como aspirantes a capellanes castrenses, sino como sacerdotes que se retan a comprobar quién termina antes el oficio religioso.

Las variantes modifican algunos detalles, pero conservan la misma estructura: uno comienza por el final y el otro reconoce la derrota con la orden de apagar las velas.

No obstante, la vinculación concreta con Pitres forma parte de la tradición transmitida alrededor del dicho, pues no hay documentos que permitan identificar a los sacerdotes, fechar la supuesta competición o demostrar que el episodio ocurrió realmente.

Una historia brillante, pero no necesariamente verdadera

Que Montoto recogiera la anécdota en el siglo XIX demuestra que el relato circulaba o era conocido entonces, pero no certifica que ese fuera el nacimiento real de la expresión.

Las explicaciones de frases hechas suelen adoptar la forma de pequeñas narraciones perfectamente construidas para justificar cada palabra. En este caso aparecen las velas, el monaguillo, la despedida litúrgica y una razón inmediata para marcharse. Todo encaja con tanta precisión que también podría tratarse de una historia inventada posteriormente para explicar un dicho ya existente.

Cómo pasó de la iglesia a la conversación diaria

En su significado literal, "apaga y vámonos" podía ser una orden perfectamente lógica: apagar lámparas, velas o luces antes de cerrar un lugar.

El uso figurado conserva esa idea de final definitivo. Cuando algo ya no tiene arreglo, se apaga lo que queda encendido y se abandona el escenario.

Una situación de "apaga y vámonos" literal.

Una situación de "apaga y vámonos" literal. / INFORMACIÓN

Actualmente puede expresar varios matices:

  • "Si también han perdido los documentos originales, apaga y vámonos".
  • "Como suban otra vez los precios, apaga y vámonos".
  • "El portero se lesionó y después expulsaron al delantero: apaga y vámonos".

En todos los casos aparece la misma sensación: lo sucedido es tan grave, disparatado o decepcionante que continuar carece de sentido.

No siempre significa rendirse de verdad

La expresión suele ser exagerada. Quien la utiliza no necesariamente abandona el lugar ni da por terminado el asunto. Muchas veces funciona como comentario irónico ante una nueva complicación.

También puede transmitir sorpresa ante algo difícil de superar:

  • "Si este es el plato entrante, apaga y vámonos".

Aquí no existe un problema sin solución. La frase intensifica la admiración y sugiere que nada posterior podrá estar a la misma altura.

El tono y el contexto determinan si expresa resignación, indignación, burla o entusiasmo.

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