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LENGUAJE NO VERBAL

La psicología explica que las personas que no saben qué hacer con las manos al hablar suelen estar gestionando nervios, autoconsciencia o exceso de atención sobre su propia imagen

Tocarse la cara, mover los dedos o esconder las manos puede ser una forma de regular nervios, pero los gestos también ayudan a pensar y comunicarse mejor

Una mujer se dirige a un hombre enfatizando su discurso con las manos.

Una mujer se dirige a un hombre enfatizando su discurso con las manos. / INFORMACIÓN

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

Alicante

De pronto estás hablando con alguien, notas que te miran y aparece la pregunta absurda: ¿qué hago con las manos? Las cruzas, las metes en los bolsillos, coges el móvil, juegas con un anillo o empiezas a moverlas demasiado. Cuanto más intentas parecer natural, menos natural te sientes.

La psicología suele relacionar estos movimientos con la autoconsciencia, los nervios o la sensación de estar siendo evaluado. En comunicación no verbal se conocen como adaptadores: gestos como tocarse la cara, frotarse las manos, rascarse, manipular objetos o mover los dedos sin un objetivo claro. Algunos estudios los vinculan con estados emocionales negativos o tensión interna, aunque su interpretación no siempre es sencilla.

Cuando las manos delatan que estás intentando controlarte

No saber dónde poner las manos no significa necesariamente inseguridad profunda. Puede ocurrir en una entrevista, una cita, una presentación o una conversación incómoda. El cuerpo busca una salida pequeña para descargar tensión.

El presidente estadounidense, Donald Trump, gesticula mientras responde a una pregunta de los medios de comunicación durante una rueda de prensa sobre Irán desde la Casa Blanca.

El presidente estadounidense, Donald Trump, gesticula mientras responde a una pregunta de los medios de comunicación durante una rueda de prensa sobre Irán desde la Casa Blanca. / JIM LO SCALZO / EFE

Por eso muchas personas agarran un vaso, un bolígrafo o el móvil: no es solo manía, es una manera de tener una “tarea” para las manos mientras la cabeza se ocupa de hablar.

Pero gesticular también ayuda a pensar

La parte interesante es que mover las manos no es un error. Los gestos forman parte del lenguaje y ayudan a ordenar ideas, reforzar lo que decimos y hacer más comprensible el mensaje. La investigación sobre gesto y cognición muestra que gesticular cumple funciones comunicativas y también cognitivas: ayuda a organizar el habla, aprender, recordar y resolver problemas.

El problema aparece cuando dejamos de usarlas de forma espontánea y empezamos a vigilarlas. Entonces el gesto se vuelve torpe, exagerado o rígido.

La trampa de sentirse observado

Cuanta más atención ponemos en parecer naturales, más difícil se vuelve conseguirlo. Es parecido a caminar “raro” cuando te haces consciente de cómo caminas. El cuerpo sabe hacerlo solo, pero la mente se mete por medio.

Por eso, en vez de esconder las manos, suele funcionar mejor dejar que acompañen el discurso de forma sencilla: apoyarlas suavemente, usarlas para marcar ideas o sujetar algo sin convertirlo en un escudo.

No saber qué hacer con las manos no te hace raro. Más bien recuerda algo bastante humano: cuando sentimos que nos miran, hasta los gestos más automáticos pueden volverse sospechosos.

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