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No bajes más el mando: este puede ser el motivo por el que tu aire acondicionado no enfría

Limpiar ciertas partes del aparato cada pocas semanas ayuda a mejorar el flujo de aire, evitar malos olores y reducir el esfuerzo del equipo durante los días de más calor

No bajes más el mando: este puede ser el motivo por el que tu aire acondicionado no enfría

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El aire acondicionado se ha convertido en uno de los aparatos imprescindibles del verano en muchas viviendas. Cuando las temperaturas suben, especialmente en zonas donde el calor se mantiene también por la noche, el equipo pasa horas encendido para intentar mantener la casa fresca. Sin embargo, no siempre enfría como debería y muchas veces el problema no está en la potencia del aparato, sino en el mantenimiento.

La escena es habitual: el aire está puesto, el mando marca una temperatura baja, pero la habitación tarda demasiado en enfriarse. A veces, además, aparece un olor extraño al encenderlo, el aparato hace más ruido de lo normal o parece que el caudal de aire sale con menos fuerza. Antes de pensar en una avería importante, los instaladores suelen recomendar revisar una parte básica del sistema: los filtros.

Limpiar los filtros

Los filtros del aire acondicionado son unas rejillas finas, situadas normalmente detrás de la tapa frontal de la unidad interior, que se encargan de retener polvo, suciedad, polen y otras partículas presentes en el ambiente. Su función es sencilla, pero fundamental: permitir que el aire circule limpio y sin obstáculos. Cuando están en buen estado, el aparato trabaja con más facilidad; cuando están sucios, todo el sistema empieza a sufrir.

El problema es que, con el uso intensivo del verano, los filtros se cargan rápidamente. Si se obstruyen, el aire tiene más dificultades para pasar y el equipo necesita hacer un esfuerzo mayor para enfriar la estancia. Eso puede traducirse en más consumo eléctrico, menor rendimiento, más desgaste y una sensación de que el aparato ya no enfría como antes. Además, un filtro muy sucio puede afectar a la calidad del aire interior, favorecer malos olores, aumentar el ruido, reducir el flujo de aire e incluso contribuir a que la unidad se congele en determinados casos.

Consejo

La recomendación práctica es limpiarlos cada uno o dos meses durante la temporada de mayor uso. En una vivienda donde el aire acondicionado se utiliza a diario durante julio y agosto, esperar hasta el final del verano puede ser demasiado. Si el aparato solo se usa de forma puntual, al menos conviene hacer una limpieza antes de empezar la temporada y otra al terminarla. Es un gesto sencillo que ayuda a mantener la eficiencia del equipo y evita que el polvo acumulado vuelva a circular por la habitación cada vez que se enciende.

Cómo limpiar los filtros

El proceso no tiene complicación, pero hay que hacerlo con seguridad. Lo primero es desconectar el aparato de la corriente eléctrica. Después, se levanta la tapa delantera de la unidad interior, donde suelen estar colocados los filtros. Hay que retirarlos con cuidado, sin forzar las piezas, y eliminar primero la suciedad más visible con un trapo suave. A continuación, se lavan con agua fría, sin jabones agresivos ni productos químicos. La clave está en no volver a colocarlos húmedos: deben secarse completamente, siempre a la sombra, antes de introducirlos de nuevo y cerrar la tapa. Solo entonces se puede conectar otra vez la corriente.

Este pequeño mantenimiento no sustituye una revisión profesional si el equipo hace ruidos raros, pierde agua, no enfría nada o muestra errores en la pantalla. Pero sí es una de las tareas más útiles para alargar la vida del aparato y mejorar su rendimiento diario. Los instaladores insisten en que muchas incidencias empiezan por algo tan simple como un filtro olvidado durante meses. Por eso, antes de bajar más grados en el mando o pensar que el aire acondicionado se ha quedado corto, conviene abrir la tapa y comprobar cómo están sus “pulmones”. Limpiarlos a tiempo puede ayudar a enfriar mejor, respirar un aire más limpio y gastar menos electricidad en plena ola de calor.

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