La mujer de 45 años detenida el pasado lunes junto a su cuidador por, presuntamente, matar a puñaladas a su marido en un aparcamiento en Alicante ha pasado esta mañana a disposición judicial. Cochi ha llegado esta mañana a los juzgados y tras afirmar que no podía caminar ha sido trasladada en volandas por dos agentes de la Policía Nacional. Poco después, otro vehículo policial llegaba con su cuidador. Ambos se acogieron ayer a su derecho a no declarar.

Mientras, los vecinos de Sax viven con estupor e incredulidad la noticia de la detención de Conchi M., de 45 años, y de su cuidador Francisco P., de 58, por el homicidio del jubilado de 69 años con el que ella había contraído matrimonio dos semanas atrás en el Juzgado de Paz.

Conchi y Francisco ocultaron a la víctima que ambos mantenían una relación sentimental desde hacía más de un año y que tenían planes de boda. De hecho, según ha podido averiguar este diario, él se mostraba muy ilusionado con su nueva pareja -está separado y tiene un hijo- y llegó a comentar varias veces en su entorno más cercano que se iban a casar muy pronto. Ella siempre salía a la calle en silla de ruedas y él cuidaba de ella. Ella siempre salía a la calle en silla de ruedas y él cuidaba de ellaUna tarea que alternaba con pequeños arreglos de albañilería, fontanería y electricidad en domicilios particulares que realizaba por cuenta propia. Y hasta que ambos se conocieron, muy probablemente en Sax, Francisco Pérez había residido durante los últimos ocho años en una casa de campo situada en la carretera comarcal que une las localidades de Sax y Salinas.

Llevaban una vida muy discreta y apenas son conocidos en Sax porque procedían de otros municipios y comenzaron a vivir, hace poco más de un año, en un inmueble del barrio Hispanoamérica construido hace 45 años donde solo hay cuatro pisos. Según han relatado los vecinos consultados por este diario, la pareja no se relacionaba ni en el barrio ni en el edificio donde residía. Pasaban completamente inadvertidos y se ausentaban largas temporadas.

Nadie sabía nada del pasado de Conchi, de su familia ni de su procedencia. Solo se la veía junto a su pareja y a la vez cuidador cuando ambos acudían a un bar cercano para tomar unas cañas. En el conocido establecimiento de la avenida Historiador Bernardo Herrero, que permanece cerrado desde el 10 de agosto por vacaciones, pasaban los dos largas horas antes de regresar a casa mostrando su faceta más social.

Reacciones al crimen en Alicante

«Me he quedado de piedra esta mañana -por ayer- cuando he visto la noticia en el periódico INFORMACIÓN. He tenido que leerla dos veces y mirar la foto de ella otras tantas para poder asimilar lo que ha ocurrido», indicó Mari Ángeles Herrero, la propietaria de la panadería «El Alhorín», a la que Francisco acudía a diario a comprar el pan. «La verdad es que él estaba muy entusiasmado con ella, decía que se había encontrado con el amor de su vida y que se iban a casar. Pero, por su forma de ser y actuar, todavía no puedo creerme que haya podido hacer algo así. Me he quedado de piedra. Es increíble», repetía sin salir de su asombro.

En el número 1 de la calle Argentina, donde ambos vivían, figura en el buzón del primero izquierda los nombres de los detenidos escritos a bolígrafo. Sus vecinos también se quedaron «de plástico» tras conocer que están detenidos por el crimen. No sabían ni que ella se había casado el pasado 4 de agosto y algunos de ellos se enteraron del homicidio en la misma mañana del miércoles, después de que los agentes de la Policía Local acudieran al inmueble para recabar información y comprobar que no había nadie en la vivienda.

La última vez que vieron a la pareja fue sobre las doce del mediodía del pasado viernes cuando Conchi y Francisco se marcharon en una furgoneta que llevaba enganchada una pequeña caravana. «No hablaban con nadie, se mostraban muy cortantes, siempre estaban metidos en el piso y llevaban una vida muy reservada. Al principio se quejaron de los ruidos que hacían los vecinos del edificio colindante, pero luego se negaron a pagar la luz de la escalera y a contribuir con el resto de gastos de la comunidad», explicaban ayer los propietarios.

Compra de una vivienda

El piso de la pareja fue de una ciudadana británica que se marchó al embargarlo el banco por no poder hacer frente a la hipoteca. Al parecer Conchi formalizó la compra de la vivienda pagándola al contado y, aunque ella no trabajaba ni su pareja tenía un trabajo estable, llevaban una vida sencilla pero acomodada.