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La fiesta preboda que acabó en "simpa"

Condenado en Vigo por dejar sin pagar una cena con casi 30 invitados en un restaurante

La fiesta preboda que acabó en "simpa"

La fiesta preboda que acabó en "simpa"

Un restaurante en un entorno privilegiado frente al mar. Allí tuvo lugar la noche del 20 de julio de 2018 una cena que reunió a casi una treintena de personas que tenían un buen motivo de celebración: el anfitrión estaba a punto de casarse. Pero tan especial evento preboda acabó en un "simpa". Y ahora, casi dos años después, en condena. Porque este vecino de Vigo de 40 años ha sido sentenciado a seis meses de prisión como autor de un delito de estafa por irse del establecimiento sin abonar los 816 euros que le restaban por entregar del convite y que en virtud de esta resolución ya firme debe pagar al local: solo aportó los 223 euros que había entregado como adelanto cuando contrató la cena.

Ocurrió en el restaurante Marina Cíes Beach Club de Samil. La sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal número 1 de Vigo -con fecha del pasado 28 de febrero pero que adquirió firmeza este mes de junio- ve acreditado que el acusado, "con ánimo de beneficiarse, no habiendo tenido en ningún momento intención alguna de satisfacer el importe de los gastos que iba a realizar", acordó una cena para 29 personas. Era una celebración previa a la boda que, en ese caso, tuvo como escenario el parador de Baiona. Sí abonó una cuantía en concepto de entrega a cuenta, pero del resto no pagó nada. Una conducta que para la jueza es constitutiva del delito de estafa que se recoge en el artículo 248 del Código Penal: actuó con "engaño bastante" y con evidente "propósito de lucro".

El autor de este "simpa" , que se presentó como inversor de bolsa, defendió su inocencia en el juicio. Reconoció que había encargado el evento y que éste se celebró, pero que abonó "la totalidad" de la factura. Pero para la magistrada su versión autoexculpatoria es "absolutamente inverosímil". Este hombre defendió concretamente que entregó esos algo más de 800 euros el mismo día de la celebración, antes de la cena, "a alguien que estaba detrás de la barra". Que disponía de una situación económica lo suficientemente "holgada" como para no ir dejando deudas. Pero, cuando en dicho interrogatorio le pidieron más concreción sobre la forma de pago, no supo precisar ni quién era la persona a la que había entregado el dinero -ni siquiera si era "camarero o camarera"- ni recordaba si le habían entregado algún ticket. En todo caso, dijo, ya no conservaba dicha factura.

La jueza señala que es "difícilmente creíble" que alguien abone semejante cantidad sin pedir la factura. Pero, más allá de esto, tampoco ve probado dicho método de pago, ya que, como manifestó un responsable del establecimiento en la vista, en eventos de estas circunstancias ningún camarero está "habilitado" para cobrar. Es en la oficina donde se gestiona. El restaurante, tras sufrir el "simpa", intentó contactar con el deudor a través de correos electrónicos y llamándolo por teléfono. En esos contactos telefónicos al principio les dijo "que pagaría después de la luna de miel". Pero en una segunda ocasión la respuesta ya fue diferente, recoge el fallo: les trasladó es que esa deuda ya no existía, que había pagado su padre el mismo día de la cena.

"Simpas" como este no son muy frecuentes, pero de vez en cuanto los restaurantes se enfrentan a personas que se las ingenian para comer y beber gratis. Algunas son "verdaderas profesionales". En el mismo local de Samil recuerdan otro caso del que ya no pudieron presentar denuncia al carecer de cualquier dato para identificar a los autores. Se trataba de una pareja con varios chavales. Y se dieron un verdadero homenaje: disfrutaron de unos cócteles en la zona de hamacas, después comieron con un buen vino y siguieron por la tarde con más copas y champán. La cuenta ascendía a casi 1.000 euros. "Todo estuvo fenomenal, mañana volveremos; ya le hemos pagado a tu compañero", le dijeron a un camarero a modo de despedida. Así, tranquilamente, se fueron. Y no, ni volvieron ni le habían abonado el festín a nadie.

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