Suscríbete desde 3,99€/mes

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Contracrónica

Pues quizá no todo vale

Para ver este vídeo suscríbete a Información o inicia sesión si ya eres suscriptor.

Una policía fuera de servicio y armada solo con el móvil y su placa se juega la vida al percatarse de que dos personas están golpeando a otra y, gracias a su arrojo, logra detener a los agresores cuando se encontraban sobre el cuerpo ensangrentado y ya sin vida de la víctima.

Ningún interés se le presupone en adulterar el relato de lo que vio y vivió a una funcionaria pública con tres décadas de servicio a sus espaldas que de nada conocía a los arrestados y cuyo único objetivo cuando salió de casa aquella tarde de agosto de 2018 era dar un paseo, no contribuir al esclarecimiento de un crimen que, sin su oportuna intervención, quizá hubiera sido complicado resolver.

Que una policía se la jugó armada con un móvil y su placa son hechos. Algunas preguntas de las defensas, el bochorno

decoration

Esto son los hechos puros y duros y el bochorno, lo que se vivió ayer en la sala de vistas donde se está juzgando el asesinato. Ocurrió cuando las defensas de los dos acusados intentaron restar credibilidad al testimonio de la agente del Cuerpo Nacional de Policía con preguntas de baja estofa y menor recorrido. Cuestiones que, sin la más mínima empatía con la situación de riesgo real al que se enfrentó esta mujer, lanzaron los letrados acerca de la medalla al mérito policial que le reportó su hazaña o las entrevistas que concedió para relatarla. «Hice lo que el gabinete de Prensa de la Comisaría me dijo que hiciera», se justificó la agente, pese a que ninguna necesidad tenía de dar explicaciones, segundos antes de que el magistrado Merlos, presidente de jurado, tuviera que mediar para poner coto a tales desmanes.

Me preguntaba ayer en este mismo lugar si el derecho de defensa lo justifica todo. Queda claro que no. Concepción Martín y Francisco Pérez tienen todo el derecho que les confiere la ley a ser defendidos de la acusación de haber asesinado a su marido y a su amigo respectivamente. Nada que objetar. Faltaría más. Pero seguro que ese derecho se puede ejercitar sin traspasar unas líneas rojas que, máxime en un proceso con jurado popular, deberían estar prohibidas. Por no confundir y por pura ética.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats