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El acusado del asesinato de la Zona Norte: «Por mis muertos que no he hecho nada»

Las acusaciones concluyen que todas las pruebas acreditan que el encausado es el autor del asesinato, mientras la defensa asegura que condenarle por testigos de referencia «sería venganza, no Justicia»

El acusado del crimen de la Zona Norte es conducido por la Policía hasta la sala de vistas, en una imagen tomada ayer. | HÉCTOR FUENTES

Tan convencidas están las acusaciones de la culpabilidad del acusado del crimen de Mil Viviendas que se ha estado juzgando a lo largo de esta semana en la Audiencia de Alicante como segura se mostró la defensa de la inocencia de su cliente en un potente alegato final ante los miembros del jurado. Para el fiscal y los abogados de la madre y la viuda de la víctima no hay la más mínima duda de que el único sospechoso de matar de cinco disparos a un joven de 27 años en noviembre de 2018 en Alicante es culpable y así lo acreditan las pruebas vistas en el juicio, que hoy podría concluir si el tribunal popular llega a un acuerdo para emitir un veredicto.

La acusación púbica sostuvo en su informe que los testigos que inicialmente señalaron ante la Policía a José J.E. como autor del asesinato y luego se retractaron no han dicho la verdad y han aportado una versión de los hechos dirigida a intentar exculpar al procesado. El representante de la Fiscalía recordó una de las intervenciones telefónicas grabadas al acusado cuando ya estaba en prisión, en la cual admite que el cambio de versión del testigo que le incriminó inicialmente «me ha costado 15.000 euros» y que en tres meses lo iba a recuperar captando clientes para venderles droga.

El fiscal rechazo que los agentes del caso hayan construido pruebas falsas contra el procesado y calificó de «impecable y profesional» la investigación de la Policía en un barrio, las antiguas Mil Viviendas, donde «rige la ley del silencio y el que habla queda marcado como chivato».

Sobre el testigo que inicialmente culpó al acusado y luego se retractó para decir que no vio nada, el acusador resaltó que en su primera declaración ante la Policía, dos días después del crimen, relató, sin presión alguna, que el día de los hechos estaba con el acusado, otro varón y con la víctima, quien retó al acusado, que subió a su casa, bajó con una pistola y le disparó seis veces, impactando cinco de ellos en el cuerpo de Cristian. Un sexto le pasó rozando al testigo, según confesó en los días posteriores al asesinato.

«Totalmente imputable»

Hasta el propio acusado, en una conversación con dos agentes tras entregarse, admitió que había sido el autor del crimen y que la pistola la arrojaron desmontada a las lagunas de Rabasa, afirmó el fiscal.

El fiscal aseveró que el acusado es «totalmente imputable» y que concurre la agravante de alevosía. Indicó al jurado popular que para decidir si estiman esta circunstancia deben valorar en su veredicto si la víctima se pudo defender y evitar que le mataran de tres disparos en la cabeza, uno en el hombro y otro en el pecho. Antes de concluir su informe destacó que la víctima estaba intentando rehacer su vida, trabajaba para la Diputación y «tenía dos niñas que no van a conocer a su padre». Un relato en línea con el de las dos acusaciones particulares.

La defensa, por su parte, peleó por inculcar en los miembros del jurado la sombra de la duda y reiteró como una mantra el mensaje de que no hay pruebas ni testigos directos que incriminen a su cliente y que con esos mimbres no se puede desvirtuar la presunción de inocencia, por lo que condenarle «sería venganza, no Justicia» afirmó.

El letrado Miguel Ángel Cánovas criticó con dureza la actuación policial («en un homicidio, ante la presión mediática, se tiene que sacar de donde no hay», dijo), se refirió en reiteradas ocasiones al caso Wanninkhof como el ejemplo de una inocente condenada que no puede volver a ocurrir, y pidió al jurado que no se dejen influir por los antecedentes de su cliente «porque en las Mil Viviendas todo el mundo vende droga y tiene armas».

Sobre el pinchazo telefónico en el que el acusado afirmaba que había matado «al payo», el letrado lo atribuyó a una brabuconada para hacerse respetar en la cárcel. Y lo entregarse en comisaría y confesarse autor, «fue porque quería volver a casa», precisó.

Frente a las más de dos décadas de prisión que piden las acusaciones, Cánovas planteó la absolución y, como alternativa en caso de que fuera declarado culpable, que se tenga en cuenta que «lleva consumiendo drogas desde que le salieron los dientes». E insistió: «No carguen con el peso de su conciencia de meter a un inocente en la cárcel. Por muchos antecedentes que tenga, no lo ha hecho».

La última palabra «Por mis muertos que no he hecho nada»

El acusado de asesinar a un joven de seis disparos hizo uso de su derecho a la última palabra al final del juicio. «Por mis muertos que no he hecho nada, y ustedes saben lo importantes que son los muertos para los gitanos», dijo entre sollozos dirigiéndose a los miembros del jurado. Y añadió: «Tengo un hijo de 6 años del que no quiero perderme su adolescencia cuando no he hecho nada». La víctima tenía dos.

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