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En Asturias

El crimen de La Peñona y la desconocida motivación de la muerte de cuatro niños

María Jesús Jiménez vive oculta desde que salió de prisión tras ser condenada por arrojar al mar a sus hijos de 8, 7, 5 años y 11 meses

Una pareja en el mirador de La Peñona, en una imagen de archivo.

Jesús, de 8 años, Joaquín, de 7, Azucena de 5 y María Elena, de 11 meses. Hoy hace 30 años que los cuatro niños cayeron al mar en La Peñona (Salinas) y nadie sabe todavía a ciencia cierta qué ocurrió aquella noche. Solo su madre, María Jesús Jiménez, que fue condenada por otros tantos delitos de parricidio, pero cuyas versiones fueron contradictorias. Su vida, su historia, y la de sus hijos, son un cúmulo de desdichas, violencia, pobreza rayando en la miseria y miedo, en el que jugaba un papel crítico su marido y padre de los pequeños, José Antonio Leiva, conocido como “el rata” y muerto en agosto de 2014 a manos de su compañero de cabaña.

“Todavía a día de hoy no sabría decir si fue María Jesús la culpable de la muerte de los niños”, asegura tres décadas después Guillermo Fernández Blanco, el letrado que se encargó de la defensa de esta mujer, que entonces tenía 29 años y vivía con sus hijos en una chabola en Pinos Altos, en San Martín de Laspra.

Según la primera versión ofrecida por María Jesús Jiménez, había salido a dar un paseo con los niños hasta la zona de La Peñona. Eran aproximadamente las ocho y media de una lluviosa noche del 26 noviembre de 1991. Una vez allí, los pequeños estaban jugando y resbalaron, precipitándose al mar. Ella intentó agarrarlos, y entonces la más pequeña se le cayó de los brazos.

La mujer se presentó unas dos horas después en el cuartel de la Guardia Civil de Salinas y contó lo sucedido, activándose de inmediato un operativo de búsqueda. Poco antes de las dos y media de la madrugada, se le comunicó a María Jesús que había aparecido el cuerpo de Azucena, su hija de 5 años.

La búsqueda de los otros tres pequeños continuó infructuosa durante varios días. El magistrado Julio García Lagares, instructor del caso, ordenó el ingreso de la madre en el servicio de Psiquiatría del antiguo Hospital de Caridad de Avilés, y posteriormente en la cárcel de Oviedo. Las investigaciones también continuaron, y poco o nada parecía tener sentido. Por ejemplo, la zona donde los pequeños cayeron al mar estaba en obras y era un barrizal. Pero María Jesús no tenía ni una gota de barro en su calzado ni en su ropa cuando se presentó en el cuartel de la Guardia Civil. También su actitud resultaba extraña, aunque fue la misma que mostró durante todo el proceso.

Fue días después de ingresar en prisión cuando contó que el padre de los niños, “el rata”, estaba en el lugar de los hechos. Explicó que habían mantenido una discusión, y que huyeron de él porque les tiraba piedras. Fue entonces cuando los pequeños cayeron al agua, ella intentó socorrerles y entonces el bebé se le escurrió en los brazos.

Su abogado, Guillermo Fernández Blanco, asegura que con él “nunca cambió la versión. Siempre le echó la culpa al padre de los niños”. El letrado asegura que mantuvo una buena relación con María Jesús Jiménez, aunque sufría un “evidente retraso mental y eso dificultaba a veces las cosas, porque no se expresaba muy bien y era muy retraída”.

La mujer ingresó en prisión, y ese mismo mes de diciembre, justo antes de Navidad, la mar empujó el cuerdo de su hijo Joaquín a la orilla de la playa de Salinas, junto al muro del balneario. También de madrugada. Nunca se hallaron los cuerpos de Jesús ni de María Elena.

María Jesús fue condenada por la Audiencia Provincial de Oviedo a 24 años de prisión, que se redujeron a 18 al aplicarle la eximente de enajenación mental transitoria. Finalmente cumpliría 9, porque el Tribunal Supremo le concedió un indulto parcial. En octubre de 2001 le concedieron la libertad condicional, y se opuso a que la excarcelaran. En prisión había encontrado la libertad, había aprendido a coser y a hacer manualidades, que le encantaban.

“Nunca he vuelto a saber de ella”, lamenta el que fue su abogado. “Me enfadé con la condena, me pareció todo muy extraño, no entendí nada. Pero con el paso del tiempo, creo que al final todo salió bien, exceptuando el terrible final de los niños, claro”.

María Jesús Jiménez vive oculta de sus familiares y antes también de su marido, al que temía. Treinta años después, solo ella tiene en su cabeza qué ocurrió aquella terrible noche del 26 de noviembre de 1991.

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