Juicio

La Audiencia de València condena a 23 años y medio de cárcel a la joven que mató a su madre y convivió casi cinco meses con su cadáver

El magistrado impone 20 años y un día por el asesinato y tres años y medio por el robo con violencia, y obliga a Tereza H. A. a indemnizar con casi 85.000 euros más los intereses a su hermano mayor

La pena es fruto del acuerdo de la defensa con la fiscal y la acusación pública, alcanzado después de que la acusada admitiera el crimen en el juicio

Arranca el juicio contra Teri: la joven valenciana que degolló a su madre y convivió junto al cadáver en pandemia

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El magistrado presidente del tribunal popular que enjuició a partir del pasado 3 de junio a Marya Tereza H. A., la joven que junto a su novio, de 17 años en el momento del crimen, asesinó el 1 de abril de 2020 a la madre de ella, Anna Todorova Andonova, en su piso de l’Alcúdia de Crespins para robarle y pagar una deuda de 20 euros que el joven tenía con su camello por un puñado de marihuana, ha condenado a una pena global de 23 años y medio de cárcel a la autora confesa del crimen.

Es la pena que ya habían pactado pacientemente las dos abogadas de Tereza, las penalistas Isabel Carricondo y Laura Muñoz, con la fiscal, Elena Navarro, y el abogado de la acusación particular que ejerce el letrado Rafael Borja Boscá en nombre del hermano mayor de la condenada durante meses, y que fue posible gracias a que la acusada, que ahora tiene 22 años, pero que tenía solo 18 cuando degolló a su madre, reconoció ante el jurado los hechos en los términos exigidos por la Fiscalía para poder materializar la conformidad. En todo caso, se trata del acuerdo más favorable posible para Tereza, que ve así cómo la condena se le reduce en seis años y medio de cárcel.

Alevosía, ensañamiento y parentesco

Así, de los 30 años que le pedía la Fiscalía -25 por el asesinato y 5 más por el robo con violencia en casa habitada- se queda en 23 años y medio. El magistrado explica en la sentencia, hecha pública este miércoles y que es firme y no admite recursos precisamente porque la inculpada se ha conformado, que en la muerte de Anna Todorova concurrieron, como dejó claro el jurado en su veredicto, las circunstancias de alevosía, por actuar sin permitir a la víctima defenderse (los primeros golpes y cuchilladas los recibió cuando dormía en el sofá), y ensañamiento, por aumentar deliberadamente su dolor (hubo golpes con una mancuerna, le echaron amoniaco en la cara y la acuchillaron en dos tiempos; tardó varios minutos en morir), además de parentesco, ya que era su madre.

En cuanto al robo con violencia en casa habitada, el juez considera que es factible reducir la pena mínima que establece el Código Penal para ese delito con las circunstancias que se dieron en este caso, que es la de cuatro años, siete meses y quince días, y dejarlo en los tres y medio pactados porque el delito se produjo "en concurso medial" con el asesinato. Es decir, que la muerte fue un instrumento para conseguir la tarjeta de la víctima y su dinero, que era el objetivo final de Tereza y de su novio, quien sigue cumpliendo los siete años de internamiento en un centro de menores que se le impuso tras el juicio en Menores en marzo de 2023.

Deberá pagar a su hermano

Precisamente gracias a ese acuerdo, el juicio se celebró practicando la mínima prueba necesaria en apenas dos días. El primer día, declararon Tereza y su hermano mayor, a quien deberá indemnizar con 84.978,67 euros, mientras que en la segunda sesión lo hicieron los forenses del Instituto de Medicina Legal (IML) de València que realizaron la autopsia del cadáver y los agentes de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Xàtiva que llevaron la investigación.

Tras los informes de las partes, los miembros del jurado popular se retiraron a deliberar con el objeto del veredicto, relativamente sencillo al estar todas las partes de acuerdo sobre la responsabilidad penal de la acusada, gracias a que, efectivamente, reconoció el primer día del juicio los hechos, tal como los confesó la primera vez ante la jueza en febrero de 2023, versión que adelantó en exclusiva Levante-EMV en enero pasado.

El novio ya fue condenado en Menores

En esta ocasión, el exnovio, que continúa cumpliendo la pena de siete años de internamiento que le impuso en marzo de 2023 el juez de Menores porque, cuando cometió el crimen, el acusado aún tenía 17 años, iba a comparecer como testigo. Tal como ha venido informando este diario, el coautor del asesinato de Anna alcanzó la mayoría de edad (con la que hoy se enfrentaría a una pena similar a la de Marya Tereza) a mediados de mayo de 2020, apenas un mes y medio después de los hechos. De hecho, cuando fue detenido ya tenía los 18 años de edad e incluso pasó unos meses en la cárcel de adultos, en Picassent, hasta que la jueza ordenó su traslado a un centro de menores.

En pleno uso de sus facultades mentales

En el caso de Marya Tereza, tanto la fiscal como el letrado que ejerce la acusación particular en nombre del hijo de la víctima y hermano mayor de la acusada pedían la máxima pena por asesinato: 25 años. La razón es que hay una agravante, la de parentesco, y no existe ninguna circunstancia atenuante, dado que cuando ambos actuaron lo hicieron en pleno uso de sus facultades mentales.

De hecho, el informe psiquiátrico de imputabilidad, realizado por dos forenses del departamento de Psiquiatría del Instituto de Medicina Legal (IML) de València, dejaron claro que Marya Tereza conserva intactas todas sus capacidades mentales, tanto de conocimiento como de voluntad.

Extrema crueldad

El asesinato, del que Levante-EMV informó en exclusiva en agosto de 2020, cuando se produjeron las detenciones, se había producido mucho antes, más de cuatro meses antes, para ser exactos. Marya Tereza y su novio K. T. S.: habían acordado previamente, a finales de marzo acabar con la vida de Anna.

Los motivos eran una mezcla que ni ellos supieron diseccionar cuando los detuvo la Guardia Civil y tampoco más tarde, en los respectivos juzgados. Aun así, no hubo un motivo único, sino un cóctel de razones en las que se refugiaron en sus declaraciones, que van desde las riñas cada vez más frecuentes entre madre e hija, porque la segunda no veía con buenos ojos al novio de Tereza, a la negativa de la víctima a seguir dándole dinero a su hija que no trabajaba y se gastaba lo que le daba en comprar y fumar marihuana con K. T. S.

De hecho, han argumentado durante todo el procedimiento que el principal motivo era obtener dinero para pagar una deuda con el camello de K. T. S., una cantidad que han ido variando en sus declaraciones entre 110 euros (al principio) y 20 euros en las últimas comparecencias.

Teri, en una foto que se tomó con su entonces novio y también condenado por el crimen, después del asesinato.

Teri, en una foto que se tomó con su entonces novio y también condenado por el crimen, después del asesinato. / / LEVANTE-EMV

Un crimen en dos tiempos

Así las cosas, el 1 de abril, cuando España entera llevaba dos semanas confinada por un virus al que entonces nadie conocía, K. T. S., tras varias conversaciones por Whatsapp e Instagram acordando el asesinato de Anna, se presentó en casa de su novia entre las 13.00 y las 15.00 horas, con un cuchillo de cocina cogido de su domicilio (vivía con sus padres) y una barra de pan para justificar su presencia en la calle si le paraba la policía (comprar pan era una de las pocas excepciones a las restricciones de la movilidad impuestas para frenar la covid-19).

Marya Tereza le abrió la puerta y él se fue a la cocina, cogió una botella de amoniaco y se dirigió al salón de la casa, donde Anna dormía en el sofá. Primero le arrojó el líquido corrosivo a la cara y, cuando la mujer se despertó aturdida, la golpeó en la cabeza con unas mancuernas de su novia y después le clavó dos veces el cuchillo en el pecho.

"Lo último que me dijo fue 'tengo frío'"

La víctima se levantó tambaleándose y cayó malherida en el pasillo. Según las acusaciones, K. T. S. la siguió hasta ese lugar y la golpeó de nuevo en la cabeza con la parte roma de un cuchillo jamonero. Estando en esa situación, recogen las acusaciones que fue su hija quien se colocó junto a la mujer, aún agonizante y consciente, y, tras bajarle el cuello del jersey, le realizó un primer corte con uno de los cuchillos. "Tras lo cual se detuvo a fumarse un cigarro para, posteriormente" consumar el asesinato degollándola de dos tajos en la parte laterocervical del cuello.

Así lo contó la acusada: «La empecé a acariciar y a decirle ‘mamá, ¿por qué teníamos que acabar así?’. Volví a la cocina y él me dijo que lo hiciera ya. Volví y empecé a acariciarla de nuevo, mi madre ya no podía hablar, no podía respirar casi, estaba agonizando. Me levanté otra vez, me fumé otro cigarro con él y le dije ‘por favor, déjala, si se va a morir quieras o no’. Me empezó mi madre... Lo último que me dijo fue: ‘Tengo frío’. Así me lo dijo. Entonces él me lavó la cabeza, me empezó a decir que solo él me amaba, que solo él me quería, que solo él iba a estar conmigo, que solo él me quería de verdad. Que al hacer eso lo íbamos a encubrir bien. Cogí el cuchillo, le dije a mi madre que la quería mucho y le corté el cuello».

Conviviendo con el cadáver

Y ahí, tirada en el pasillo, la dejaron durante casi cuatro meses, desde el 1 de abril hasta la madrugada del 20 de agosto de 2020, cuando la Guardia Civil perturbó su sueño llamando al timbre de madrugada. Unas horas antes, el novio de una amiga de K. T. S., condenada en el proceso de Menores por encubrimiento porque les ayudó a limpiar la casa y a deshacerse de los cuchillos una semana después del crimen, había ido al cuartel para contar, horrorizado, lo que la chica le acababa de confesar, que había estado en la casa y que había visto el cadáver de Anna en el pasillo de la vivienda.

Cuando los agentes llamaron al timbre, Teri y K. T. S. dormían. Fue ella la que contestó. Al saber que era la Guardia Civil de Canals, se negó a abrirles y fue en ese momento, según afirma, cuando trasladaron el cuerpo de Anna, en pleno estado de putrefacción, al interior de la bañera. Por la mañana, y ya con una orden de entrada y registro en la mano, los agentes entraron en el domicilio y detuvieron a los amantes tras encontrar los restos mortales de Anna en el cuarto de baño grande.

Vaciaron la cuenta en dos meses

Durante esos cuatro meses, Marya Tereza y K. T. S. no solo le pagaron la deuda al camello, sino que siguieron comprándole marihuana y gastando el dinero de la víctima en todo aquello que se les ocurrió comprar. En total, 6.249,74 euros que fueron extrayendo del cajero con una de las tarjetas (de la otra no sabían el pin) entre las 15.48 horas del mismo 1 de abril, es decir, con Anna recién asesinada tirada en el pasillo de casa, hasta el 4 de junio, cuando dejaron sin saldo la cuenta de la víctima.