Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Jesús Tavira, el testigo de Alicante que eludió el cerco del caso Sala y murió en El Bacarot

El empresario asesinado tuvo que declarar hasta en cinco ocasiones por el crimen de María del Carmen Martínez pero el interés de su testimonio estaba en lo que la Policía creía que ocultaba

El empresario Jesús Tavira fue apuñalado y enterrado bajo dos metros de hormigón

Lucía Feijoo Viera

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
J. A. Martínez

J. A. Martínez

Tras 42 días desaparecido, la Policía de Alicante ha logrado esclarecer esta semana el asesinato del empresario Jesús Tavira, tras ser localizado su cadáver enterrado en un aljibe de una vivienda en El Bacarot. Desde el momento en que su coche apareció calcinado en el barrio de Virgen del Remedio, todas las alarmas se encendieron y muchos de los que lo conocían empezaron a temerse el peor desenlace. Y es que el nombre de Jesús Tavira no era nuevo para la crónica negra de Alicante; su figura estaba ligada a uno de los episodios más oscuros y mediáticos de la historia reciente de la ciudad, aún sin resolver. A lo largo de la investigación ha sido inevitable que los medios se refirieran a él como «el testigo clave del caso Sala». Hasta cinco veces tuvo que ir a declarar en la investigación por el asesinato de María del Carmen Martínez, viuda del expresidente de la CAM Vicente Sala. Tres en la Comisaría, una en el juzgado y otra en el juicio. El interés de su testimonio no fue tanto por lo que dijo como por lo que la Policía creía que ocultaba.

El juzgado acuerda prisión para tres detenidos por el crimen del empresario Jesús Tavira en Alicante tras negarse a declarar

Jose Navarro

Los investigadores siempre sospecharon que Tavira sabía mucho más de lo que admitía. Aquella tarde del 9 de diciembre de 2016, antes de que María del Carmen Martínez llegara a Novocar, el negocio de automoción que regentaba su yerno Miguel López, para recoger su coche, Tavira era una de las personas que se encontraba en las instalaciones. Fue él quien alertó de la presencia de dos ciudadanos magrebíes en el concesionario antes de los disparos.

Una línea de investigación que llegó a seguir la Policía, pero que acabó descartando al comprobar que se trataba de dos personas que simplemente buscaban un coche de segunda mano. Según explicaron a los agentes, se marcharon porque lo que había en Novocar se salía de su presupuesto. Pero a la Policía no le pasó desapercibido el hecho de que Tavira no solo les conocía, sino que había estado con ellos esa misma mañana. Un dato que en un primer momento no había dicho a la Policía y que se descubrió después. Una contradicción que Tavira explicó alegando que, precisamente por conocerles, sabía que no habían ido a Novocar para nada bueno. Persistían las dudas sobre lo que pudo pasar en las instalaciones en aquellos momentos de confusión cuando Tavira les echó.

El episodio, que muchos interpretaron como una maniobra para desviar la atención, dio lugar a una serie de citaciones a Tavira a la Comisaría para aclarar posibles contradicciones en su testimonio. Uno de los hechos que más llamaban la atención a los investigadores eran las 232 llamadas que Tavira mantuvo con el único acusado, Miguel López, en los dos meses previos al crimen. Una intensa comunicación que se cortó en seco tras el asesinato. Tavira aseguraba que se trataba de gestiones comerciales, ya que desde el desguace que gestionaba eran frecuentes los contactos con Novocar.

Un cuarto detenido por la muerte de Jesús Tavira, cuyo cadáver presenta múltiples heridas por arma blanca

Un cuarto detenido por la muerte de Jesús Tavira, cuyo cadáver presenta múltiples heridas por arma blanca / INFORMACIÓN

Otra de las líneas de investigación abiertas era el origen del arma del crimen, que además nunca fue localizada. Todo apuntaba a que pudo adquirirse en el mercado negro, una circunstancia que llevó a los investigadores a centrar sus sospechas en Tavira, aunque sin resultado alguno. Se trataba de una pistola de principios del siglo XX y con munición que había sido manipulada a mano para que el asesino pudiera usarla en esa arma. Esta manipulación artesanal hizo que el arma fallara y que María del Carmen no muriera en el acto al recibir los dos disparos en la cabeza, sino que permaneció desangrándose hasta que fue encontrada. Tavira jamás llegó a ser acusado de nada.

El juicio se saldó con la absolución de Miguel López, el único acusado, con una sentencia que concluía que María del Carmen Martínez fue asesinada por una persona desconocida. Después de que el Tribunal Supremo anulara el juicio por las irregularidades en la emisión del veredicto, parecía que Tavira iba a tener que comparecer una sexta vez como testigo para ser interrogado de nuevo. Sin embargo, el Constitucional tumbó esa decisión y confirmó la absolución de López rechazando la celebración del nuevo juicio. La acusación particular ejercida por Vicente Sala a través del abogado Francisco Ruiz Marco ha acudido a la Justicia Europea para tratar de reabrir el proceso por el asesinato de su madre y volver a juzgar a Miguel López.

Pistas falsas

Irónicamente, la historia se ha repetido. Si en el caso Sala, el testimonio de Tavira causó que se investigara a dos ciudadanos magrebíes que luego resultaron ser inocentes, en su propio asesinato tres de los cuatro detenidos son de nacionalidad argelina. Entre ellos, un matrimonio que había tenido conflictos con Tavira y que le reclamaba dinero. Al igual que en el caso Sala, el haber dado una pista que luego resultó ser falsa, les convirtió en sospechosos del crimen. En esta ocasión, el investigado aseguró a la Policía que Tavira se había marchado de su trabajo acompañado de dos personas y ya no le había vuelto a ver. Las revisiones de las cámaras de tráfico desmintieron esta versión, mientras que las pesquisas policiales les llevaron a determinar que Tavira había estado en casa de los sospechosos en el momento en que se desvaneció y no había constancia de que jamás hubiera salido de allí.

El estudio de las llamadas ha servido para poder acusar a dos de los investigados, ya que dos de ellos mantuvieron decenas de llamadas en las fechas posteriores al asesinato de Tavira. Algunas de ellas de madrugada, el día en que su coche ardía. Como en el caso Sala, la historia volvió a repetirse: una pista falsa terminó señalando a quienes la habían puesto en circulación.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents