El Supremo considera agresión sexual el "beso robado" de un policía a una detenida

La resolución, de la que es ponente en alicantino Vicente Magro, concluye que para que no exista un delito contra la libertad sexual es preciso el consentimiento

Archivo - Fachada del Tribunal Supremo

Archivo - Fachada del Tribunal Supremo / EDUARDO PARRA - EUROPA PRESS - ARCHIVO

Mercedes Gallego

Mercedes Gallego

El Tribunal Supremo, en una sentencia de la que ha sido ponente el magistrado de Alicante Vicente Magro, ha confirmado la condena impuesta por la Audiencia de Sevilla y confirmada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía a un agente policial que le dio un beso a una detenida sin su consentimiento en la zona de los calabozos.
Al efectivo se le condena como responsable de un delito de agresión sexual, concurriendo la circunstancia agravante de prevalimiento y la atenuante de embriaguez, a las penas de un año y nueve meses de prisión con la accesoria de inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena.
 Junto a Magro han formado sala los magistrados Andrés Martínez Arrieta como presidente, Ana Ferrer, Andrés Palomo y Ángel Luis Hurtado.
El tribunal ha concluido que se trató de un "beso robado y, por ello, sin consentimiento expreso o tácito, lo que lo integra una agresión sexual en la actualidad y abuso sexual al momento de los hechos".
Los magistrados no dudan de que existió un contacto físico de contenido sexual del policía con la denunciante, como lo es un beso no consentido por la mujer.

Buscar cierta intimidad

Ello ocurrió, como señala el fiscal de la sala, tras haber intentado el agente ganar la confianza de la denunciante y buscar cierta intimidad, halagando su físico, preocupándose por su estado, situación y por cuestiones de su vida personal, e incluso dando pasos previos en el acercamiento hasta el punto de llegar a preguntarle por mensaje escrito si podría abrazarla, lo que la en esos momentos detenida negó. Pese a ello, el recurrente llegó a besarla en la mejilla y lo intentó en los labios, aunque no lo consiguió.

Lo declarado probado ha sido «correctamente subsumido en el artículo 181.1 del Código Penal al momento de los hechos, en cuanto la conducta del recurrente implicó un contacto corporal no consentido y con significación sexual», recoge la resolución.

"El beso y el intento de otro beso configuran una intromisión en la libertad sexual de una persona que se encontraba en un medio hostil por desconocido, concurriendo el ánimo tendencial o propósito de obtener una satisfacción sexual a costa de otro", dice la sentencia.
 Otra circunstancia sería la determinación de la pena en el actual Código Penal con respecto a la calificación jurídica del hecho probado, "pero este siempre se debe subsumir en una agresión sexual en la actualidad y abuso sexual al momento de los hechos cuando se trata de la concurrencia de un beso robado sin consentimiento de la víctima", sostienen los magistrados.
 El tribunal concluye que "no puede entenderse en consecuencia que exista un derecho de cualquier persona a acercarse a otra y darle un beso cuando la segunda no lo admite como prueba de cariño o afecto por sus circunstancias personales, familiares, o del tipo que sean, sino como un ataque personal a su intimidad y libertad sexual de consentir o no consentir quién pueda acercarse a la misma para hacer un acto tan íntimo y personal como es darle un beso".
 Para la sala "no cabe un contacto corporal inconsentido bajo ningún pretexto si no hay consentimiento".
 Y agrega: “En el presente caso existió un beso dado por el agente a la detenida aprovechando esta situación. No solamente las circunstancias del caso no evidenciaban un consentimiento, sino, precisamente, todo lo contrario, como consta en los hechos probados, y siendo consciente de ello el recurrente insistió en acercarse y besar a la detenida sin que esta consintiera, y aprovechándose de una situación en la que el recurrente actuaba de vigilante y la condición de detenida de la víctima, lo que en estos casos les hace sentirse más víctimas".
Vicente Magro, magistrado y expresidente de la Audiencia Provincial de Alicante.VICENTE MAGRO,PRESIDENTE DE LA AUDIENCIA

Vicente Magro, magistrado y expresidente de la Audiencia Provincial de Alicante.VICENTE MAGRO,PRESIDENTE DE LA AUDIENCIA / Rafa Arjones

La clave, el consentimiento

Se insiste en que no es preciso un “no” de la víctima ante los intentos de besar a una mujer, sino que para que no exista delito lo que hace falta es el consentimiento. En este sentido, la clave está en el consentimiento, al punto de que si este no ha concurrido ha habido agresión sexual.
"Y en el presente caso las circunstancias no avalaban un consentimiento ni expreso ni tácito, sino más bien todo lo contrario, es decir, la oposición al contacto entre autor y víctima, tal y como consta claramente, y en unas circunstancias de aprovechamiento del autor del escenario en el que se encontraba la víctima", concreta la sala.  
Cuando se apela a la expresión “las circunstancias del caso” para poder entender si hubo consentimiento, estas "no se pueden interpretar de forma parcial y subjetiva por una de las partes, sino que tienen que tratarse de circunstancias que evidencien de forma clara y evidente la posibilidad consentida de que una de las personas le puedo dar un beso a la otra sin atentar a su libertad sexual y a su intimidad y privacidad".
 Porque, se insiste, estas "circunstancias deben demostrar a la luz de una interpretación objetiva, y no subjetiva del autor, de cuál fue la voluntad de la parte que recibe un beso y que lo consentía claramente, sin que quepan dudas de que no admitía un contacto físico tan personal e íntimo como recibir un beso de otra persona con la que no es habitual tener expresiones físicas de tal naturaleza, como es lo que en este caso ocurrió entre una detenida y un agente policial".
Distinto sería el caso de que entre las dos partes exista un vínculo personal que admita esa situación como normalizada, ya que si no es así ese acto tan privado supone un “exceso típico” castigado por nuestro Código Penal.

Especial vulnerabilidad

 "Debe tratarse, así, de unas circunstancias del caso no apreciadas de forma subjetiva, sino de forma objetiva. De tal manera que quede bien a las claras que hay un consentimiento por la otra persona para el acceso de algo tan privativo como es la permisividad de que una persona le dé un beso a otra".
En los casos de “besos robados, y atendiendo a las circunstancias del caso que pudieran evidenciar el consentimiento de la mujer a aceptar el beso, se estaría cometiendo la agresión sexual actual, antiguos abusos sexuales, siendo, por ello, típica y punible esta conducta. Y en el caso concreto un agente policial en modo alguno puede acercarse a una detenida y darle un beso aprovechando su situación y la especial vulnerabilidad en la que se encuentra".
 En este contexto, "resulta evidente que el contacto fugaz de un beso no consentido supone una invasión corporal del autor sobre la víctima que no está obligada a admitir actos sobre su cuerpo de contenido sexual como puede ser un beso inconsentido en su cara, y atendiendo a la realidad social es indudable la connotación sexual de ese tipo de actos no consentidos, aunque sea fugaz, como puede ser un beso cuando no concurra el consentimiento.”