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«Me ponían a pedir en la calle y si no conseguía 80 euros me pegaban»

Juzgan a cinco acusados de obligar a un discapacitado a pedir limosna en las principales calles del centro de Alicante

Los cinco acusados sentados de espaldas en el banquillo al inicio del juicio este martes.

Los cinco acusados sentados de espaldas en el banquillo al inicio del juicio este martes. / Jose Navarro

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J. A. Martínez

J. A. Martínez

A las seis de la madrugada le despertaban para llevarle hasta alguna de las zonas más céntricas de Alicante para ejercer la mendicidad, a pesar de sus problemas de movilidad, donde permanecía casi hasta la una de la madrugada. «Tenía que conseguir al menos 80 euros. Si tenía menos dinero, me pegaban con un zapato», aseguró este martes en el juicio un hombre que denunció haber sido obligado a pedir limosna durante años en la ciudad. Durante esas largas jornadas, según manifestó, no le daban ni agua, ni comida y tenía que hacer sus necesidades detrás de algún arbusto. La Policía lo liberó en el año 2022.

Los cinco acusados son un clan familiar de origen rumano, integrado por un matrimonio, sus dos hijas y el novio de una de ellas, este último de nacionalidad española. La Fiscalía pide para cada uno de ellos una pena de once años de prisión por un delito de trata de seres humanos con fines de mendicidad. El perjudicado tenía graves problemas de movilidad a causa de una deformidad en la pierna, por lo que frecuentemente se le veía arrastrándose por el suelo para desplazarse entre la Explanada, la playa del Postiguet o la avenida de Maisonnave, lugares muy transitados de la ciudad. Los procesados se acogieron a su derecho a no declarar y algunos solo quisieron responder a sus respectivos abogados para negar los hechos.

La víctima testificó por videoconferencia este martes en la Audiencia para no tener contacto visual con los acusados. Según quedó de manifiesto en el juicio, no era la primera persona que habría sido explotada por el mismo clan. La Policía ya había liberado a otro indigente meses atrás y éste les alertó de que había otra persona en la misma situación que él, la víctima del juicio celebrado hoy. Sin embargo, éste en los primeros momentos no había querido declarar contra los procesados. En esa comparecencia, «me habían dicho lo que tenía que declarar». Una vez que fue trasladado a una casa de acogida de Cáritas y que empezó a sentir que estaba en un entorno seguro, realizó una segunda comparecencia en la que sí que denunciaba su situación. Un testimonio que volvió a ratificar ante un tribunal en la Sección Segunda de la Audiencia.

Traslado a España

El hombre se encontraba en situación de vulnerabilidad, con una discapacidad de segundo grado, problemas de epilepsia y sin ningún tipo de estudios. «Conocí a los acusados en Rumanía en el año 2000, cuando murió mi madre y me quedé huérfano», relató. De esta manera, empezó a pedir dinero para ellos, primero en las calles de su país, donde también percibía una pensión; posteriormente, le dijeron que «nos vamos a España porque allí ganaremos mucho dinero». La Fiscalía sostiene que desde el año 2013 la víctima estuvo mendigando para ellos. En los primeros meses, estuvieron en Zaragoza y Puente Genil (Córdoba) hasta que acabaron instalándose en Alicante. Cada día lo llevaban en coche a una zona céntrica y lo recogían por la noche. Tres veces al día pasaban a recoger el dinero que llevaba recogido. «Me decían que tenía que pedir porque necesitaban dinero para mantener y educar a sus hijos», dijo. En esas largas jornadas, sostiene que era vigilado. 

La víctima pidiendo dinero en la Explanada cuando ejercía la mendicidad.

La víctima pidiendo dinero en la Explanada cuando ejercía la mendicidad. / Rafa Arjones

La investigación se inició tras una denuncia de unas vendedoras ambulantes senegalesas en el paseo del Puerto que aseguraron que la víctima estaba siendo obligada a pedir en la calle por un grupo. «Una vez escuchamos gritos, como si le estuvieran pegando», señalaron estas testigos. Este testimonio sirvió a la Policía Local de Alicante para acudir a la Policía Nacional a alertar de la situación. «Lo usaban como una caja registradora. Todo el día pidiendo y quitándole el dinero. En Hogueras, hasta lo dejaban durmiendo en la calle porque había mucha gente por las fiestas», aseveró uno de los agentes.

De esta manera, señaló que en los días de cruceros, «desde primera hora estaba en la Explanada y había cruceristas que le daban billetes de 200 euros». Las pésimas condiciones en las que se encontraba buscaban precisamente despertar compasión y que la gente le diera más dinero. En aquella época, los Servicios Sociales llegaron a entregar una silla de ruedas a la víctima porque lo habitual era que estuviera sentado en el asfalto y teniendo que desplazarse arrastrándose. La Fiscalía sostiene que en ocasiones los acusados le quitaban la silla de ruedas.

Una de las asistentes de Cáritas que le atendió aseguró que cuando empezó a perder el miedo, en las pocas palabras que sabía en español les explicaba que si no conseguía dinero lo castigaban haciéndole dormir en el suelo. Las personas que le atendieron tras ser separada de los acusados señalaron que habitualmente se refería a los acusados como «mi familia», aunque carecía de ese vínculo con ellos; y achacaron al miedo el hecho de que no quisiera denunciarles en los primeros momentos. «Vivían bajo el mismo techo», señalaron.

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