Al banquillo por apuñalar con un boli a un preso de Fontcalent al que acusaba de ser un "chivato"
El hombre fue atacado por la espalda mientras se encontraba recogiendo la medicación en el economato

La víctima llega este martes a la Audiencia de Alicante para declarar en el juicio. / ALEX DOMINGUEZ
La Audiencia Provincial de Alicante ha sentado en el banquillo a un recluso acusado de intentar asesinar a otro en la prisión alicantina de Fontcalent tras apuñalarle con un bolígrafo en la nuca. Los hechos ocurrieron el 12 de abril de 2024, mientras la víctima se encontraba apoyada en el mostrador de la ventanilla del economato.
El ataque se produjo por la espalda, de forma sorpresiva, en una zona común del centro penitenciario, motivo por el que la Fiscalía considera que se trata de un delito de asesinato en grado de tentativa y solicita una pena de ocho años de prisión. Aunque el procesado admitió los hechos al inicio del juicio, solicitó un cambio de abogado, petición que fue rechazada por el tribunal al entender que podía tratarse de una maniobra dilatoria para provocar la suspensión de la vista.
El acusado y la víctima estaban ingresados en módulos diferentes del centro penitenciario alicantino. Ambos habían trabajado juntos en la cocina de la prisión, pero mantuvieron una disputa después de que la víctima interviniera en otra pelea entre el procesado y un tercer recluso. A raíz de ese enfrentamiento, el acusado perdió su puesto de trabajo y fue trasladado a otro módulo. Desde entonces reprochaba al herido que fuera un “chivato”.
“Volví a caer en la droga y se me fue la cabeza”, declaró el procesado para tratar de justificarse. Reconoció los hechos, aunque intentó minimizar su responsabilidad: “Yo le quería dar en un brazo”, afirmó. Según se expuso en el juicio, el procesado recibió el aviso de que la víctima se encontraba en el economato y se dirigió hasta allí para apuñalarla por la espalda.
El acusado aseguró que utilizó un bolígrafo que empleaba a diario y negó que hubiera sido manipulado para convertirlo en un arma. La acusación, por el contrario, sostiene que el bolígrafo había sido quemado con un mechero y reforzado con parte de la hebilla de un cinturón, con el objetivo de usarlo como un cuchillo. La propia víctima relató que todo sucedió muy rápido: “Noté un golpe en el cuello. Me volví y no había nadie”, dijo. Asimismo, aseguró que, más tarde, mientras era atendido, el acusado le hacía señas desde lo lejos preguntando: “¿Has visto cómo al final te he pinchado?”.
El bolígrafo quedó clavado en la cabeza de la víctima, que fue inmovilizada hasta su traslado al hospital, ya que su primera reacción fue intentar arrancárselo. Algo que le impidieron tanto el funcionario de prisiones que se encontraba con él en ese momento como el agente policial que le acompañó en la ambulancia. Ninguno de ellos pudo determinar si el bolígrafo había sido manipulado para incrementar su capacidad lesiva, y en el juicio no declaró ningún testigo que lo hubiera visto. No obstante, el agente destacó que el objeto fue remitido a la Brigada de Homicidios para la elaboración del correspondiente informe.
Forenses
Por su parte, los médicos forenses indicaron que, aunque la lesión no llegó a ser mortal, estaba localizada en una zona de especial peligrosidad, muy próxima a vasos sanguíneos principales como la carótida o la yugular, lo que incrementaba el riesgo vital del ataque.
El Ministerio Fiscal califica los hechos como un delito de asesinato en grado de tentativa y solicita una pena de ocho años de prisión. Asimismo, reclama la responsabilidad civil subsidiaria del Estado, lo que implicaría que la Administración tendría que asumir el pago de una indemnización de 2.000 euros al herido en caso de ser condenada. La Abogacía del Estado, por su parte, defendió que la agresión se produjo en una zona común de la prisión y que no había constancia de enfrentamientos previos entre agresor y víctima.
En el juicio quedó reflejado un contexto de vigilancia insuficiente, ya que en el momento de los hechos el funcionario presente se encontraba solo, controlando a cerca de un centenar de internos mientras repartía la medicación.
El juicio ha quedado visto para sentencia.
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