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Piden tres años y medio de cárcel a un acusado de robar dos jamones ibéricos en Alicante

El empujón que sufrió el encargado del restaurante cuando sorprendió al sospechoso con el botín convierte la sustracción en un robo violento

Un jamón ibérico siendo cortado en una imagen de archivo.

Un jamón ibérico siendo cortado en una imagen de archivo. / Salas

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J. A. Martínez

J. A. Martínez

Toma el jamón y corre. Un empujón al encargado ha transformado el robo de dos jamones ibéricos del almacén de un restaurante de Alicante en una acusación que puede conllevar penas de prisión en caso de condena. La Fiscalía reclama una pena de tres años y medio de prisión por estos hechos en un caso que acaba de entrar en un juzgado de lo Penal de Alicante.

«Se llevó el jamón del caro», es la expresiva frase con la que el encargado de un restaurante se refirió en su declaración judicial a un robo cometido a primera hora del pasado 9 de mayo del año pasado en un restaurante ubicado en las inmediaciones de la Gran Vía de Alicante.

Era habitual que en el citado local se presentaran periódicamente toxicómanos para reclamar algo de comida de entre las sobras del local. El acusado era una de estas personas que iba allí a pedir que le dieran algo de comer. Pero, sin embargo, la petición se complicó, ya que, según se relata en el escrito de acusación, el procesado se coló en el almacén y llegó a apoderarse de dos jamones ibéricos de bellota al 50 por ciento de un total de 9,7 kilos de peso cada una.

Sin embargo, fue sorprendido por el encargado del local en el momento en que se disponía a salir de allí. Para quitárselo de encima le propinó un empujón que le arrojó al suelo, consiguiendo huir del local con las dos piezas ibéricas bajo los brazos. El encargado sufrió lesiones en la caída, unas contusiones que tan solo requirieron una asistencia facultativa. Este hecho es el que ha provocado que la acusación se agrave y pueda suponer el ingreso en prisión del acusado en el caso de que haya condena. En la causa se llegó a hacer una valoración pericial de los jamones sustraídos y se determinó que el valor ascendía a un total de 672 euros, 336 euros cada una.

Las penas

La Fiscalía reclama una pena de tres años y medio de cárcel por un delito de robo con violencia; así como una multa de dos meses con una cuota diaria de seis euros (360 euros) por un delito leve de lesiones. Asimismo se pide una indemnización de 672 euros para el restaurante por los jamones robados. Una petición que indica que las piezas robadas no fueron recuperadas. Aunque el procesado tenía antecedentes penales, el Ministerio Público considera que estos no son computables para esta causa, es decir, que esta reincidencia no supone que se le vayan a pedir penas más graves. Del mismo modo, tampoco se contempla como atenuante su adicción a las drogas.

Sin el empujón al encargado, el relato jurídico habría cambiado de forma sustancial. La conducta habría encajado, en principio, en un delito de hurto o, como mucho, de robo con fuerza si se acreditara algún acceso indebido al almacén, pero en ningún caso en robo con violencia. Eso hubiera reducido la pena a multa o, en el peor de los casos, a prisión de menor entidad, con mayores opciones de suspensión si no hay antecedentes computables. El elemento de la violencia, aunque se trate de un simple empujón con lesiones leves, es lo que transforma el caso de un robo relativamente habitual en un entorno urbano en un delito de mayor gravedad, con una respuesta penal más severa y una petición de condena más elevada.

El caso acaba de llegar a un juzgado de lo Penal para que celebre el juicio. Un proceso que en principio será sencillo, ya que únicamente se pide la declaración del acusado, del encargado del restaurante y de los dos policías que intervinieron en los hechos. En su día, el procesado optó por guardar silencio y se acogió a su derecho a no declarar cuando fue detenido.

Otros robos de jamones

El robo de jamones no es un fenómeno desconocido para las fuerzas de seguridad. En una operación desarrollada por la Guardia Civil en la Comunidad Valenciana, un hombre de 53 años fue detenido como presunto autor de 14 hurtos en supermercados de Alicante y Valencia, donde llegó a sustraer 22 jamones ibéricos y 30 botellas de bebidas alcohólicas por valor de unos 6.000 euros. Según la investigación, ocultaba las piezas bajo la ropa tras estudiar previamente la ubicación de las cámaras de seguridad y posteriormente revendía la mercancía a bares y comercios.

Otros robos de jamones han llegado a alcanzar dimensiones mucho mayores en algunos procedimientos judiciales. Uno de los más llamativos se destapó tras una investigación de la Guardia Civil que culminó con la detención de dos vecinos de Torrevieja acusados de sustraer más de 650 jamones ibéricos, además de quesos, aceite y otras mercancías, en un almacén de distribución de Santomera (Murcia). El botín estaba valorado en cerca de 230.000 euros. Según la investigación, los asaltantes accedieron a la nave mediante el procedimiento del butrón y utilizaron tres camiones de la propia empresa para transportar la mercancía. La práctica totalidad de los productos fue recuperada posteriormente en una nave de Benejúzar.

Un artículo de lujo

El valor de estas piezas no es casual ni responde a un capricho del mercado, sino a un proceso de elaboración que convierte al jamón ibérico de bellota en un auténtico artículo de lujo. Una pieza de casi diez kilos, como las sustraídas, representa la culminación de un ciclo que comienza con la cría del animal en libertad en la dehesa durante la montanera, donde el cerdo se alimenta exclusivamente de bellotas y pastos naturales. Este régimen no solo aporta ese sabor inconfundible, sino que infiltra en el músculo las grasas cardiosaludables que definen su calidad.

A este proceso natural le sigue una curación lenta en bodega que, en el caso de piezas de este calibre y peso, suele superar los tres o cuatro años de espera. Es este factor tiempo, el mantenimiento de un producto en condiciones óptimas durante 48 meses antes de poder rentabilizarlo, lo que dispara su precio en la factura de un hostelero. Robar dos de estas piezas no es solo llevarse un alimento; es arrebatar el resultado de años de cuidado artesanal y una de las inversiones más delicadas de cualquier almacén de hostelería.

Otros juicios

Este tipo de episodios que mezclan necesidad, entornos de marginalidad y alimentación no son ajenos a los tribunales alicantinos, aunque con resultados jurídicos muy distintos dependiendo de si media la violencia. Hace años, un juzgado de lo Penal de Alicante dictó una sentencia absolutoria para una pareja que fue sorprendida en la zona norte de la ciudad con un contenedor lleno de comida caducada que habían sacado del almacén de un supermercado tras violentar un candado.

Aquel caso guardaba ciertos paralelismos en el trasfondo social, pero las diferencias técnicas fueron clave para el fallo. Mientras que en el caso del supermercado el botín era comida destinada a la basura y no se pudo probar quién rompió el candado (valorado en apenas 28 euros), en el robo del restaurante de la Gran Vía el escenario es opuesto: el acusado seleccionó piezas de lujo en perfecto estado y, lo más grave, ejerció una violencia directa sobre una persona.

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