¿Homicidio o muerte natural con descuartizamiento? Los acusados del crimen de Fernando en Alicante, ante un jurado popular
Un jurado debe decidir si una pareja mató, desmembró y quemó el cadáver del hombre en cuya casa vivían o si solo se deshicieron del cuerpo al hallarle fallecido

Los acusados este lunes a su llegada a la Audiencia de Alicante para afrontar el juicio. / ALEX DOMINGUEZ
¿Homicidio o cúmulo de malas decisiones tras una muerte natural? Un jurado popular juzga desde este lunes en la Audiencia Provincial a los dos acusados de matar, descuartizar y quemar a un hombre con el que convivían y cuyos restos aparecieron hace ya casi dos años en distintas partidas rurales de Alicante. La pareja, Raquel G. M. y Tomás Ezequiel M. C., para quienes se pide una pena de 17 años de cárcel para cada uno, ha pedido declarar al final del juicio, que se va a celebrar durante toda esta semana, mientras que sus defensas, los abogados Miguel Ángel Garijo y Miguel Ángel Cánovas, sostienen que la víctima murió por causas naturales. Según esta versión, los procesados se lo encontraron muerto a la mañana siguiente y decidieron deshacerse del cadáver temerosos de que les pudieran imputar algo por no haberse dado cuenta antes. Un error tras otro que se saldó con funestos resultados. Sin embargo, el fiscal José Luis Miota sostiene que los dos decidieron matar a la víctima para quedarse con su casa y el dinero de su pensión.
La selección del jurado, los informes iniciales de las partes y la declaración de los primeros testigos ha centrado esta primera sesión del juicio, que seguirá este martes con la declaración de los policías que investigaron el caso. Una de las jornadas clave llegará cuando declaren los peritos, ya que será el momento de que el tribunal popular pueda conocer detalles que le ayuden a decidir si se trató o no de una muerte violenta. Para las defensas, no hay un solo elemento en la causa que permita concluir que se trató de un crimen y se desconoce la causa de la muerte. Sin embargo, desde el Ministerio Público se incide en que precisamente estas lagunas se deben a que los acusados trataron de eliminar pruebas deshaciéndose del cadáver.
Los hechos se remontan al 17 de junio de 2024 cuando el torso de la víctima apareció en las inmediaciones de un camino en el Portell de la Serreta. Los restos humanos fueron rociados con gasolina e incendiados. Días más tarde, aparecieron la cabeza y las extremidades de la víctima, también en llamas en otro camino en la partida de Fontcalent. De la mano, la Policía pudo obtener las huellas de la víctima e identificarla como Fernando A. P., encontrándose con que los dos acusados estaban viviendo en su casa, un piso situado en la antigua barriada de las Mil Viviendas, hoy conocida como Virgen del Carmen. A lo largo de esos días, también estuvieron sacando dinero de la cuenta del fallecido, hasta dejarla prácticamente a cero. Los dos acusados tenían una habitación para ellos en la vivienda del fallecido. La mujer sostiene que tenía una larga relación de amistad con la víctima y que el hombre, de 56 años, le dejó quedarse a vivir con él para que le cuidara. Del mismo modo, la mujer también estaba autorizada en las cuentas bancarias del fallecido para que atendiera los gastos de la casa. Inicialmente, vivía la mujer sola y posteriormente fue también a la casa su novio.
Sierra radial
La Fiscalía sostiene que ambos se pelearon con el dueño de la vivienda y acabaron con su vida de una manera que se desconoce. Para tratar de dificultar la investigación, decidieron deshacerse del cadáver y compraron una sierra radial en una gran superficie de Alicante. La herramienta se compró en las fechas del crimen, ya que la Policía consiguió imágenes de las cámaras de seguridad de la pareja en el establecimiento en el momento de su adquisición; así como de los cajeros en los que se realizaron las extracciones de dinero de las cuentas del fallecido. Por este motivo, la acusación concluye que el móvil fue económico. Otras pruebas que se valoran desde el Ministerio Público son las grandes cantidades de botellas de lejía halladas en la casa, hecho que contrastaba con la suciedad que había en la misma, lo que apuntaría a que los acusados estuvieron limpiando la sangre para eliminar pruebas. Las imágenes de seguridad también captaron el coche de los acusados en las inmediaciones del lugar donde se encontraron los restos humanos. En esos mismos parajes, el acusado había grabado vídeos para hacer publicaciones en Youtube.

INFORMACIÓN
Para los letrados de la defensa, todo es fruto de una concatenación de malas decisiones, entre las que los acusados reconocen que descuartizaron el cadáver y que trataron de quemar sus restos. Sin embargo, discrepan en la causa de la muerte. «La noche anterior llegaron de fiesta y se fueron a dormir y al día siguiente cuando se despertaron, ya había muerto», explicaron. La pareja temió que se les pudiera imputar alguna conducta negligente, por lo que decidieron deshacerse del cadáver y el hecho de comprar la sierra fue precisamente para sacar el cuerpo de la casa oculto en maletas para que nadie les viera. “No son dos desalmados, ni dos monstruos. No han matado a nadie”, aseguró Garijo al jurado; mientras que Cánovas cargó contra la tesis policial incidiendo en que «no es creíble que mataran a la gallina de los huevos de oro para conseguir algo que ya tenían».
Hallazgo macabro
Los dos primeros testigos en declarar fueron las personas que encontraron los restos humanos. El del hallazgo en la Serreta señaló que no sabía ni lo que era. «Solo vi una cosa negra de la que salía humo y llamé a la Guardia Civil. No me quise ni acercar», dijo. Algo más concreto ha sido el segundo testigo, que iba paseando a su perro cuando se produjo el macabro hallazgo. «El animal se empeñó en ir hacia una casa y allí vi una mano y una cabeza. Parece que había manos y piernas», explicó, restos que también estaban carbonizados.
La última testigo de la jornada fue una hermana del fallecido, la única de la familia que había mantenido cierto contacto con él, pero que debido a sus problemas de movilidad había dejado de ir a su casa. «Le llamaba por teléfono», dijo, aunque no conocía de nada a los acusados. «Era muy bueno y cariñoso, pero tenía problemas de depresión», explicó. Aunque la mujer defendió que la relación familiar era buena, salió a relucir en la sala un turbio episodio del pasado, revelando que otro de los hermanos había atacado en su día a Fernando rociándole con ácido. «Creo que fue un día que iba un poco achispado y le molestaba que Fernando tuviera la música muy fuerte», matizó.
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