La Policía sostiene que los acusados del crimen del descuartizado en Alicante buscaban la casa y la pensión de la víctima
El responsable de la investigación declara que uno de los acusados admitió en la Comisaría después del arresto que la víctima murió tras una paliza de la otra implicada

Los dos acusados, a la derecha de la imagen, al inicio del juicio en la Audiencia. / J. A. M.
El responsable de la investigación en el caso del hombre descuartizado y quemado en Alicante ha asegurado este martes en el juicio que los dos acusados buscaban quedarse con su casa y su pensión. En el banquillo se sientan un hombre y una mujer que compartían piso con la víctima en el barrio Virgen del Carmen de Alicante, las antiguas Mil Viviendas. La Policía los halló viviendo en el domicilio tras identificar los restos de la víctima, que aparecieron quemados y abandonados en distintas zonas rurales de Alicante en junio de 2024. Dos años después, un jurado popular enjuicia estos hechos en la Audiencia Provincial.
Ambos han pedido declarar al final del juicio y sostienen que la víctima murió de un ataque al corazón en la cama y que, al no darse cuenta hasta el día siguiente, decidieron deshacerse del cadáver. La defensa está ejercida por los letrados Miguel Ángel Garijo y Miguel Ángel Cánovas que sostienen que lo ocurrido es una concatenación de malas decisiones, pero no un homicidio. La segunda jornada del juicio ha estado centrada en el testimonio de los agentes que han desgranado el contenido de sus pesquisas y cómo llegaron hasta los acusados a partir del hallazgo de los restos humanos. La Fiscalía pide para cada uno de ellos una pena de 17 años de cárcel.
"Los acusados tuvieron especial interés en evitar que se identificara el cadáver porque así podrían seguir viviendo en la casa y tener acceso al dinero de la pensión, de 1.083 euros mensuales”, explicó el instructor de las diligencias. La víctima vivía sola, sin apenas hablarse con su familia, lo que dificultaba que alguien denunciara su desaparición. Según su relato, los restos fueron descuartizados y abandonados en días distintos en caminos rurales de Alicante: el torso en el Portell de la Serreta el 17 de junio; y la cabeza y las extremidades en Fontcalent, el día 22 del mismo mes. Los restos habrían sido sacados de la vivienda ocultos en maletas y posteriormente quemados tras ser rociados con una sustancia acelerante.
Sin embargo, de la mano izquierda pudieron extraer huellas dactilares que permitieron identificar el cadáver como Fernando A. P. y su domicilio. “Enviamos a la Policía Local a que hiciera un informe vecinal y nos comunicaron que la víctima llevaba dos años viviendo con una mujer”, explicó el policía. Ambos fueron identificados como Tomás Ezequiel M. C. y Raquel G. M. Según los investigadores, la mujer era amiga de la víctima desde hacía años, mientras que su pareja se había incorporado a la vivienda meses antes.
Okupas
Por este motivo, los agentes se presentaron para practicar un registro en la vivienda que terminó con el arresto de los sospechosos. Según el instructor, los dos acusados manifestaron inicialmente ante el letrado de la Administración de Justicia que eran “okupas”, un extremo que generó tensión en los interrogatorios con las defensas, que replicaron que la mujer declaró que residían allí con el permiso de un hombre mayor y no habló de esa supuesta “okupación”.
Los investigadores describieron una vivienda en estado de suciedad generalizada y con numerosos enseres acumulados. En el interior, los dos acusados tenían su propia habitación con un corazón en la puerta, en la que figuraban los nombres de Raquel y Ezequiel. Se localizaron en la casa numerosas botellas de lejía vacías, un hallazgo que, según los agentes, contrasta con la suciedad existente y refuerza la hipótesis de que intentaron limpiar restos biológicos. De hecho, se hallaron vestigios de sangre en distintas estancias, especialmente en la que consideran que debió ser la habitación de la víctima. “Probablemente, allí tuvo lugar el descuartizamiento”, explicó el funcionario. Los policías encontraron también la caja de una sierra radial comprada en una gran superficie especializada en artículos del hogar. Con el número de modelo, los agentes localizaron la fecha de la compra e imágenes de las cámaras de seguridad de los acusados en el establecimiento. Asimismo, se hallaron imágenes de ambos en cajeros automáticos donde se realizaron extracciones de dinero de la libreta de la víctima en fechas posteriores a su muerte.
Declaración incriminatoria
El mismo agente añadió que Tomás Ezequiel M. C. declaró en Comisaría, tras su detención, que Raquel G. M. había agredido a la víctima el 2 de junio, tras lo cual este se tumbó en la cama. Según esa versión, tres horas después el hombre ya había fallecido. En su declaración, el investigado afirmó que las palizas y malos tratos eran habituales y que él mismo habría participado en alguna ocasión. Sin embargo, las defensas han puesto en duda la validez de esta declaración, al sostener que fue obtenida bajo presión. Los agentes fueron tajantes: “No se coacciona a nadie para obtener declaraciones en Comisaría; el detenido contaba con asistencia letrada y no manifestó ninguna queja sobre el interrogatorio”. La magistrada que preside el tribunal del jurado, Cristina Costa, ha cortado de raíz las preguntas sobre los métodos policiales. En esa declaración apuntó a la implicación de una tercera persona que habría ayudado a Raquel a deshacerse del cadáver. Los agentes cuestionaron esa versión y creen que con ella, el acusado habría tratado de eludir su participación en los hechos.
Otros datos que los agentes han considerado relevantes para la investigación es que en las inmediaciones de los lugares donde fueron localizados los restos humanos las cámaras de tráfico captaron el coche del padre del acusado, que solía conducir Tomás Ezequiel. Este procesado también había grabado varios vídeos humorísticos para subir a YouTube en estas mismas zonas, lo que indicaría que conocía cómo llegar hasta allí. Concretamente, en la zona del Portell de la Serreta, junto a un camino sin asfaltar cercano al Consorcio de Bomberos, en una zona descrita por el instructor como habitual para encuentros sexuales anónimos por su escaso tránsito. Hay unas imágenes de las cámaras del Consorcio de Bomberos que captaron de madrugada un coche moviéndose por el camino y cómo, tras arrojar algo, se produce un gran fogonazo. La oscuridad no permite ver muchos detalles, pero para los investigadores sería un indicio de que se usó un líquido acelerante para quemar el cadáver. Del mismo modo, en la casa se hallaron varias tarjetas de gasolina, con las que los agentes estiman que debió adquirirse el combustible.
Para este miércoles está prevista la declaración de más policías y de vecinos del inmueble y el juicio continuará a lo largo de toda esta semana. Está previsto que el jurado empiece el lunes la deliberación del veredicto.
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