Ciencias de la Tierra
La desecación del Mar de Aral está desplazando el centro de la Tierra
Un estudio demuestra cómo la falta de agua provoca que la tierra se eleve en el Mar de Aral

De izquierda a derecha: tres imágenes satelitales del Mar de Aral tomadas en los años 60, en 2000 y en 2014, respectivamente. / Crédito: NASA.
Redacción T21
Liberada de la carga del agua que contenía el Mar de Aral, la corteza terrestre ha comenzado a elevarse en esa zona, en concreto aproximadamente un metro desde 1960 hasta hoy. El proceso es una evidencia de la sensibilidad de la corteza a los cambios en la distribución de masas, ya sean de agua, hielo u otros elementos naturales.
A lo largo de las últimas décadas, el mar de Aral ha pasado de ser el cuarto lago más grande del mundo a convertirse en un desierto. Este antiguo cuerpo de agua, que en la década de 1960 se extendía por casi 68.500 kilómetros cuadrados, ha perdido casi el 90% de su longitud y más del 93% de su volumen, dejando tras de sí un extenso desierto denominado Aralkum.
Intervención humana
La transformación de este paisaje no solo es alarmante por el impacto ecológico y social, sino también porque ha generado un fenómeno geológico poco conocido: la elevación de la Tierra en el antiguo lecho del mar. Situado en Asia Central, entre Kazajistán y Uzbekistán, algunas decisiones tomadas durante la época de la ex-Unión Soviética parecen haber condenado al Mar de Aral.
En un intento por aumentar la producción de algodón y generar energía hidroeléctrica, se construyeron numerosas presas y canales que desviaron los dos ríos principales que abastecían al mar de Arial, el Amu Darya y el Sir Darya. Durante años se desconocieron las consecuencias a largo plazo de este manejo inadecuado de los recursos hídricos.
Sobre la década de 1980, gracias a las imágenes satelitales, quedó en evidencia la drástica disminución del agua, señalando la división del cuerpo en dos secciones: el Aral Norte (ahora conocido como Pequeño Mar de Aral) y el Aral Sur, que se considera irrecuperable.
La tierra se eleva
Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Pekín, en China, ha estudiado la evolución del terreno en la zona utilizando técnicas satelitales de medición, especialmente la interferometría SAR (InSAR) a través del satélite Sentinel-1, que forma parte del programa Copérnico de la Agencia Espacial Europea (ESA). La investigación ha demostrado que, liberada de la carga del agua, la corteza terrestre ha comenzado a elevarse. Los datos muestran que desde la década de 1960 el terreno ha experimentado un ascenso de hasta un metro.
Según informa New Scientist, esta elevación se debe a un fenómeno isostático, similar al rebote que ocurre en áreas antes cubiertas de hielo durante largos periodos. Mientras que en otros lugares, como en Escandinavia, la retirada de las masas de hielo provoca una recuperación del terreno, en Aral la gran pérdida de agua ha generado un efecto inverso: el levantamiento gradual del lecho marino.
La explicación científica detrás de este levantamiento se sustenta en la interacción entre la litosfera y la astenosfera, la parte superior del manto terrestre que presenta un comportamiento viscoso, según detallan los investigadores en el nuevo estudio, publicado en la revista Nature Geoscience.
Un proceso complejo y con límites difusos
Las rocas, sometidas a una carga intensa, se deforman y se hunden: al disminuir esta carga, comienzan a fluir y el terreno se eleva. Según estimaciones basadas en mediciones realizadas entre 2016 y 2020, la tasa de alza promedio fue de aproximadamente siete milímetros por año, un dato que permite explicar el ascenso de un metro en el transcurso de varias décadas. Este fenómeno, aunque sutil, evidencia la sensibilidad de la corteza terrestre a cambios en la distribución de masas, ya sean de agua, hielo u otros elementos naturales.
Referencia
Weak asthenosphere beneath the Eurasian interior inferred from Aral Sea desiccation. Wenzhi Fan, Teng Wang, Sylvain Barbot, Dong Fang, Jiangjun Ran and Heng Luo. Nature Geoscience (2025). DOI:https://doi.org/10.1038/s41561-025-01664-w
A pesar de la solidez de los datos obtenidos mediante InSAR, los investigadores reconocen ciertas limitaciones en la cantidad de registros disponibles, dado que la información se obtuvo durante un lapso de apenas cuatro años. No obstante, este estudio subraya la interrelación entre las actividades humanas y la dinámica geológica.
Expertos en geología y tectónica de placas han señalado que aunque el mar de Aral se ha secado drásticamente debido a la intervención humana, los procesos de recuperación o deformación de la Tierra pueden extenderse a escalas muy amplias, generando desafíos en la interpretación integral del fenómeno.
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