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Ni básica ni aplicada, todo es ciencia

Investigadores alicantinos reivindican el conocimiento fundamental después de que el Nobel fuera a parar a la tecnología del CRISPR

Investigación en un laboratorio de la provincia.

Investigación en un laboratorio de la provincia. Antonio Amorós

El investigador de la Universidad de Alicante (UA) Francis Mojica fue el padre del CRISPR, pero el Premio Nobel se lo han llevado las científicas Emmanuelle Charpientier y Jennifer Doudna por desarrollar un método para la edición del genoma desarrollado a partir de su descubrimiento al estudiar unas bacterias en las salinas de Santa Pola. El propio Mojica explicó cuando le preguntaron los periodistas que el hecho de que le incluyeran en el galardón «habría sido una demostración del reconocimiento de la importancia de la investigación básica». Esta situación lleva a preguntarse si está infravalorada, menos dotada y con un reconocimiento menor la investigación básica frente a la aplicada. INFORMACIÓN ha preguntado a cuatro científicos de primer nivel que desarrollan su labor en la provincia.

Sorprendentemente, la respuesta en la que coinciden todos ellos es en que la distinción entre ciencia básica y aplicada es «errónea». La idea es que las aportaciones de Mojica deberían haber sido reconocidas porque sin ellas no habría sido posible el desarrollo de la tecnología de las premiadas, aunque entienden que para los no científicos es más sencillo comprender qué investigaciones tienen una aplicación inmediata y cuáles no. «Hay buena ciencia y ciencia mala o mediocre, ésa debería ser la distinción», señala el catedrático de Química Inorgánica y director del Laboratorio de Nanotecnología Molecular de la UA Javier García, en la misma línea que sus colegas. En su caso, además, combina lo que se entiende como básica al publicar sus investigaciones en revistas científicas a las que toda la comunidad científica tiene acceso, con la publicación de más de 50 patentes con su grupo de investigación. «Mi forma de entender la ciencia es que ésta debe responder a grandes preguntas para conseguir grandes soluciones y si veo que un descubrimiento se puede aplicar lo quiero llevar al mercado», explica. Además, forma parte del panel de expertos que decide las ayudas europeas ERC para jóvenes investigadores, las más cuantiosas y prestigiosas a nivel europeo. «Para tomar la decisión buscamos que sea algo que merezca la pena investigar, no preguntamos por la aplicación que va a tener», indica. «Lo demás son excusas para no financiar la investigación», concluye García.

«La mentalidad en España es la de querer resultados inmediatos y en ciencia las cosas no son así», destaca uno de los investigadores más citados de la UA Juan Feliu. El catedrático de Química Física cree que de ahí vienen «gran parte de los males» que sufre la ciencia. Las empresas no invierten lo que deberían porque no ven la aplicación directa. «Pero sin la ciencia fundamental que no sabes a dónde te va a llevar es imposible que haya ciencia aplicada, una sale de la otra», afirma. Por ello reclama una mayor financiación, pero «no café para todos». «Hay que apoyar y ayudar a quienes hacen buena ciencia, saber lo que se quiere y planificar. El mismo dinero pero bien gestionado y repartido daría más frutos», opina.

De la misma idea es el catedrático de Microbiología y también de los científicos más citados de la Universidad Miguel Hernández de Elche Francisco Rodríguez Valera. «No por invertir ahora mil millones vamos a tener antes una vacuna contra el covid», declara. La ciencia tiene sus tiempos. A su juicio, «aunque la financiación para ciencia es poca no es sólo ese el problema, sino que el sistema es ineficiente. Debería ser más competitivo. Si se invirtiera bien los resultados serían mejores». Además, reivindica que se pueda desarrollar una carrera científica en España. «Aquí en lugar de importar talento lo exportamos y así es muy difícil», dice. En cuanto a lo ocurrido con Mojica, Rodríguez Valera es rotundo. «La ciencia básica es la única manera de que avance el conocimiento y es la que permite encontrar aplicaciones». «En el caso del CRISPR lo que hizo Mojica fue explorar, si no buscas no encuentras. A lo que él descubrió se le han encontrado después aplicaciones. Estas aplicaciones hubieran sido imposibles sin su labor», resalta.

En su opinión, la única diferencia entre la ciencia básica y la aplicada «es la actitud». En lo que se entiende como ciencia básica los investigadores publican sus resultados abiertos a todo el mundo, cuanto más te citen otros investigadores mejor, mientras que en el caso de la aplicada se suelen proteger mediante una patente porque generalmente es una empresa la que va a explotar los resultados de esa investigación.

Aparte de esta distinción, la investigadora del Instituto de Neurociencias, centro mixto de la UMH y el CSIC, Eloisa Herrera añade la del horizonte temporal. «Aunque no debería existir esa división entre ciencia básica y aplicada se llama aplicada a la que es más inmediata». Pero «si una investigación está bien hecha siempre va a servir para algo, se va a avanzar en el conocimiento y sea ahora o dentro de unos años se encontrará una aplicación que llegue a la sociedad», añade. «De hecho así es como funciona la ciencia, cada avance de basa en otro anterior. Todo viene de la ciencia básica. El caso del CRISPR es muy claro. Francis Mojica descubrió como funcionan esas bacterias y Charpientier y Doudna encontraron una aplicación para manipular el ADN de una forma más rápida y sencilla con ese conocimiento anterior», explicó. «Cuando te haces preguntas sobre cómo funciona la naturaleza muchas veces descubres cosas inesperadas que no eran lo que ibas buscando y antes o después surgen aplicaciones que puede ser desde nuevas técnicas hasta fármacos», argumentó la investigadora.

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