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"La universidad tiene hoy la misión de formar a los profesionales que necesitan nuestras sociedades"

Álvaro Antón, nuevo vicerrector del CEU en Elche, destaca los retos inmediatos de la institución: reforzar la excelencia académica, impulsar la internacionalización y consolidar la presencia universitaria en la ciudad

Alvaro Antón, nuevo vicerretor de la CEU UCH en Elche.

Alvaro Antón, nuevo vicerretor de la CEU UCH en Elche. / INFORMACIÓN

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Con el inicio del curso 2025-2026, Álvaro Antón ha asumido la dirección del campus del CEU en Elche, cargo que compatibiliza con el Vicerrectorado de Internacionalización y Vida Universitaria de la CEU UCH. Profesor titular de Derecho Financiero y Tributario, reflexiona sobre la responsabilidad de la universidad en un momento de expansión, con nuevos grados, la apertura de sedes en la ciudad y la consolidación de su proyección internacional. En esta conversación, expone los desafíos a los que se enfrenta la institución: cuidar la calidad del profesorado, diversificar la atracción de estudiantes, apostar por nuevas infraestructuras y mantener una relación estrecha con la sociedad ilicitana y alicantina.

Asume ahora la responsabilidad del campus de Elche, en un momento de crecimiento académico y de internacionalización. ¿Qué prioridades se ha marcado para esta nueva etapa?

Ilusionado, confiado y a ratos un poquito abrumado también, con la esperanza de poder hacer algo por nuestra gente y nuestra universidad. Mi impulso principal es intentar hacer un poco más fácil el trabajo de todos los demás y servir así mejor a nuestros estudiantes y al CEU.

Mi principal responsabilidad es cuidar del mayor potencial de la CEU UCH: sus personas» esto orientado al campus de Elche de la Universidad CEU Cardenal Herrera Las instituciones -como los organismos- tienen que crecer en todas direcciones y buscando un cierto equilibrio entre todas sus facetas. Lo otro son esas morfologías entre graciosas y grotescas de los adolescentes, que se convierten en deformidades si se cronifican.

Entiendo que ese crecimiento es un desafío. Es cierto que cada momento tiene sus retos. Hacia fuera, tenemos que sostener nuestra capacidad de atracción de estudiantes internacionales diversificando su procedencia y convirtiendo nuestra calidad académica y universitaria en nuestro atractivo principal.

Pero hemos de convertir esa misma calidad en el soporte de una reputación nacional perdurable y creciente que atraiga a más y cada vez mejores estudiantes nacionales. También necesitamos nuevas e importantes infraestructuras que permitan dar un salto de calidad significativo y nítidamente apreciable en nuestras titulaciones y que permitan nuevas iniciativas académicas. Hacia dentro, tenemos que ganar en consistencia y calidad en nuestros servicios y en nuestros claustros académicos. Es esto lo que nos permitirá conseguir lo anterior.

¿Y cuál es su aspiración a partir de estas premisas?

Debemos y podemos aspirar a consolidar nuestra universidad entre las universidades privadas de mayor calidad y prestigio en nuestro país. Esa es mi aspiración y, en continuidad con lo que ya se ha hecho, ese debería ser muestro proyecto común.

¿Qué papel cree que debe jugar una universidad como el CEU en el desarrollo social y económico de la provincia de Alicante?

La universidad tiene hoy la misión de formar a los profesionales que necesitan nuestras sociedades, sus sistemas productivos y de servicios, ciertamente. Por eso la empleabilidad de nuestros estudiantes es una meta muy importante, crucial, pero no es el fin del oficio y de la misión del profesor universitario. Eso es lo que hacían los maestros artesanos en los gremios.

En la universidad mantenemos vivo todo lo que los hombres hemos aprendido tras muchas generaciones de trabajo y producción intelectual y científica. Y conservarlo activo, es decir, comprendiéndolo, es parte importante de nuestra misión. Somos la memoria comprensiva de lo que hemos llegado a saber en todos los campos. Esa lucha contra el olvido ciertamente improductiva, inútil dirían muchos, se ha mostrado el mejor procedimiento para generar novedadescreativas (innovación, decimos ahora) y para abrir el futuro de nuestras sociedades, también en lo concerniente a su “productividad”.

El CEU se define por su vocación de integrar la formación profesional con una visión humanista y cristiana. ¿Cómo se concreta esa misión en un contexto en el que a menudo la universidad se entiende solo como preparación laboral?

Si nos limitamos a formar profesionalmente, por muy bien que lo hagamos, lo que supimos decaerá en el olvido y se detendrá la generación de conocimientos nuevos. Y a eso nos conduce esa “gremialización” de la universidad que la reduce al último tramo de la formación profesional. Para mí, además, es un fin la generación mediante el estudio, la investigación de síntesis creativas entre la fe, la ciencia y la cultura de nuestro tiempo. Y este no es un asunto menor, desde luego.

Porque, como acabamos de ver, nuestro fin no se reduce a formar a los profesionales del futuro, sino a los ciudadanos capaces de preservar comprensivamente su pasado, al tiempo que inventan creativamente su futuro. Así se hacen viables no solo nuestros sistemas de convivencia, sino también sus sistemas productivos, insostenibles a medio y largo plazo sin personas expertas pero conscientes de nuestro deber y necesidad de cuidar a los demás y al mundo. 

En un contexto en el que a menudo se mide a la universidad por su “utilidad” inmediata en el mercado laboral, ¿cómo defiende usted la importancia del saber por sí mismo y de una formación que trascienda lo puramente instrumental?

Cuando el hombre se reduce a lo útil, se degrada; y, además, en poco tiempo disminuye su “utilidad”, por así decir. La universidad es el lugar donde no dejamos caer el conocimiento bajo los imperativos de la utilidad. Por eso, la menos universitaria de las preguntas es interrogar “¿esto para qué sirve?”: para saber, y eso basta, aunque ese deseo de saber hará que abunde lo demás.

En nuestro caso, además, tenemos que formar a los jóvenes que libérrimamente deseen formarse como cristianos y universitarios a la altura de su fe y de su tiempo. En todos estos sentidos la universidad es desde hace ya siglos la patria de la juventud.

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