Universidad
Alicante entrena a la IA para detectar señales de violencia de género desde las aulas
Investigadores de la UA crean chatbots para interactuar con los alumnos en institutos y universidades que ayuden a identificar si sufren maltrato en sus relaciones de pareja

ALEX DOMINGUEZ
Inteligencia artificial (IA) en las aulas para prevenir y detectar de forma temprana situaciones de violencia de género entre los jóvenes, una lacra social que ha desatado la alerta en las aulas por las confesiones de alumnas sobre las relaciones tóxicas que tienen con sus parejas, así como por la normalización del consumo de la pornografía en edades cada vez más tempranas.
Sin embargo, para afinar la detección de riesgos que en la vida adulta puedan derivar en problemas mucho mayores, investigadores de la Universidad de Alicante (UA) participan en un proyecto, financiado por la Unión Europea, para introducir chatbots, un programa informático que simula una conversación, y una aplicación dirigida a los estudiantes de instituto y entre los universitarios. La iniciativa pretende influir tanto en las políticas como en las prácticas a nivel nacional y europeo.
«La IA analiza patrones de comportamiento, dudas o señales de alarma que el propio usuario expresa, y proporciona respuestas adaptadas que ayudan tanto a jóvenes como a educadores a reconocer el acoso o la violencia en la pareja. Su objetivo es crear entornos más seguros combinando educación, sensibilización y apoyo tecnológico», explica Mari Carmen Martínez Monteagudo, Doctora en Psicología y Profesora Titular del Departamento de Psicología Evolutiva y Didáctica de la Universidad de Alicante. Este proyecto en el que participa, conocido como Shield (European AI-Powered Gender Based Violence Reduction Initiative) plantea la introducción de estos detectores de violencia de género en tutorías o bien mediante el servicio de orientación de los centros educativos.

Los investigadores de la UA que trabajan para la detección precoz de la violencia de género. / Alex Domínguez
La IA puede detectar el control de las redes sociales, el aislamiento o el miedo y tristeza
«Los chatbots están pensados como espacios de conversación interactivos, accesibles y confidenciales, donde los jóvenes pueden explorar sus sentimientos y experiencias relacionados con sus relaciones personales o situaciones que les preocupan, identificar señales de riesgo sin necesidad de revelar su identidad, acceder a información de apoyo y recursos, por ejemplo, sobre cómo pedir ayuda en caso de violencia de género», agrega la investigadora.
La premisa de este proyecto es que la tecnología jamás sustituya la labor de profesionales, pero estos chatbots actúan como una primera línea de acompañamiento y detección temprana en un formato que resulta atractivo y cómodo para adolescentes y jóvenes que ya están habituados a comunicarse de este modo.

Adolescentes con sus teléfonos móviles, frente a un instituto / Antonio Amorós
Señales de riesgo
Según la profesora de la UA, el uso de IA permite que las conversaciones sean naturales y adaptadas al usuario, con diálogos guiados que pueden identificar indicios de conductas de riesgo, por ejemplo, el control de redes sociales, el aislamiento de amistades o expresiones de miedo o tristeza intensos. «El sistema está diseñado para señalar estos indicios y sugerir pasos seguros hacia apoyo humano. Así, por ejemplo, el chatbot reconoce lenguaje que indica miedo, control, acoso o abuso», agrega.
La tecnología analiza señales de alarma que ayuda a reconocer el maltrato en las parejas
Sin embargo, el chatbot no es la única herramienta de este proyecto que coordina el doctor Ignasi Navarro, profesor del Departamento de Psicología Evolutiva y Didáctica y en el que también participan la catedrática de Psicología Beatriz Delgado y el investigador Manuel Torrecilllas. Sus autores han diseñado también un curso de acceso abierto (MOOC) sobre violencia de género, dirigido tanto a jóvenes como a profesionales que trabajan con juventud, con el objetivo de sensibilizar y formar desde una perspectiva preventiva.
La formación aborda de manera progresiva la comprensión general de la violencia de género, el acoso sexual, la violencia en las relaciones de pareja, así como el papel de los marcos de actuación y de las plataformas educativas.

La IA puede detectar el control de las redes sociales, el aislamiento o el miedo y tristeza / ANTONIO AMORÓS
La intención es que los robots puedan funcionar en un año en los institutos y en las universidades
También dedica un espacio específico a la violencia de género en entornos digitales y a aquella facilitada por tecnologías y sistemas de inteligencia artificial, y finaliza con un módulo centrado en el apoyo, la acción y las vías de respuesta disponibles.
La previsión actual es que tanto el curso como el chatbot puedan ponerse en marcha aproximadamente en el plazo de un año, una vez completadas las fases de validación, pruebas y ajuste necesarias para garantizar que ambas herramientas sean seguras, útiles y coherentes con los estándares éticos internacionales.
Edades conflictivas
La herramienta del chatbot está dirigido específicamente a jóvenes de entre 16 y 24 años, una franja de edad que concentra un uso intensivo de plataformas digitales, por lo que presenta un mayor riesgo de exposición a distintas formas de violencia de género, especialmente en contextos online.
«Aunque el proyecto tiene una clara dimensión educativa, no está concebido como una intervención escolar ni dirigido a la infancia, sino como una iniciativa orientada a jóvenes y a los profesionales que trabajan con ellos y ellas» explica Martínez Monteagudo.
Así, tal y como precisa la profesora de la UA, el proyecto se dirige principalmente a adolescentes y jóvenes, un grupo que a menudo busca información en entornos digitales antes de hablar con un adulto o con un profesional. «En ese sentido, un chatbot puede funcionar como un primer punto de contacto seguro, siempre que tenga un alcance limitado, expectativas bien gestionadas y una fuerte orientación a la derivación, tal y como recomiendan las guías internacionales», añade.

Carteles de prohibición de móviles en un instituto de la provincia de Alicante / Alex Domínguez
El abuso de las redes sociales, un factor de riesgo de la violencia de género
El exceso de tiempo de conexión, la dependencia o la pérdida de control en las redes sociales se relacionan estrechamente con la violencia de género en contextos digitales. Así lo ha constatado las investigadoras en Psicología de la Universidad de Alicante (UA), Mari Carmen Martínez-Monteagudo y Beatriz Delgado, que dirigen un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
«Los resultados muestran que ambas problemáticas no solo coexisten, sino que se retroalimentan, generando un impacto muy negativo en la salud mental y el bienestar adolescente», explica Martínez Monteagudo. Entre las consecuencias más preocupantes de las que alerta, son el aumento de la ansiedad, la depresión, el estrés psicológico, el deterioro de la autoestima y de la imagen corporal, el aislamiento social, el empeoramiento del rendimiento académico y, en los casos más graves, la ideación suicida, un indicador clave de riesgo que refuerza la urgencia de intervenir desde edades tempranas.
El estudio, «Factores de riesgo y de protección de la violencia de género y del uso problemático en las redes sociales: Una perspectiva longitudinal», también ha constatado que la ansiedad social, la depresión y el estrés actúan como factores de riesgo tanto para el uso problemático de redes como para la violencia digital, mientras que la inteligencia emocional y la empatía se consolidan como factores protectores esenciales.
«Además, se ha observado que la exposición a estereotipos de género y a modelos relacionales desiguales en redes sociales incrementa la tolerancia hacia conductas de control y agresión, especialmente en relaciones adolescentes», añade la profesora de la UA.
En concreto, las investigadoras han constatado que la imagen corporal, muy influida por redes sociales, aparece también como un eje relevante, vinculada a la comparación social, la baja autoestima y la vulnerabilidad emocional.
Después de más de tres años de recogida de datos, ahora cuentan con una evidencia sólida para tomar medidas. «El objetivo es desarrollar un programa de prevención e intervención que actúe de forma integrada sobre el alumnado, las familias y el profesorado, abordando competencias clave como la regulación emocional, la gestión del estrés, la igualdad de género y el uso responsable de las tecnologías», precisa.
Además, el objetivo de las investigadoras es combinar actividades de intervención tradicionales con tecnologías emergentes, especialmente herramientas de inteligencia artificial adaptativa, que mediante el uso de avatares generan situaciones realistas y permiten ajustar los contenidos a distintos perfiles, para favorecer una intervención más personalizada y eficaz. "En definitiva, no se trata solo de investigar, sino de transformar el conocimiento científico en soluciones reales, útiles y transferibles, que ayuden a proteger la salud mental de los adolescentes y a construir entornos digitales y educativos más seguros y equitativos", agrega Martínez Monteagudo.
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