Entrevista | Antoni Forner Catedrático en Ingeniería Química
"El almacenamiento a gran escala de la red eléctrica es uno de los grandes retos tecnológicos que no está resuelto"
El premio Princesa de Girona en 2025 y catedrático de la Universidad de Eindhoven regresa a la UA para compartir las claves de su éxito internacional y los retos de su investigación sobre las energías renovables, el hidrógeno y la reducción de emisiones

El ingeniero químico alicantino Antoni Forner Cuenca, este martes en la UA / HECTOR FUENTES
El viaje científico: formando talento, internacionalización y gran desafío energético, es el título de su última charla en la UA, ¿qué mensaje quiere trasladar?
Siempre es un orgullo volver a la universidad donde estudié y poder reconectar con los estudiantes y también con antiguos profesores. Me hizo mucha ilusión. Hablé de ciencia en un sentido amplio, intentando conectar distintas ramas de la ingeniería: ingeniería química, mecánica y de materiales, para mostrar que la ciencia actual es profundamente interdisciplinar y que hay que estar preparado para intersectar distintos campos. También hice una reflexión sobre mi trayectoria personal como científico, que yo llamo una aventura en el sentido positivo de la palabra. La ciencia te lleva por caminos que no imaginas, te permite descubrir nuevos países, culturas y aprender cosas nuevas cada día. Enlacé esa experiencia personal con el ámbito científico en el que he trabajado, especialmente el almacenamiento de energía a gran escala y el hidrógeno.
¿En qué proyectos está trabajando actualmente?
Dirijo un grupo de investigación bastante grande y trabajamos, en líneas generales, en tres áreas principales. La primera es el almacenamiento de energía a gran escala. Nos centramos en cómo almacenar la energía renovable (solar y eólica) a una escala compatible con el sistema eléctrico, es decir, a nivel de gigavatios hora. No hablamos de baterías para móviles o coches, sino de baterías a escala de ciudad. Desarrollamos tecnologías basadas en materiales abundantes y de bajo coste, como el hierro, que puedan utilizarse a gran escala. La segunda línea es el hidrógeno. Trabajamos en cómo producir hidrógeno sin emisiones, mediante electrólisis del agua, de forma eficiente y económica, y también en sus aplicaciones. En un nuevo paradigma energético, el hidrógeno será clave para producir amoniaco y fertilizantes, fabricar acero o descarbonizar sectores del transporte difíciles de electrificar, como camiones, barcos o maquinaria pesada. La tercera línea se centra en cómo producir los productos químicos que necesita nuestra sociedad, como plásticos, etileno o alcoholes, reduciendo emisiones. En lugar de considerar el dióxido de carbono únicamente como un residuo, buscamos utilizarlo como materia prima. Trabajamos en la reducción electroquímica del CO₂, capturarlo de una fuente concentrada, introducirlo en una celda electroquímica alimentada con energía renovable y convertirlo en productos industriales como etileno o etanol. Es un reto científico enorme, especialmente en el desarrollo de catalizadores y el diseño de las celdas.
Al principio todas mis propuestas de financiación fueron rechazadas. Es importante insistir

El ingeniero químico e investigador Antoni Forner-Cuenca / HECTOR FUENTES
En apenas seis años creó una línea de investigación en electroquímica y cuenta con un equipo de 25 personas. ¿Cómo ha llegado hasta aquí con solo 35 años?
Ha sido una combinación de factores. Por un lado, trabajar muy duro y ser persistente. Al principio todas mis propuestas de financiación fueron rechazadas. Es importante insistir. También fue clave detectar una línea novedosa en el lugar donde estaba. Cuando me mudé a Holanda no había mucha actividad destacada en baterías o hidrógeno. Elegí estratégicamente un entorno donde pudiera tener visibilidad e independencia, algo fundamental en ciencia por su alta competitividad. Además, hay un componente de suerte. Conozco a compañeros que trabajan muchísimo y no siempre obtienen resultados. En mi caso, tras un inicio difícil, las cosas empezaron a salir muy bien y muy rápido. Por último, es esencial construir un equipo en el sentido pleno de la palabra, fomentar la colaboración, el liderazgo empático y un entorno donde la gente quiera trabajar. Actualmente, tenemos personas de unas quince nacionalidades distintas. Cuando el grupo gana visibilidad y se cuida el ambiente, eso genera un efecto multiplicador y atrae talento de todo el mundo.
¿Qué obstáculos científicos ha encontrado a lo largo de su trayectoria?
Si pensamos en el almacenamiento a gran escala, es un problema especialmente relevante. Las baterías de litio funcionan muy bien en electrónica portátil y vehículos eléctricos, pero su desarrollo ha sido fruto de más de treinta años de ciencia básica. La tecnología no aparece de la noche a la mañana; requiere décadas de investigación hasta llegar a un impacto social transformador. En el caso del almacenamiento a gran escala de la red eléctrica, es uno de los grandes retos tecnológicos que aún no están resueltos. Imaginemos que una ciudad quisiera funcionar solo con energía solar y eólica durante varios días sin sol ni viento. El sistema eléctrico actual no puede gestionar eso porque la electricidad se produce y se consume prácticamente al mismo tiempo; no hay almacenamiento suficiente. Por ejemplo, trabajamos en baterías de hierro-aire, que utilizan hierro, muy abundante y barato, y aire. Sobre el papel parecen ideales, pero los retos científicos son enormes. Aún no entendemos completamente cómo se transforma el hierro durante el funcionamiento de la batería. Existen desafíos fundamentales en química, ciencia de materiales e ingeniería que seguimos investigando.
La electricidad se produce y se consume prácticamente al mismo tiempo, no hay almacenamiento suficiente
¿Qué impedimentos siguen encontrando los investigadores españoles en el país para seguir marchándose al extranjero?
España tiene científicos de primer nivel mundial y se hace muchísimo con recursos limitados. Sin embargo, se podría financiar la ciencia de manera más estable y agilizar los procesos administrativos. A menudo las convocatorias y resoluciones tardan demasiado, y la burocracia ralentiza el sistema. En mi caso, me fui muy joven, con 22 o 23 años, no por falta de financiación, sino por curiosidad y ganas de explorar. Quería probar cosas nuevas y me surgieron oportunidades interesantes en distintos países. He vivido en cuatro países y trabajado en temas diversos. No me fui huyendo de España; simplemente aproveché las oportunidades que aparecieron. Para volver o desarrollar ciencia puntera en cualquier lugar, se necesitan condiciones adecuadas: financiación, estabilidad y buenas condiciones de trabajo. Si esas oportunidades existen, por supuesto sería atractivo.
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