Universidad
La UA investiga cómo frenar los efectos del cambio climático en la vid y el tomate sin apenas pesticidas
El objetivo es mejorar la tolerancia de los cultivos a la sequía con la nutrición mineral de las plantas para activar sus defensas naturales

Frenar los efectos del cambio climático en la vid y el tomate. Es el cometido de una nueva investigación en la que participa la Universidad de Alicante (UA) ante una de las mayores amenazas a la que se enfrenta la agricultura, en especial, la alicantina, la provincia más desertificada de España por el calor extremo y por el impacto del turismo y la actividad agrícola.
El proyecto investiga una solución basada en la naturaleza para mejorar la tolerancia de estos cultivos a la sequía, el calor y el CO₂ elevado, así como aumentar la nutrición mineral de las plantas y activar sus defensas naturales frente a patógenos.
"Buscamos optimizar bioinoculantes fúngicos (hongos) como herramienta realista para una agricultura más resiliente ante el cambio climático y menos dependiente de fertilizantes y pesticidas", explica la investigadora del Departamento de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente de la UA, Idoia Garmendia, quien participa en el estudio junto a expertos de la Universidad de Navarra (UNAV), de la Estación Experimental del Zaidín del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas).
En concreto, el trabajo de Idoia Garmendia está vinculado al estudio del impacto de la nutrición mineral en cultivos anuales y perennes, el portainjerto de la vid y las condiciones de estrés múltiple asociadas al cambio climático a corto y medio plazo.
En el proyecto están implicados el CSIC y la Universidad de Navarra

Tomates envasados para su comercialización / ANTONIO AMORÓS
Reducir pérdidas
Este proyecto (Mycrop-Resiclim) favorecerá una producción más sostenible incluso en condiciones ambientales adversas, reduciendo pérdidas económicas para los agricultores y disminuyendo la dependencia de fertilizantes y fitosanitarios químicos. “Esto no solo beneficia al sector primario, sino que también promueve prácticas más sostenibles que protegen los suelos, el agua y la biodiversidad”, señalan desde el consorcio.
Con una duración de cuatro años, hasta 2029, la investigación está coordinada por el Instituto de Biodiversidad y Medioambiente de la UNAV y financiado en la convocatoria de Proyectos de Generación de Conocimiento 2024, impulsada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y gestionada por la Agencia Estatal de Investigación (AEI).
Precisamente, el tomate es un cultivo estratégico sobre el que hay en marcha otros proyectos también muy ambiciosos como el liderado por catedrático de Microbiología de la UA, Francis Mojica, para la la mejora genética de cultivos estratégicos de la Comunidad, a través de la herramienta CRISPR, para que se adapten al calor extremo y las lluvias intensas. Esta investigación también atañe a los cítricos.
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