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Pedro Hernández Mateo, como un rey, pero entre rejas

El exalcalde de Torrevieja cumple su cuarto mes de condena en Murcia II, donde disfruta de un régimen de vida «privilegiado»

Perfectamente integrado en la vida carcelaria y disfrutando de unas condiciones de vida al alcance de muy pocos reclusos. Así se encuentra tras cumplir los primeros 120 días de condena el exalcalde de Torrevieja y exdiputado autonómico del PP, Pedro Hernández Mateo, que ingresó en julio pasado en el centro penitenciario Murcia II para cumplir una condena de tres años por falsedad documental y prevaricación en la adjudicación de la contrata de basuras de la ciudad.

Eligió la moderna prisión de la localidad murciana de Campos del Río, inaugurada hace tan sólo tres años, y acertó porque «vive como un rey» pero sin libertad, según apuntan a este diario las fuentes penitenciarias consultadas.

No tiene ningún problema de salud pero, desde que cruzó el umbral de Murcia II, se encuentra confinado en el departamento de Enfermería, que es un destino muy favorable -podría decirse que hasta resulta acogedor comparándolo con Aislamiento- para quienes pisan por vez primera una cárcel, y se enfrentan a su cruda realidad y a sus códigos primitivos de conducta. Así se evita el contacto con presos conflictivos, reincidentes o multireincidentes -«talegueros» en el lenguaje del presidio- y de este modo, como suele decirse, el que evita el riesgo, evita el peligro, porque internos como él suelen ser un blanco fácil para la extorsión. En cualquier caso, la decisión de no haberlo trasladado ya a un módulo residencial es competencia de la junta de tratamiento de la propia prisión en clasificación interior, que podría haber valorado, en este caso, el by pass del exalcalde. Los motivos se desconocen pero Hernández Mateo aprende mucho y muy rápido y ya parece dominar las tres reglas básicas por las que se rige la vida en el «pozo» y que son: «no pedir nada, no vacilar a nadie y andar uno a su bola tratando de esquivar siempre los líos».

El exalcalde goza de un régimen penitenciario suave en un módulo con 40 internos

, la mayoría enfermos, en el que no se conoce el significado de la palabra masificación. Disfruta, además, de una amplia celda, mucho mayor que los encorsetados «chabolos» de los módulos ordinarios, que comparte con otros dos presos modélicos. Uno de ellos, un interno de confianza nombrado ordenanza.

El exregidor popular va al gimnasio del propio módulo de Enfermería todos los días y también todas las tardes da un paseo terapéutico sin salir del recinto penitenciario, claro está. De momento, no realiza ningún trabajo remunerado en los talleres productivos de la prisión pero lee mucho en la celda y no se pierde ninguna misa. Todos los días que toca eucaristía, habitualmente los domingos, asiste puntual a la cita con el capellán en una de las salas habilitadas en el recinto penitenciario para la liturgia.

También mantiene comunicación regular con su familia y recibe muchas cartas. Sin embargo, no contesta a ninguna. Los motivos sólo él los conoce. Podría no querer dejar huella de su paso por la prisión y evitarse el duro trance de tener que poner en el remite de la carta la dirección de su actual «hogar» y donde deberá permanecer, al menos, doce meses antes de tener opciones de progresar al tercer grado, el anhelado tercer grado, que le permitiría pasar a disfrutar de un régimen de vida de semilibertad con la única obligación, por ejemplo, de pernoctar en la cárcel por las noches y permanecer todo el día fuera. Pero si sale no podrá dedicarse a la política activa porque, el que fuera la primera autoridad de Torrevieja durante 23 años, también ha sido condenado a nueve años de inhabilitación para ejercer cargo público. Esta condena, ratificada por el TS, fue interpuesta en noviembre de 2012 por el TSJ por amañar el concurso multimillonario -97,8 millones de euros- de la recogida de basuras y limpieza viaria a favor de una UTE en 2004.

Pero ahora la mayor preocupación del condenado es pasar los tres recuentos diarios. El de las 8 horas cuando se levanta, hace la cama y ordena la celda para acudir al desayuno; el de las 13.30 horas antes de la comida y el que cierra el largo día, el recuento de las 21.30 horas, ya de regreso en la celda y antes de que la puerta se cierre con un sonido seco y metálico que resulta sobrecogedor.

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