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Orihuela

Un legado sin ningún cuidado

El Ayuntamiento mantiene desde hace años buena parte de su patrimonio más preciado arrumbado en unos almacenes municipales, a la intemperie y sin protección

Escudos heráldicos, entre materiales de obra. información

Orihuela es una de las ciudades españolas con mayor patrimonio arquitectónico y cultural. Eso es indudable. Cuestión aparte es el cuidado que se hace de él. Muchos elementos se consideran inservibles cuando se remodela una determinada zona y se decide sustituirlos por otros más modernos o cuya estética «pega» más. Pero, ¿dónde acaban esos elementos del legado que se retiran de calles, plazas y avenidas? En Orihuela, desde luego, no en el mejor lugar para su conservación. El destino de ese valioso patrimonio como son columnas, escudos heráldicos o monumentos, acaban sus días arrumbados en las ya de por sí descuidadas instalaciones de las brigadas municipales. En un almacén, pero no a resguardo, a la intemperie y sin ningún tipo de protección, unos sobre otros, o tirados en una esquina.

La situación no es nueva. Los elementos patrimoniales que ya no sirven (sic) para decorar las calles de la ciudad acaban allí desde hace, al menos, 20 años, sin que ninguno de los gobiernos que han pasado por el Palacio del Marqués de Arneva haya buscado un lugar más idóneo para guardarlos o, incluso, exponerlos, porque algunos de ellos tienen una valor considerable, y también simbólico, ya que permanecen aún en la memoria de muchos oriolanos. Allí están entre palets, losas, postes de alumbrado, andamios y todo tipo de materiales de obra.

Entre el legado que está arrumbado y deteriorándose a pasos agigantados en los almacenes del área de Infraestructuras se encuentran varios escudos heráldicos, muchos retirados de edificios nobles de la ciudad, y que ahora son hasta difíciles de distinguir al estar llenos de moho por la humedad. Seguro que muchos recuerdan también el cañón que durante años ha estado expuesto en la plaza del Carmen, junto al Ayuntamiento, y que era un lugar de juego para los niños oriolanos, que no dudaban en subirse a él. Ahora solo se suben algunos gatos que se cuelan en el almacén de las brigadas municipales y los excrementos de las aves que se posan en el árbol bajo el cual está colocado - más bien tirado- junto a maderas y otros materiales inservibles para los operarios. Y cada vez más oxidado.

Debajo suyo, está un ancla que ha acabado «anclada» entre restos de todo tipo. El ancla, procedente de la base naval de Cartagena, tiene su historia. Fue regalada a la Muy Noble y Fiel ciudad de Orihuela por quien fuera Caballero Cubierto, Victoriano Gilabert Roca, un capitán de Fragata retirado, y el Ayuntamiento decidió colocarla en la popular plaza de Capuchinos, hasta que se remodeló y corrió la misma suerte que el cañón.

Además, entre los hitos que fueron parte del mobiliario público de la ciudad hay varios sillares, el monolito pintarrajeado de Franco - retirado de la Glorieta Gabriel Miró-, la escultura «pajarita» que coronaba la rotonda situada junto a la Estación Intermodal -que fue sustituida por una escultura de Miguel Hernández como merecido homenaje- o las ranas de bronce que decoraban una fuente, y que ahora se almacenan en lo que en su día fueron las perreras.

Los conservacionistas se echan las manos a la cabeza al comprobar las condiciones en las que se conserva el patrimonio municipal. Para el presidente de Amigos del Castillo de Orihuela, Juan Ignacio Caballero, «no se puede mantener el legado oriolano apilado unos elementos encima de otros o sobre palés y sin unas mínimas condiciones de conservación». Caballero critica el estado «lamentable y vergonzoso» en el que el Ayuntamiento mantiene estos elementos que en su día fueron parte importante de la ciudad. «Están sin ningún tipo de cuidado, es un desastre, y lo peor es que estamos echando a perder parte de nuestra historia», lamenta. «Mantienen estos elementos en un almacén, parece que por no tirarlos a la basura, de cualquier modo, y en condiciones espantosas», critica.

El conservacionista no entiende cómo el Consistorio no adecúa un espacio para poder guardar los elementos patrimoniales que se retiran de las calles «incluso algunos podrían estar expuestos en un museo, como el que tenemos». Se refiere al Museo Arqueológico Comarcal de Orihuela (MARQUO), donde se exponen valiosas piezas. Eso sí, estos elementos ahora arrumbados en los almacenes municipales, a la intemperie, necesitarían de una restauración para poderse exponer, ya que se encuentran muy deteriorados fruto del abandono al que han sido sometidos durante años. El propio edil de Patrimonio, Rafael Almagro, reconoce que este legado no está en el mejor lugar. «Deberían estar esos elementos en otro lugar, estamos estudiando cambiarlos de ubicación», asegura. Promesas que hicieron sus antecesores en anteriores mandatos, ya sean de izquierdas o de derechas, sin que se llegaran nunca a cumplir.

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