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Rojales instala granito de colores en el pavimento de un BIC del siglo XVIII

La reforma del puente de Carlos III suma un año de retraso al no encontrarse el material previsto en el proyecto

El puente de Carlos III y azud del río Segura a su paso por Rojales está protegido como Bien de Interés Cultural (BIC). Unió dos barrios de una Rojales que estrenaba independencia de Guardamar a finales siglo XVIII: se concluyó el 23 de octubre de 1790. Es la estampa urbana de referencia de la ciudad. Por eso la apuesta del Ayuntamiento por rematar la obra de rehabilitación con un pavimento de granito de distintos tonos -rojo, amarillo, gris o negro- ha desatado la polémica. Hay consenso entre los vecinos en que el material es «bonito» pero «no pega ni con cola» con su robusto puente de 22 metros, tres ojos y sillares. Un debate público -que ahora se traslada a las redes sociales más allá de las tertulias del malecón- y llega además tras más de año y medio de obras «empantanadas» a cuenta además del dichoso pavimento. La empresa adjudicataria de la obra - 659.000 euros financiados con fondos europeos- no pudo suministrar el granito gris de una marca extremeña que señalaba el arquitecto diseñador de la reforma en el proyecto. Propuso en septiembre pasado el que se está instalando ahora. Pero el Ayuntamiento optó por cambiar de mercantil pese a que la solución es la misma. La obra podría estar terminada a mediados de julio.

La edil de Patrimonio, Inmaculada Chazarra (PSOE) matiza que todo se verá de forma muy distinta cuando se despejen las calles paralelas al puente de vallas y material de obras y recuerda que antes del granito lo que había era «asfalto». El granito es muy duradero y de calidad, aclaró.

El partido independiente PADER no lo tiene tan claro. Su portavoz Desiderio Aráez duda de que un cambio de esa naturaleza en el proyecto pueda estar avalado por la Conselleria de Cultura. Tampoco entiende el edil por qué se decidió entregar la obra con un sobrecoste de 90.000 euros cuando la empresa a la que se rescindió el contrato presentó la misma solución. Y asegura que el alcalde Antonio Pérez (PSOE) «miente» al asegurar que la anterior firma no propuso esta misma solución -registrada documentalmente en el Ayuntamiento-.

El puente de Carlos III es un orgullo para los rojaleros. Lo impulsaron tras su independencia de Guardamar, con ayuda del Obispo Tormo y el aval del rey Carlos III -algo que aparece en una inscripción en el propio puente-. Ha soportado grandes crecidas, la contaminación de las aguas durante décadas, el tráfico rodado. Y seguramente, con polémica, la impresión estética del granito de colores.

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