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La CHS desoye la orden del Ayuntamiento de Benferri de paralizar las obras en el azud

El municipio solicita a la Conselleria de Cultura proteger las infraestructuras hidráulicas del río Chícamo

Boquete abierto en el azud de Benferri.

Boquete abierto en el azud de Benferri. información

El Ayuntamiento de Benferri ha ordenado en dos ocasiones en los últimos días a través de un decreto del alcalde de Benferri, Luis Vicente Mateo, la paralización de las obras con las que la Confederación Hidrográfica (CHS), tras invertir un millón en la reparación de la estructura del azud dañado por la DANA, está habilitando un desagüe de la rambla de Abanilla al cauce que desemboca en Orihuela y evitar que todo el caudal termine en Redován. La orden de paralización ha sido desoída por el contratista que está realizando la actuación con el argumento de que son obras de emergencia sobre dominio público competencia de la CHS. El Ayuntamiento de Benferri ha iniciado la tramitación de la protección del impresionante azud de más de 250 metros de longitud como Bien de Relevancia Local. Solicitud que ha esgrimido el municipio, con un detallado informe de su arquitecto municipal, para justificar la paralización de la actuación al modificarse la estructura histórica del muro de contención sin ni siquiera notificar las obras al Ayuntamiento. La ley Valenciana de Patrimonio ampara la prohibición de actuar sobre un bien en trámite de catalogación y protección. La petición también reclama preservar como conjunto histórico los azudes situados aguas arriba del la rambla de Abanilla-río Chícamo.

El tramo del río comprendido entre el sur del término de Abanilla y Redován vive un ciclo hídrico inédito. Todavía este julio discurre por su cauce un caudal nada despreciable. Cuando se daba un año con muchas precipitaciones los azudes -represas sobre el lecho del río-, usados durante siglos para contar con algo de agua para mejorar el cultivo de secano en Benferri, Redován, Granja y Cox, laminaba los caudales y los redistribuía a las zonas de riego. Los azudes fueron abandonados en las décadas de los 70 y 80 con llegada del trasvase del Tajo. Las inundaciones de 1987 y la gota fría de septiembre de 2019 terminaron de derruirlos. Ahora las aguas bajan sin obstáculos y llevan meses alcanzando zonas de Redován en las que no llegaba el agua si no era tras lluvias torrenciales.

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