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LA RIÁ

Venta

Iglesia de San Agustín. |

La riqueza que tiene nuestro idioma nos permite que una misma palabra pueda tener varios significados, según en el contexto que se utilice, y que además se vea enriquecida por algunos sinónimos. Esto es lo que nos ocurre con el título que hemos adoptado en esta ocasión que, si la utilizamos como aquellos establecimientos que se encontraban en los caminos para alojamiento de los viajeros, la veríamos también identificada con posada, mesón, fonda, pensión o figón. En este caso ha sido protagonista en obras literarias como en «El Quijote» de Cervantes, «El Libro del Buen Amor» del Arcipreste de Hita o en «La Venta de los Gatos» de Gustavo Adolfo Bécquer, e incluso en el arte, como en el cartón de Francisco de Goya, en «La Venta Nueva». Y siguiendo con ventas, podríamos llegar al coso taurino madrileños que recibió su nombre por haberse edificado en la zona conocida como «Las Ventas del Espíritu Santo».

Otras veces, viene a traducirse como acción de vender algo. En la actualidad se ha puesto de moda efectuar esta gestión por internet online a través de un sitio web, en el que se puede mercar de todo lo que nos podamos imaginar. Algo que sería impensable para los famosos Fausto y Mefistóteles, cuya transacción era para la venta del alma del primero al Demonio, insatisfecho aquel de la vida a cambio de adquirir conocimientos ilimitados y placeres mundanos. En este caso, teniendo su inicio en la obra de Goethe, fue a lo largo de los años guión de óperas, ballet, teatro y películas, como aquella alemana muda de 1926, dirigida por Murnau. Pero, realmente se trataba de un contrato, que viene también a significar la palabra venta, por el que se transfiere el dominio de una propiedad a otra persona o institución.

Esto último fue lo que ocurrió el 28 de febrero de 1753, en que el matrimonio de Orihuela, formado por el hortelano Joseph Medrano y María Andrés, la cual había otorgado poder a su esposo nueve días antes a fin de llevar a cabo la venta de una casa al Convento de San Agustín de nuestra ciudad. En ese día, juntos y congregados los miembros de su Comunidad «a son de campana tañida como lo han de uso y costumbre», en la sala prioral y bajo la presidencia fray Joseph García, lector jubilado y prior del citado convento, reconocieron el acuerdo que se había adoptado el 16 de enero de ese año, de haber dado licencia al agustino fray Bautista Perea, procurador del convento, para comprar una casa, pudiendo hacer uso de ella durante su vida, y que al fallecer quedara en usufructo de su sobrina sor Jacinta Perea, religiosa de las dominicas del Convento de Santa Lucía. Para la adquisición el agustino abonó por dicha casa 70 libras en especie de oro, plata y menudos y el matrimonio vendedor daba por buena esa cantidad, indicando que su valor era este. Pero, si por algún caso fuera mayor de esa cantidad la donarían al Convento de San Agustín, manteniendo el usufructo del tío y de su sobrina. En concreto, el inmueble lo compraba el fraile, pero la propiedad pasaba a su convento.

Dicha casa, según indicaba el matrimonio la habían adquirido, por escritura ante el notario Juan Puerto el 1 de junio de 1751, con sus entradas, salidas, usos, costumbres y servidumbres y sin cargas. Se encontraba en la parroquia del Salvador del Arrabal de San Juan, en el callejón conocido como de la Almazara del Cabildo que subía desde la calle de Arriba a la Calle del Castillo, teniendo por lindes el citado callejón a levante, a poniente la casa del arriero Francisco Garrón, a mediodía la del alpargatero Alonso Gómez y a tramontana la de Vicente Cánovas y Josefa Garrón.

La venta al Convento de San Agustín se efectuó con algunas condiciones, como la de que pasados cuatro años no se podría rescindir el contrato y si se produjera algún pleito sobre dicha venta se le devolverían las 70 libras a los frailes agustinos, abonándoles además el gasto por las mejoras que se hubieran hechos y la diferencia del valor que hubiera adquirido en el tiempo.

Todo esto último fue la acción de vender algo mediante un contrato efectuado para pasar una propiedad a otros. Sin embargo, del otro significado como lugar de hospedaje en un camino, hablaremos en otra ocasión.

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