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Ortuño y el Guernica de Orihuela

La nueva obra del humorista gráfico tratará sobre el saqueo en la ciudad en la batalla de Bonanza hace 500 años - Tiene el Quijote siempre a mano para no perder un sentido del humor afilado, con una fuerte carga de crítica social y política

El ilustrador muestra en su domicilio varias láminas de la serie Un martini con arte. | TONY SEVILLA

Un cuadro de una ermita al lado de un ventanal recuerda cómo eran las vistas antes de «esta cosa espantosa de un neogótico prefabricado, estilo remordimiento español», comienza. Se refiere a la Iglesia del Sagrado Corazón. Reside en Torrevieja desde hace más de 10 años, en el mismo lugar donde su padre compró una casa de veraneo. Lo que más le gusta es que hay cuatro tabernas nada más bajar -«eso me viene divinamente, porque con la jodienda de la artrosis ando con dificultad»-, además de tener muchas amistades: «A cierta edad nos quedan tan pocos amigos que hay que cultivar hasta los malos», advierte sonriendo el pintor y humorista gráfico Alfonso Ortuño (Orihuela, 1942). Pérez Reverte dijo de sus dibujos que despojan de inocencia sin inyectar mala leche, sino la sonrisa cómplice. «Eso son cosas de Arturo», comenta riendo. «No caricaturiza a sus personajes, los clava con un alfiler como hacen los entomólogos con sus bichos», describió el periodista Manuel Martín Ferrand. «Las caricaturas deben hacerse con la habilidad de un cirujano y las intenciones de un carnicero», prosigue Ortuño, que comenzó su carrera profesional en Madrid en 1969.

Fue durante 22 años ilustrador y caricaturista del telediario 24 horas de TVE, un trabajo que compaginó con colaboraciones en prensa. Inspirándose en David Levine, uno de los grandes del siglo XX, fue introduciendo volumen y sombras cuando la caricatura era lineal: «Es como hacer una escultura», y «así fui metiéndome en este negocio». Un negocio que al final es por humor al arte: «El arte fundamentalmente es oficio. Ahora hay mucha gente que pinta porque se compra unos óleos, aprieta el tubo y pam, pam… Hay que conocer el material con el que se trabaja y embeberse de la pintura», explica. Atraído por los destellos de luz bajo el agua y su reflejo sobre el cuerpo de una mujer desnuda, acaba de terminar un lienzo. Luego se le ocurrió un tinte erótico: «La gamberrada del percebe», manifiesta con una sonrisa. Su próximo proyecto es «el Guernica de Orihuela», un cuadro de 2x1,5 metros, sobre el saqueo de la ciudad durante la batalla de Bonanza, de la que se han cumplido 500 años. «Aquello fue terrible», incide. Fue el final de la germanía oriolana. «No sé por qué nos hemos educado en otra historia», subraya.

El pintor acaba de terminar un cuadro del que destaca la luz. | TONY SEVILLA

Una de sus grandes obras, según el propio Ortuño, es la baraja política, que se publicó en 1973 con caricaturas de los jefes de Estado y de Gobierno de todos los países desde la II Guerra Mundial, con la excepción -al estar prohibido- de Franco y Juan Carlos, del que llegaría a realizar el primer dibujo que se publicó en prensa, en la portada de Cambio 16. «El humor es una forma de ser. Es Cervantes, por ejemplo», opina. El Quijote lo tiene en la primera fila de la estantería. Cuando se aburre lee un capítulo. «Dichosa edad y tiempos dichosos aquellos que nuestros antepasados llamaron dorados no por el dorado metal, sino porque no existían estas dos palabras de tuyo y mío...», recita de carrerilla. «A continuación de esa maravillosa página Cervantes escribe que todo este largo discurso muy bien se podría haber omitido, y eso es sentido del humor», añade. Tampoco tiene desperdicio cuando Sancho se pregunta para qué ser gobernador de la isla Barataria si ya no puede comer lo que quiera. «Igual que los actuales políticos que se aprovechan», sentencia.

Está tan «desapasionado» que le cuesta elegir a quién caricaturizar. «Habría que hacer a Yolanda [Díaz], que se ha puesto de moda», subraya el que recibió de manos de Carrillo el carné del partido comunista. Ahora, argumenta, es más «de la hoz y el martini». Fan de esta «bebida de leyenda», muestra unas láminas con personajes que sostienen la copa martinera, como Dios y Adán brindando en la Creación de Miguel Ángel. También «lo religioso hay que llevarlo con humor», porque «ser un profesional del ateísmo me parece una gilipollez», aclara. En su opinión, las procesiones son un producto popular: «Las ha creado la gente cantando saetas y saliendo a la calle». De la Semana Santa le gusta «el follón», y sobre todo la de Orihuela, que es «luminosa y llena de color».

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