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Torrevieja destinará el edificio protegido de la calle Azorín a acoger dependencias municipales

El inmueble adquirido por el Ayuntamiento a través de una polémica permuta está abandonado desde 2011 - El alcalde Eduardo Dolón encarga un estudio de viabilidad para ubicar concejalías - Los bomberos actuaron el sábado pasado para evitar la caída de cornisas, voladizos y molduras de los balcones y la fachada

Intervención de los bomberos de Torrevieja para asegurar cornisas, voladizos y molduras de los balcones y fachada del edificio propiedad municipal y en estado de abandono H.Pamies

El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Torrevieja asegura que tiene previsto dar uso al céntrico edificio protegido de la «Asociación de Jubilados», en el número 20 de la calle Azorín, y que va a encargar un proyecto sobre las posibilidades de acoger dependencias municipales en función de su estado y adaptabilidad. El alcalde Eduardo Dolón (PP) indica que uno de los encargos previstos en el acuerdo marco para elaborar proyectos y obras, que ahora se está adjudicando, será el de valorar la viabilidad de instalar dependencias municipales en el edificio, aunque no quiso desvelar qué área municipal podría ser realojada.

El edificio no solo necesitaría este estudio previo, también una inversión relevante para su remodelación y adecuación a uso municipal. «No queremos generar expectativas que no sean reales, por eso no podemos decir todavía en qué se está pensando, pero uso en un futuro se le va a dar al inmueble y se están contemplando dos posibilidades», señala a INFORMACIÓN el primer edil. Fuentes municipales han barajado, aunque solo como una idea, que podría ser sede de la Concejalía de Fiestas.

El inmueble es testigo, junto a una media docena más que todavía se conserva en la trama urbana, de una característica tipología de arquitectura tradicional de Torrevieja de finales del siglo XIX, propia de la burguesía local. La falta de actuación municipal en este inmueble, al igual que ocurre en otros del patrimonio municipal como el antiguo hospital de las monjas o el viejo Ayuntamiento, es especialmente evidente durante este mandato en el que el Ayuntamiento se ha embarcado y sigue tramitando varias operaciones de compra de edificios y suelos con destino a engrosar patrimonio municipal.

Adquirió la antigua Fábrica de Hielo por 900.000 euros, y otro edificio completo en la calle Clemente Gosálvez por 600.000 para ampliar el Ayuntamiento. También tiene en su punto de mira el solar de la terminal de autobuses y el inmueble que alquila desde hace décadas como archivo municipal a un particular. Además ha adquirido los locales para consolidar la sede de una ONG local, aunque en este caso la propiedad ha ido a parar a la entidad y no al inventario municipal. Mientras algunas de ellas se terminan de cerrar, el estado de deterioro del inventario de inmuebles sin uso, con valor histórico para el municipio, va a más.

Este edificio de la calle Azorín está abandonado desde que pasó a manos municipales en 2011. El Ayuntamiento, en el último mandato de Pedro Hernández, lo asumió en un acuerdo de permuta a cambio de entregar un suelo municipal de uso industrial que luego se convirtió en el nuevo tanatorio de Torrevieja. La oposición siempre mantuvo que se trataba de un acuerdo de permuta muy poco ventajoso para las arcas municipales, que recibían un inmueble con limitaciones urbanísticas por su protección -algo demostrado por el paso de una década sin que se haya actuado-, a cambio de desprenderse de un suelo en un emplazamiento privilegiado en el polígono industrial que alcanzó un elevado precio de mercado.

El pasado sábado día 13 los bomberos de Torrevieja tuvieron que acudir a la finca para realizar tareas de saneamiento de cornisas, voladizos y molduras de los balcones del primer piso. Varios de los elementos de estos últimos sufren desprendimientos con frecuencia. Todavía hoy hay varias vallas municipales para evitar que los peatones pasen por debajo. El acceso principal está cerrado con rejas pero deja el paso a una nutrida colonia de gatos, mientras los roedores campan a sus anchas en el interior.

El área de Urbanismo cuenta con un departamento específico para requerir a los propietarios de inmuebles que cumplan las ordenanzas, con expedientes de infracción abiertos. Pero en este caso el primero en incumplirlas es el municipio, con mayor obligación si cabe para un edificio catalogado en el Plan General de 1986. Se da la coincidencia de que en el corto tramo de Azorín que discurre entre las calles Ramón Gallud y Caballero de Rodas se ubican tres edificios protegidos en la normativa urbanística que compiten en su lamentable estado de deterioro y por lograr un expediente de peligrosidad y ruina para eludir la protección patrimonial que les confiere el Plan General. Es el caso de este edificio la Asociación de Jubilados, el de enfrente de la antigua Posada del Parejo, propiedad del grupo inmobiliario oriolano Patrimi, que ubicó un aparatoso andamio para mantener la fachada y sacar adelante una promoción de pisos de lujo mientras el resto del edificio protegido se ha venido abajo. Y por último la casa de López Dols, propiedad de la Fundación del escritor y periodista y que a duras penas sigue en pie.

DE GRAN BAZAR A FINALES DEL SIGLO XIX A EDIFICIO OLVIDADO Y SIN USO

El edificio protegido al que el equipo de gobierno del Ayuntamiento asegura que quiere, por fin, dar uso, se levantó a finales del siglo XIXpor el comerciante local Ramón Samper, ligado a la floreciente burguesía local del comercio de cabotaje de finales de ese siglo y principios del XX. Cuenta con 319 metros cuadrados, planta baja y una altura. El inmueble acogió un popular establecimiento, el «Bazar El Siglo», un tipo de negocio que se popularizó en esa época en la ciudad, y que ofrecía un enrome registro de productos de calidad importados, según explica el cronista oficial de Torrevieja, Francisco Sala.

 Décadas después el bajo que ocupaba el bazar sucesivamente fue arrendado a las Nueva Compañía Salinas de Torrevieja para ser la sede de la Agrupación de Educación y Descanso del Grupo de Empresa. Según señala Sala, durante varios años sirvió también para llevar a cabo la venta de turrones en fechas cercanas a la Navidad. Funcionó como sede en los bajos de la «Asociación de Jubilados Unión Democrática de Pensionistas», y acabó volviendo a sus orígenes: como un «pequeño bazar», una tienda dedicada a la venta de artículos de «Todo a Cien», siendo declarado y catalogado el edificio como «casa protegida» en el Plan General de 1986 y adquirido por el Ayuntamiento a través de una permuta en 2011.

 

 

 

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