Ángel -nombre ficticio- se encontraba el domingo dando un paseo por una zona de cultivos y parcelas de recreo en Orihuela cuando vio una especie de vertedero improvisado con restos de lo que parecía un derribo. Enseguida algo le llamó la atención. Un objeto resaltaba entre los escombros de ladrillos.

Su sorpresa fue cuando escarbó un poco y halló una pieza de granito de unos 40 centímetros. "Más grande que una botella de agua de litro y medio", explica, y tan pesado -unos 30 kilos- que le costó acarrearlo. Se trataba de un escudo con los apellidos Valero y Tejero, y está en perfecto estado: "Se nota que lo quitaron con delicadeza porque el cemento de la parte de atrás está bien recortado", continúa.

Escudo de granito con los apellidos Valero Tejero hallado entre escombros

Escudo de granito con los apellidos Valero Tejero hallado entre escombros Información

Antonio José Mazón Albarracín (Ajomalba), autor de una conocida web con curiosidades históricas de Orihuela, se ha puesto manos a la obra para seguir tirando del hilo, sobre su posible origen y procedencia. Quién sabe si gracias a la "magia" de las redes sociales se pueda dar con el paradero de la familia.

Por si la familia está interesada en recuperarlo, han encontrado en un vertedero este escudo grabado con los apellidos Valero y Tejero.

Posted by Oriola vista desde el Puente de Rusia on Sunday, November 20, 2022

Después de publicar el hallazgo, algunos ya se han lanzado a la aventura de indagar en la historia. "En la Diócesis de Orihuela, no consta ningún Valero Tejero, al menos con anterioridad a 1912", ha escrito un usuario, mientras que una vecina ha repasado su árbol genealógico: "Tengo un antepasado de 1775 que es de segundo apellido Valero; su madre es Ángela Valero Murcia, de 1758 de Catral, y su padre Jacinto Valero Aniorte, de Callosa de Segura, pero no sé si tiene algo que ver".

Ángel, que prefiere seguir en el anonimato y no dar demasiadas pistas de dónde encontró el blasón, cuenta que siempre se ha sentido atraído por los objetos antiguos, incluso restaurando alguno de ellos, pero que le hubiera hecho más ilusión si fueran sus apellidos. Ahora, se plantea llevarlo a un museo para que determinen su valor y se pueda exponer si realmente tiene interés.