El próximo 15 de diciembre cumple 40 años el Conservatorio Profesional de Música de Orihuela. Por sus aulas han pasado unos 8.000 alumnos. En este curso hay matriculados 347, incluyendo la escuela de danza. Fue ese día de 1982 cuando se publicó el real decreto por el que el Ministerio de Educación le daba validez académica oficial.

Antes, en agosto de 1981, la prensa local dio cuenta de la constitución de un patronato gestor. Su precursor, Manuel Berná, que llegaría a ser el primer director, dijo entonces que sería un centro independiente de los de Murcia y Alicante: "De y para Orihuela y su comarca, pues es lo menos que puede aspirar una zona como la nuestra en la que hay media docena de músicos por kilómetro cuadrado y que tiene una tradición como la nuestra".

El BOE publicó el real decreto el 15 de diciembre de 1982

El BOE publicó el real decreto el 15 de diciembre de 1982

Con la colaboración del entonces concejal de Cultura, Alfonso Alfonso Gálvez, el patronato fue una realidad en octubre de ese año. Después llegó su apertura, gracias a la aportación de 3 millones de pesetas por parte del Ayuntamiento -aunque se habían pedido más de 5-, con "una demanda y afluencia de consultas y matrículas que obligó a ampliar el plazo", según recogió la prensa.

Primero se ubicó en el Palacio de Rubalcava, después en el centro cultural Miguel Hernández, más tarde en el IES Tháder hasta la sede actual en la Lonja, con 28 aulas de música y 29 de danza.

Actas del primer consejo rector del patronato, en octubre de 1981

Actas del primer consejo rector del patronato, en octubre de 1981

Lo que empezó con 13 profesores y cuatro especialidades -viola, clarinete, acordeón y piano- ahora son 25 docentes que enseñan clarinete, flauta travesera, guitarra, oboe, percusión, piano, saxofón, trombón, trompa, trompeta, viola, violín y violonchelo, además de asignaturas comunes como armonía y lenguaje musical, en elemental (de 8 a 12 años) y profesional (de 12 a 18).

Pruebas de acceso

Las pruebas de acceso son como "una primera oposición", explica Juan Manuel Zaragoza, director desde 1997. Normalmente cantan el cumpleaños feliz, "Debajo de un botón" o alguna canción de actualidad. Se valora la actitud, el oído, el ritmo y la entonación, y en función de la puntuación eligen instrumento. Los más demandados son violín, piano y guitarra.

Zaragoza empezó a estudiar saxofón con 12 años y desde hace 30 enseña "con gran ilusión" esa especialidad. Es "un sueño de niño hecho realidad", define. Como puede serlo el de muchos otros. Cuenta con orgullo que antiguos alumnos ahora son profesores en Alemania, Estados Unidos, Holanda... También recuerda a otros que ahora destacan en la música pop, como Aarön Sáez, componente de Varry Brava, que estudió en el centro guitarra, especialidad que ahora cursa su madre, o Adolfo Arronis, que dirige la orquesta joven de Torrevieja.

Actuaciones internacionales

"Ha supuesto un empuje importante para el municipio, ya que vienen alumnos de muchos otros municipios a estudiar aquí", continúa, al mismo tiempo que recuerda la repercusión internacional con las actuaciones del Coro Ginés Pérez de la Parra en Notre Dame (París), Rovaniemi (Laponia), el Vaticano (Roma), la Sagrada Familia (Barcelona) y la Catedral de San Esteban (Viena).

El pasado día de Santa Cecilia, patrona de los músicos, se inauguró en la Lonja una exposición fotográfica que rinde homenaje a todas las personas que han formado parte de la institución a lo largo de estos 40 años. Se puede visitar hasta el día 15, cuando habrá un concierto a cargo de la orquesta, banda y coro del conservatorio, a las 19.00 horas, en el Teatro Circo. El día 14, se ofrecerá un recital de piano a cargo de Marianna Prjevalskaya en el auditorio de La Lonja a las 20.00 horas.

Así se cerrará un aniversario que servirá para fijar nuevos objetivos y metas con el Ayuntamiento, como en 1981. Porque con el eco de las palabras de Berná en aquel año, hoy -41 años después- el director del centro afirma que "la Vega Baja no se entendería sin las bandas de música", como Orihuela no se comprendería sin su conservatorio ni la vida sin la banda sonora de momentos e instantes irrepetibles.