RECURSOS HÍDRICOS
El déficit hídrico se cebará con el Baix Vinalopó y la Vega Baja el próximo año
El climatólogo Jorge Olcina señala que la provincia podría entrar en un ciclo seco y que el cambio climático urge un plan B para cubrir la demanda de caudales

Explotaciones agrícolas de La Murada en Orihuela regadas por el trasvase Tajo-Segura / Tony Sevilla
Las reservas de agua en los embalses, en especial en la cuenca del Segura, no hacen presagiar una salida a la situación de sequía actual, en especial en la Vega Baja y el Baix Vinalopó. Todo lo contrario. El año hidrológico que termina ha sido el segundo más seco de la última década.
Análisis y soluciones
Agricultores y expertos coinciden en la necesidad de reaccionar ante el déficit hídrico estructural de la provincia, pero esta sintonía acaba en la descripción del problema y no se da en las soluciones que se plantean. Los regantes, ya dependan del trasvase Tajo-Segura o sean usuarios del Júcar-Vinalopó, insisten en que el agua es una materia que debe tratarse como la energía, que se comparte sin etiquetar su origen.
Júcar
Lejos de ser cosa del pasado, los trasvases continúan viéndose como la panacea. Se despliegan inversiones multimillonarias para la llegada de nuevos aportes del Júcar a los valles del Vinalopó, medida que debería recuperar los sobreexplotados acuíferos que han servido a su agricultura en las últimas décadas. Mientras, se sigue mirando al cielo.
Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Alicante (UA) y climatólogo, señala que se ha superado un año hidrológico seco en el conjunto de las cuencas del Júcar y Segura, con algunas comarcas en condiciones de sequía grave. Pero todavía puede ir peor. Los modelos estacionales hasta diciembre señalan una prolongación de estas condiciones de lluvias por debajo de lo normal en el este y sureste peninsular. «Si se cumplen, entraremos en un ciclo seco», advierte. Aunque matiza que «como sabemos -y en el campo también lo saben muy bien-, estas previsiones se rompen en nuestra zona porque puede acontecer una situación de DANA, que se forman en 24-48 horas y te alteran la estadística pluviométrica totalmente».

Embalse de La Pedrera en Orihuela / Áxel Álvarez
Demanda
Los estudios sobre demanda de agua en la provincia coinciden en que siempre estará en déficit hídrico. Las aportaciones pluviométricas nunca son suficientes para atender las demandas existentes, especialmente las agrarias. Una situación de déficit estructural cuya solución debe, sin embargo, analizarse por comarcas. Los rasgos pluviométricos son muy diferentes entre el norte y el sur de la provincia. La escasez de recursos se ceba especialmente con la Vega Baja y el Baix Vinalopó que, con una media de precipitaciones de 300 litros por metro cuadrado, concentra la mayor demanda de agua de regadío, además de una gran densidad de población.
El catedrático enfatiza la importancia de la interconexión entre sistemas de distribución de agua. «Ya hemos visto qué ocurre en la Marina Alta cuando faltan las lluvias y cada municipio va a lo suyo. Asistimos a imágenes inconcebibles de reparto de garrafas de agua en verano, con la mala imagen turística que ello genera».

Azud de Lo Huertos en la entrada del río Segura en Orihuela, que riega la huerta tradicional / Áxel Álvarez

JORGE OLCINA : "EN EL ACTUAL CONTEXTO DE CAMBIO CLIMÁTICO VAN A SER IMPOSIBLES NUEVOS TRASVASES"
El catedrático Jorge Olcina considera que la provincia tiene en su mano la posibilidad de abandonar el actual modelo de planificación del agua basada en la oferta continuada de recursos con agua procedente de la lluvia. «Tenemos que ser cada vez menos dependientes de la lluvia y generar recursos que permitan asegurar las demandas existentes, porque es un mandato que nos exige la Ley de Cambio Climático de 2021», recuerda. En el actual contexto de cambio climático, señala, «van a ser imposibles nuevos trasvases, salvo que se produzcan, en todo caso, dentro de una misma demarcación hidrográfica».
Porque las lluvias, explica, van a ser cada vez más irregulares y «no podemos programar inversiones millonarias para conducir un agua sobrante que no va a existir». El catedrático considera que hay que apostar «indiscutiblemente por mejorar la gestión de los recursos existentes, por incorporar recursos procedentes de la depuración, la desalación y en el medio urbano también las aguas pluviales recogidas en depósitos de gran capacidad».
La eficiencia de sistemas consorciados como la Mancomunidad de Canales del Taibilla o el Consorcio de la Marina Baixa deben servir de ejemplo según este experto en el resto de comarcas. Olcina es claro y rotundo: «El problema de la falta de agua en la provincia no se va a solucionar con más trasvases. Mantener ese discurso es no atender a la realidad pluviométrica de nuestro país, que está siendo alterada por efecto del cambio climático». Una alteración que está haciendo bascular la disponibilidad de recursos desde el interior al litoral. «Hasta ahora la montaña interior ha sido la gran abastecedora de agua. A partir de ahora hay que ser conscientes de que los núcleos urbanos (depuración) y la franja costera (desalación) van a convertirse en las grandes suministradoras de recursos de agua», alega. La escasez de precipitaciones afectará a la disponibilidad de caudales en las cabeceras del Tajo y el Júcar, y en este contexto los trasvases serán difíciles de mantener.
El catedrático enfatiza la importancia de la interconexión entre sistemas de distribución de agua. «Ya hemos visto qué ocurre en la Marina Alta cuando faltan las lluvias y cada municipio va a lo suyo. Asistimos a imágenes inconcebibles de reparto de garrafas de agua en verano, con la mala imagen turística que ello genera». Pide el impulso de entidades como la Mancomunidad de Aguas del Taibilla o el Consorcio de la Marina Baixa
Se muestra categórico en la necesidad de cambiar el modelo de planificar y gestionar el agua. «Si no lo queremos ver, estamos condenados a desabastecimientos, cortes de agua y promesas eternamente incumplidas». Y habla de un plan B para aprovechar aquellos acuíferos ofrecen buenas reservas y están aún lejos de su nivel de sobreexplotación (especialmente en la Marina Alta y en el Alcoià-Comtat): la reutilización al 100% del agua residual depurada. Y la desalación para uso urbano y agrario. "No podemos menospreciar, como se hace este recurso, porque va a tener un protagonismo creciente en todo el litoral y el sur de la provincia".
Pero remarca que con este objetivo es necesario reducir el coste final del agua desalada con energía solar e investigación "para que no genere rechazo su uso". Y recuerda que "muchas ciudades de la provincia están bebiendo ya por la aportación complementaria del agua desalada en sus sistemas de abastecimiento". La agricultura debe ir preparándose para incorporar el agua desalada, agrega y ya hay investigaciones que trabajan en la reducción del boro para el uso agrario del agua desalada "con plenas garantías".
"No querer trabajar en esta línea, es querer seguir manteniendo a la gente en el engaño de futuras traídas de agua foránea que cada vez va a ir a menos, no a más, básicamente por causa climática. El contexto de cambio climático nos obliga a cambiar nuestra manera de planificar y gestionar el agua. Se quiera o no, esto va a ser así», remarca.
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