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Orihuela echa las campanas al vuelo

La empresa de campaneros que trabaja para el Obispado las retira de la torre para restaurarlas después de que la mayor, de más de 1.300 kilos, se cayera en plena misa de Domingo de Ramos

Loreto Mármol

Loreto Mármol

La Catedral de Orihuela se ha quedado sin campanas. Las cinco han descendido con una grúa 90 metros desde su torre campanario bajo la atenta mirada de los operarios que han llevado a cabo un meticuloso y arduo trabajo hasta depositarlas en el camión que las ha transportado al taller de la empresa de campaneros que trabaja para el Obispado para restaurarlas, tal y como avanzó este periódico. Ahora se someterán a un proceso para cambiar los yugos a madera, fundir una de ellas, que estaba rajada, y limpiarlas con chorros de arena para dejarlas como en su origen.

Estaban castigadas desde que una, la mayor, cayó el Domingo de Ramos hasta el punto de que no sonaron ni para anunciar con júbilo la llegada del nuevo papa León XIV como sí hicieron otras en la ciudad y en toda la comarca, pese a que la seo oriolana, situada en pleno centro histórico de la capital de la Vega Baja y de la Diócesis, es la iglesia madre de todas las parroquias y comunidades, su corazón espiritual y uno de los principales templos históricos de la Comunidad Valenciana. De hecho, está declarada como Bien de Interés Cultural con categoría de monumento.

El trabajo de restauración consiste en cambiar los yugos a madera y limpiarlas con chorros de arena para dejarlas como en su origen

Durante la celebración de la Eucaristía del Domingo de Ramos, que se había trasladado de la Glorieta Gabriel Miró al interior de la catedral por la lluvia, se desprendió de su eje la campana mayor, llamada Santa María de Monserrat, la de más peso (1.362 kilos). La rotura de los rodamientos del eje produjo que quebrase por los lados que se unen al muro e implosionase, cayendo en vertical al interior de la estancia de las campanas.

Rotura

En este caso se rompió una parte de los ejes que no dan la cara exteriormente, pero que en ningún caso se hubiera producido un peligro fuera de la estancia de las campanas, aseguró en un comunicado el Museo Diocesano de Arte Sacro. En otras palabras, fue un milagro que no cayera hacia la calle en plena misa oficiada por el obispo, José Ignacio Munilla, tras la bendición de las Palmas en la parroquia de las Santas Justa y Rufina.

Desde entonces, la campana siniestrada permanecía sujeta con una polea sobre los soportes que ya existían desde la construcción de la torre. Al mismo tiempo, la empresa realizó el proyecto de restauración de todas las campanas, adecuando los yugos, badajos, enclaves, motores y rotores a los últimos adelantos. El plan, según el párroco de la seo, José Antonio Martínez, es ir usando las que se vayan restaurando, en un proceso que se realizará poco a poco, según el presupuesto.

La campana siniestrada permanecía sujeta con una polea sobre los soportes que ya existían desde la construcción de la torre

Mientras, se está finalizando el proyecto arquitectónico de la torre, por lo que se ha apuntado el interior y se está estudiando si la caída de la campana ha repercutido en la seguridad de la bóveda, así como si las hondas de resonancia de las campanas han perjudicado la solidez de las estancias de las campanas.

Las campanas

La torre es la parte más antigua de la seo oriolana, que comenzó su construcción a finales del siglo XIII y fue en el XIV cuando se amplió tanto en altura como en anchura. Una sala contiene las cinco campanas para uso litúrgico: Sal­vador mundi (182 kilos), de 1697; Jesús, María y José (182), de 1716; María de Monserrat (1.362), de 1782, fundida por Pascual Roses; y María del Rosario (614) e Inmaculada Concepción (368), ambas fundidas en 1925. En la matraca, que tiene forma de doble rueda con aspa, se pueden apreciar varios graffitis con nombres probablemente de campaneros.

En otra sala se encuentra la campana gótica de las horas de la Virgen María y de San Miguel (1.131 kilos) y el timbre de los cuartos (296), mientras que otra estancia alberga la maquinaria del reloj, construida en 1740 por el maestro cerrajero y relojero Antonio Felipe, en la que figura la frase "Francisco Serrano año 1875", que pro­bablemente corresponda a una reparación realizada. Esta maquinaria está considerada una de las más importantes de la Comunidad Valen­ciana por su antigüedad y singularidad.

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