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Los bandoleros reconquistan Orihuela

La Entrada Cristiana, liderada por los Contrabandistas, pone fin por todo lo alto a las fiestas con un desfile muy colorido lleno de volantes, madroños, armas y asaltos que ha dejado momentos cargados de emotividad

Entrada Cristiana en Orihuela

Matías Segarra

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Loreto Mármol

Loreto Mármol

El bando de la cruz, vencedor de la Reconquista de Uryula, llegó desde las atalayas del castillo al ritmo de pasodobles, inundando las calles este sábado de volantes, madroños y "caballicos", porque este año los Contrabandistas vencieron a Benzaddon al compás de su característico Paquito El Chocolatero, que siempre los acompaña. Un desfile de la Entrada Cristiana con la que se cerraban por todo lo alto las fiestas de este año en Orihuela.

El blanco, negro y rojo propios de esta comparsa que se fundó en 1974 -por aquel entonces integrada dentro de la desaparecida Agrupación Armengoles- desfiló con un orden de filas desde la más reciente a la más antigua.

Abrió un caluroso boato, a más de 30 grados, el escudo del embajador, un contrabandista encumbrado sin mostrar su rostro, haciendo honor a estos personajes escurridizos y misteriosos, portando trabuco y navaja, y con el bordado de flores típico de sus trajes desde el comienzo de las fiestas, dando paso a cuatro caballos de Cándido Pina, del barrio oriolano San Carlos. No en vano, los bandoleros dependían de estos animales.

Después, las bailarinas de Solera Ballet de Caudete representaron lo que identifica a la comparsa, la navaja y la manta. La pólvora y hasta la invasión napoleónica con un ejército a cargo de la Asociación Napoleónica Valenciana, de Algemesí, también se hicieron presentes, así como la mujer bandolera como símbolo de resistencia, demostrando valor y desafiando a la sociedad que le tocó vivir. Como Agustina de Aragón, que consiguió la retirada de los soldados de Napoleón, con el delantal que llevó en 2003 la Armengola, Pilar Murcia Mojica, mujer del embajador, Vicente Calderón Muñoz, con un bordado en homenaje a las Santas Justa y Rufina, que aparecieron en forma de luceros para iluminar la hazaña de la heroína oriolana, incluyendo una fila compuesta solo por mujeres, todas ellas Armengolas, y otra fila con sus maridos, los Pedros Armengoles.

Tampoco faltaron la Puerta de la Olma -una de las diez puertas de entrada a Orihuela-, la Gloriosa Enseña del Oriol, la portada principal de la Iglesia de las Santas Justa y Rufina y la Esquina del Pavo. Ni un teatro de animación representando un asalto contrabandista. Los bandoleros dirigidos por su capitán ocupan sus puestos. El asalto está a punto de comenzar. Un cara a cara con los altos rangos será suficiente para acabar con la injusticia y la opresión de unos altos impuestos reclamados por los señores feudales dejando a sus vasallos al borde la miseria. 

El ballet de Ana Belén Navarro, Armengola de este año interpretó Toreador, celebrando la valentía, para dar paso a la abanderada, Galilea Calderón Murcia, hija de los embajadores.

El espectáculo tuvo momentos emotivos como la fila formada por los fundadores de la comparsa -de aquellos muchachos que comenzaron la andadura solo quedan dos-, que fue la que escoltó la carroza de estilo bandolero del embajador y su mujer, con su nieta, Alma Hernández Calderón, como representación del futuro de la fiesta.

Todos delante de la torre taifal con la Unión Musical de Benidorm interpretando el 75 aniversario de los Contrabandistas Mirando el cielo, un tema elegido por el embajador en recuerdo de su hija Pilar, que falleció en 2012, que también estuvo presente en el botín de un carro bandolero: un enorme lienzo con su imagen envuelta por una réplica del marco del famoso cuadro de La tentación de Santo Tomás Aquino, de Velázquez, que se conserva en el Museo Diocesano de Arte Sacro.

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