Arranca la quinta campaña arqueológica en busca de las fosas comunes del campo de concentración de Albatera
Se reanudan los trabajos que se estaban realizando de forma ininterrumpida desde 2020 tras un parón de un año con el Gobierno de PP y Vox en la Generalitat

Tony Sevilla
Arranca la quinta campaña arqueológica en el campo de concentración de Albatera tras un parón de un año en el que la Generalitat, gobernada por el PP y Vox, no convocó subvenciones, interrumpiendo los trabajos que se venían realizando cada año desde 2020 sobre una tierra salada y a ratos inhóspita que es también un lugar de memoria marcado por el dolor y la violencia.
En esta ocasión, la Conselleria de Justicia ha otorgado una de las seis ayudas que se han dado en toda la Comunidad Valenciana destinadas a la búsqueda, localización y exhumación de fosas comunes, que "es lo que estamos haciendo aquí también", explica el historiador y arqueólogo Felipe Mejías.
En total, 14.400 euros, que realmente descontando el IVA y el IRPF se quedan 10.000. "Es menos de la mitad de lo que nos han dado otros años", añade al mismo tiempo que indica que "esto nos permite seguir trabajando, pero con la mitad del equipo, que se ha reducido de seis o siete a tres o cuatro dependiendo de los días, para continuar con un proyecto que tiene una doble vertiente.
Por un lado, están estudiando las instalaciones del campo y, por otro lado, van tras la pista de las fosas comunes de los asesinados o fusilados en uno de los campos de la represión franquista. "Tenemos testimonios de propietarios de tierras que en los años 60 y 70 encontraron restos humanos, y estamos buscando esas fosas".
Así, han comenzado a prospectar varias zonas, sobre todo poniendo el foco en un espacio situado estratégicamente entre el ferrocarril de Alicante-Murcia y el lugar donde estaba el campo de concentración. En todos estos años Mejías y su equipo ha documentado los restos de la vida en el campo, pero sobre todo munición disparada de pistolas y revólveres de diferentes calibres que no son armas del ejército, sino que probablemente pertenecieran a civiles y paramilitares.
"Sabemos que los falangistas visitaban a diario el campo para hacer sacas, para sacar a prisioneros para llevarlos a sus pueblos, pero hay muchos testimonios de prisioneros que cuentan que se oían los disparos y que los asesinaban cerca del campo", prosigue el historiador. "Pues esa munición la estamos localizando y estamos trabajando en esa zona", añade.

Trabajos arqueológicos, en una imagen de archivo / Eloy Poveda
Tienen previsto trabajar durante todo este mes, dependiendo de los recursos y de una compleja logística que limita la posibilidad de acceder a las parcelas, ya que aún se está gestionando con algunos propietarios y además hay que labrarlas porque están abandonadas.
En pocas horas de trabajo, ya han localizado munición, alguna moneda, lacres de plomo -de las cajas de munición o suministros- y víveres. Porque esta tierra removida una y otra vez por tractores desde hace décadas, con huertos de granados y palmeras que se alternan con el cultivo intensivo de verduras, está también, literalmente, sembrado de una munición que habla sobre las dinámicas represivas.
De las 14 hectáreas, se han prospectado casi 11 desde 2020, incluyendo zonas de fuera del perímetro, cerca de las alambradas, donde se ha encontrado material casi más interesante que dentro, puesto que es donde estaban los puestos con ametralladoras y había visitas diarias de mujeres.

Vista área de la superficie excavada / Eloy Poveda
Entre los hallazgos más importantes se encuentra uno de los, al menos, cinco barracones que había en la entrada, pudiendo observarse perfectamente la estructura de 60 metros de longitud por 7 de ancho. Esto permitía, en opinión de Mejías, la reconstrucción del espacio para convertirse en un lugar de memoria y un museo.
De hecho, el anterior Consell había reservado una partida de 120.000 euros de los presupuestos participativos para la compra de la parcela privada donde habían aparecido los restos, con la idea de hacer un centro de interpretación y llegar a ser el primer campo de concentración en poder visitarse en España. Sin embargo, este proyecto se malogró con el cambio de Gobierno hasta el punto de que a finales de 2023, durante la cuarta campaña, tuvieron que tapar la estructura, ya que había que reintegrar el terreno a su estado original, a la espera de que la Administración autonómica lo adquiriese para asegurar la continuidad de estos trabajos.
El equipo también ha analizado un vertedero de desperdicios de la época, algo que aporta valiosa información, por ejemplo, sobre la dieta y enfermedades.

Tercera campaña arqueológica en el campo de concentración de Albatera / TONY SEVILLA
Además, se han encontrado multitud de monedas, insignias y hasta objetos de valor, entre ellos un broche de piedras preciosas para coger un chal o un moño, un anillo de plata sobredorada, un reloj suizo de bolsillo Movado Ermeto que detuvo su marcha a las 8.30 horas o un anillo de oro infantil. Solo en 2022 registraron más de 3.500 piezas y documentaron más de 400 objetos.
No en vano, los prisioneros fueron expoliados de todos los objetos de valor que llevaban encima nada más ingresar en el campo. Muchos los entregaban bajo amenaza de muerte, pero otros los escondían y enterraban como forma de resistir.
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