Orihuela se convierte en laboratorio frente a terremotos: ¿Cómo resistiría el colegio Santo Domingo?
La ciudad acoge a expertos en unas jornadas internacionales que analizan los riesgos ante emergencias naturales para aumentar la resiliencia del territorio

Fachada del Colegio Diocesano Santo Domingo / Información
La mayor peligrosidad sísmica de la Comunidad Valenciana se concentra en la Vega Baja. Zonas de este territorio se han visto afectadas por grandes terremotos, como el de Torrevieja, con magnitud 6,5, que el 21 de marzo de 1829 causó cientos de muertos y heridos, y destruyó la mayor parte de las viviendas.
Orihuela, capital de la comarca, ha sufrido históricamente terremotos bastante intensos y es conocida por su exposición a las inundaciones. La ciudad ha padecido episodios recientes como la dana de 2019, que dejó 346,2 mm de lluvia en un solo día y paralizó el término municipal.
Este escenario convierte a la ciudad en un laboratorio real para estudiar evacuaciones, acceso a infraestructuras críticas, impacto en patrimonio histórico y planificación territorial en emergencias naturales.
Por ello, se ha convertido en epicentro de las IV Jornadas Internacionales de Sensibilización frente al Riesgo Sísmico, que se desarrollan este jueves y viernes en el auditorio La Lonja. El encuentro reúne a especialistas de prestigiosas instituciones europeas, junto a investigadores de la Universidad de Alicante (UA) y técnicos municipales, para analizar la prevención, planificación y respuesta ante terremotos, tsunamis, inundaciones y episodios meteorológicos extremos.

Inauguración de las jornadas / Información
Así, buscan contribuir a la reducción del riesgo de desastres naturales mediante la transferencia de conocimiento entre la comunidad científica, servicios de emergencia, administraciones y ciudadanía, con el objetivo de aumentar la resiliencia del territorio.
Las jornadas están organizadas por un comité científico y técnico, entre ellos se encuentran investigadores de la UA, la Universidad Politécnica de Valencia, instituciones científicas de Italia, Noruega e Islandia, así como personal técnico del Ayuntamiento de Orihuela.
El investigador Sergio Molina, profesor de la UA, ha indicado que el caso de Orihuela y la Vega Baja se han convertido en un punto clave para el estudio internacional de riesgos naturales porque "es un territorio ejemplar para el análisis científico: ha sufrido eventos extremos, tiene patrimonio vulnerable y crecimiento urbano acelerado. Eso la convierte en un laboratorio excepcional para diseñar estrategias eficaces de protección civil".
Molina ha subrayado también la necesidad de incorporar tecnología aplicada, ya que "hoy podemos anticipar el comportamiento del terreno en un terremoto, simular un tsunami o medir el movimiento de un edificio en tiempo real. La tecnología ya no es futura, es la herramienta que puede salvar vidas hoy".
Resistencia del colegio Santo Domingo
En este contexto, Arianna Guardiola, de la Universidad Politécnica de Valencia, ha presentado el estudio Vulnerabilidad sísmica del patrimonio histórico, poniendo como ejemplo el colegio Santo Domingo, que ha soportado tres terremotos y varias inundaciones a lo largo de la historia.
Así, se evalúa cómo de vulnerable es este centro educativo concertado al que acuden diariamente más de 1.600 alumnos de entre 3 y 17 años si se produjera un terremoto de gran magnitud, analizando mediante una herramienta informática el mecanismo de colapso más probable en diferentes escenarios.
El estudio concluye que la vulnerabilidad sísmica es muy alta para el 21% de la superficie de las fachadas, siendo alta para el 51%, media para un 25,4% y baja para apenas el 2,3% de la superficie. Esta especie de ranking permite, además, clasificar las prioridades de intervenciones futuras teniendo en cuenta que los recursos económicos son limitados.

Claustro del colegio en la pasada edición de la Noche de la Economía / Áxel Álvarez
Estructura
El conjunto arquitectónico, de más de 15.000 metros cuadrados, se construyó hace más de 400 años a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, siendo declarado Monumento Nacional en 1931 y catalogado como Bien de Interés Cultural. Desde los inicios ha sufrido colapsos, eventos sísmicos, problemas estructurales, humedades y varias inundaciones, por lo que ha sido objeto de más de proyectos de reparación o rehabilitación redactados entre 1940 y 2023.
Para este análisis, ha sido imprescindible para los investigadores bucear en distintos archivos históricos para trazar la historia constructiva del edificio desde el punto de vista estructural, desde los orígenes hasta nuestros días, además del análisis de la calidad de sus muros y su resistencia al presentar humedades por estar a las faldas del monte de San Miguel.
Sin embargo, "a pesar de necesitar importantes mejoras dado su estado de conservación, no todas las actuaciones propuestas se han llegado a ejecutar, probablemente por motivos económicos", afirma el documento, que ha tenido en cuenta la protección y conservación del valor patrimonial, cultural y social del edificio, además de la seguridad del alumnado.
Por ello, los resultados de esta investigación ponen de relieve las prioridades en materia de prevención y refuerzo del conjunto arquitectónico, determinando los mecanismos de daño más probables en caso de sismo.
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