La Catedral de Orihuela vuelve a tener voz
Las cinco campanas de la seo regresan tras siete meses de ausencia y un proceso de restauración después de que la de mayor tamaño se cayera en la misa del Domingo de Ramos
Las piezas de los siglos XVII y XVIII se exhibirán en el Museo de Arte Sacro con una exposición temporal antes de que se coloquen en la torre

Campana sobre campana: las cinco campanas de la Catedral vuelven a Orihuela tras su restauración / Áxel Álvarez
Sus sonidos son auténticos códigos de comunicación. A veces, con un lenguaje característico en cada territorio, y siempre testimonios sonoros que se preservan de siglos anteriores.
Decía el cardenal Girod, en sus sermones del siglo XIX, que la campana es la voz de la humanidad, "desde las profundidades de un valle de lágrimas y exilio, eleva hasta el trono del Eterno tanto el gemido del dolor y el grito de la angustia como los anhelos de esperanza y amor". Fueron la voz del pueblo, y también de los templos. "Talismán protector, emblema de poder, símbolo de la cúpula celeste, representación de la armonía, mensajera de los tránsitos humanos, conjuro contra demonios, escudo contra el rayo", describía el historiador Enrique Máximo.
Las campanas de la catedral han regresado este jueves por Navidad. Asómate a la ventana, Orihuela, que las campanas ya están en casa. Que los ángeles tocan, que nuevas las traen. Después de que una de las cinco se cayera en plena misa de Domingo de Ramos, con la suerte -o milagro- de que lo hiciera hacia dentro de la torre, sin que hubiese que lamentar daños, el Obispado inició un proceso de restauración.
A finales de mayo, las cinco campanas catedralicias descendieron con una grúa los 90 metros que hay desde la cumbre del campanario para trasladarlas a los talleres Tradición en Relojes y Campanas de Murcia, la empresa de campaneros que trabaja para la Diócesis y que ha sido la encargada de llevar a cabo la mejora, fundiendo una de ellas, que estaba rajada, y limpiándolas con chorros de arena para dejarlas como en su origen.
Aparte de la restauración de los metales, se han incorporado los yugos de madera, tal y como fueron concebidos y usados en sus orígenes. Este tipo de yugo es menos dañino para el uso de las campanas, pero fueron sustituidos por los metálicos que finalmente se han eliminado para recuperar mejor sonoridad y practicidad, protegiendo a las propias campanas y la torre.
El campanario es la parte más antigua de la seo oriolana, que comenzó su construcción a finales del siglo XIII y fue en el XIV cuando se amplió tanto en altura como en anchura. Una sala contiene las cinco campanas para uso litúrgico, algunas de ellas con carácter de talismán -protectoras ante los infortunios del pasado y el presente-: Salvador mundi, de 1697 (182 kilos); Jesús, María y José, de 1716 (182); María del Rosario (614) e Inmaculada Concepción (368), ambas fundidas en 1925, y María de Monserrat, de 1782, la de mayor peso, con 1.362 kilos, que fue precisamente la que se desplomó. La rotura de los rodamientos del eje produjo que quebrase por los lados que se unen al muro e implosionase, cayendo en vertical al interior de la estancia de las campanas. Es también una de las más relevantes desde el punto de vista histórico-artístico y patrimonial de la seo oriolana.
Exposición
Las cinco piezas recién restauradas del siglo XVII y XVIII se exhibirán en la exposición temporal Campanas. La voz de Dios, que se inaugura este viernes a las 18 horas, bajo la dirección de José Antonio Martínez García -párroco de la seo-, en el claustro del Museo Diocesano de Arte Sacro para que el público las pueda ver de cerca y hasta tocar antes de que regresen a la torre campanario, que no será antes de febrero como mínimo.
Espectaculares, en color bronce dorado, y sorprendentes por su gran tamaño, es una muestra impactante y "una oportunidad única", explican los comisarios de la exposición, Mariano Cecilia y Gemma Ruiz, también conservadores del museo, que este año apuesta por esta actividad en lugar de exponer el Belén Napolitano, que en esta ocasión se muestra en Valencia por decisión de sus propietarios, la Fundación Pedrera.
Así, se podrán observar de cerca estas joyas materiales que guardan lo intangible, un patrimonio inmaterial de gran relevancia que se podrá disfrutar contextualizado con documentos históricos, así como otras piezas artísticas como la Cruz de los Conjuros, del siglo XVIII, y las tres campanas góticas de la rueda de la seo oriolana, descubiertas recientemente.
La campana talismán o de conjuros María de Monserrat fue realizada en 1782 por Pascual Roses, tal como se documenta en una inscripción en la pieza. Este maestro fundidor, natural de Benisoda (Valencia), es autor de otras piezas en la antigua Gobernación de Orihuela como es el caso de la campana "Nuestra Señora del Carmen y San José", de la localidad de Benijófar (1791), refundida en 1974, y en el ámbito del antiguo Reino de Valencia se documentan como suyas, según el Gremi de Campaners de Valencia, la campana mayor de Llíria (1783).
Función
Su funcionalidad estaba ligada a los rituales de conjuro que se realizaban en la catedral en momentos de infortunios: sequías, lluvias torrenciales, inundaciones, pedrisco, epidemias, pestes, plagas de langosta… con el fin de exhortar a Dios, a la Virgen y los Santos su protección ante estas calamidades.
Su nombre está inscrito en valenciano, en referencia a la patrona de la ciudad de Orihuela, imagen históricamente vinculada con el Cabildo Catedralicio. En ella se representan distintos elementos cargados de una fuerte carga simbólica y relacionados con su función ritual como campana de conjuros. Destaca la presencia de una cruz situada sobre un calvario escalonado, y alrededor la inscripción latina "Esta es la cruz del Señor. Huid los enemigos", en referencia a la antífona de la Exaltación de la Cruz y del responsorio de la Invención de la Santa Cruz, también atribuida a una oración dada por San Antonio para protección contra el demonio.
Además, se aprecia la imagen de Cristo Salvador, advocación principal del templo catedralicio, en su representación clásica: Cristo sostiene una bola del mundo con la mano izquierda y bendice con la derecha con la inscripción "Para alabanza de Sión, la Santa Iglesia Oriolana".
Hay que recordar, apuntan Cecilia y Ruiz, que la Catedral de Orihuela adoptó desde la conquista cristiana las advocaciones del Salvador y Santa María. En este caso, se optó por representar, y también llamar a la campana con la advocación particular de la patrona de la ciudad, María de Monserrate, en su versión valenciana, por aquellos años en desuso, tras la abolición de la lengua del antiguo Reino de Valencia al finalizar la Guerra de Sucesión. En este sentido, se representó a la Virgen junto a la inscripción "Tú eres la honra de nuestro pueblo".
La Cruz de los Conjuros
Hasta bien entrado el siglo XVIII se empleó el Lignum Crucis para estos rituales hasta que el Cabildo Catedralicio unificó las reliquias de santos y mártires con las astillas de la Cruz de Cristo, en una pieza única de plata con la función específica de ser utilizada exclusivamente en los rituales de conjuro. Su origen se remonta al 13 de enero de 1738.
A partir de ese momento, se denominó como la Cruz de los Conjuros cuya función queda atestiguada en los distintos inventarios de la catedral, donde se describe y especifica su uso.
"Las descripciones que nos muestran estos inventarios coinciden con la pieza de plata que localizamos recientemente en el área de reserva del Museo Diocesano de Arte Sacro", explican Cecilia y Ruiz, que la describen como "una interesante obra de platería que lleva insertada en el centro el Lignum Crucis -dos astillas formando el símbolo de la Santa Cruz- y doce reliquias de santos, papas y mártires, de gran significación en el aparato devocional y litúrgico del templo catedralicio".

El Belén Napolitano se marcha a Valencia
El Belén Napolitano, de la colección Pedrera-Martínez de Orihuela, procedente de Nápoles, fue adquirido por Antonio Pedrera en 2002 para uso en el ámbito familiar. No fue hasta el año 2015 cuando se expuso por primera vez en el claustro del Museo de Arte Sacro. En diciembre de 2017 se inició la muestra de este pesebre con un gran montaje en la sala de exposiciones temporales, pasando a ser años más tarde una de las obras permanentes más importantes y con entrada gratuita en Navidad. Sin embargo, este año se expone en Valencia por decisión de sus propietarios.
Los personajes como vendedores ambulantes, músicos, cortesanos, mendigos y pastores y agrupaciones como el mercado o la taberna desempeñan diversos papeles en escenas en las que se funden lo sacro con lo común y lo señorial, donde la Natividad, el coro celestial y el cortejo real de los Magos, unido a la vida popular, se integran en un todo a diferencia del belén clásico español.
En su escenografía teatral, llena de contrastes y colorido, se distinguen tres módulos arquitectónicos donde se recrean escenas típicas de la Nápoles del XVIII, correspondientes a la Natividad, la taberna y la panadería, así como 75 figuras con sus respectivos accesorios y animales.
Su simbología va más allá de la simple representación y encuentra una explicación en las antiguas tradiciones populares. Cada figura y elemento del Belén, representaban a la vez, una característica cristiana y otra pagana.
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