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Un relato de más de 5 metros sobre la violencia contra la mujer durante la Guerra Civil y el franquismo en Daya Nueva

El Museo La Alquería muestra una exposición con una decena de paneles que narran historias reales sobre la violencia de género en la memoria histórica

Rapar el pelo era una forma sistemática de escarnio público

Rapar el pelo era una forma sistemática de escarnio público / Información

Loreto Mármol

Loreto Mármol

El uso de la mujer como arma de guerra y castigo durante la Guerra Civil y el franquismo. Una denuncia vecinal significó el destierro de María Josefa Goñi Sagardía y de sus seis hijos de 16, 12, 9, 6, 3 y 2 años. Sus cuerpos se encontraron en 2017 en un pozo a 50 metros de profundidad. No está claro si primero los mataron y después los tiraron a la sima o si los arrojaron vivos.

Daya Nueva ha inaugurado la exposición Violencia de género en la memoria histórica de España, que podrá visitarse en el Museo La Alquería durante todo este mes que se viste de violeta con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Una decena de paneles que cuenta un relato de más de 5 metros sobre la violencia sistemática contra las mujeres, con historias reales de quienes sufrieron violaciones brutales, rapado de pelo y exposición pública, ingesta de aceite de ricino reiteradamente, torturas y asesinatos, a menudo esposas o hijas.

Escarnio

Si hay un elemento que es seña de identidad de toda mujer, es el pelo. El hecho de rapárselo suponía la mayor cosificación. El aceite de ricino provocaba unas diarreas muy fuertes, y pasearlas por el pueblo en esas condiciones era un escarnio terrible, para después acabar violándolas e incluso matándolas en algunos casos. Es otra de las historias que se narran en una muestra que ha contado en su inauguración, este lunes, con la charla de Diego Leonet, criminólogo y presidente de la Gestora del Colegio Oficial de Criminología de Euskadi, además de colaborar con la Sociedad Científica Aranzadi exhumando fosas comunes y realizando trabajo de laboratorio.

El antropólogo Diego Leonet

El antropólogo Diego Leonet / Juantxo Egana

El también antropólogo ha desgranado casos de violencia contra las mujeres en conflictos, haciendo hincapié en cómo históricamente han sido parte del salario que cobraban los soldados. Así, ha subrayado un largo periplo en el que fueron ganando derechos para después de la Guerra Civil quedar relegada otra vez a la figura del varón, volviendo a casa a disposición del marido.

Rapar el pelo era una forma sistemática de escarnio público

Rapar el pelo era una forma sistemática de escarnio público / Información

Las cárceles

Leonet ha expuesto ejemplos de maltrato con historias reales. Tras resaltar el campo de concentración de Albatera y el uso del Seminario Diocesano de Orihuela como prisión, se ha centrado en Tomasa Cuevas Gutiérrez, que estuvo en siete cárceles distintas. En 1974, antes de que muriera Franco, recorrió el país con una grabadora para recabar testimonios de las que fueron compañeras de prisión. Como resultado, publicó tres libros: Cárcel de mujeres, Cárcel de mujeres (1939-1945) y Mujeres de la resistencia.

Si algo quedó en la memoria de las presas, se puede leer en otro de los paneles, era el frío y la humedad de las celdas de castigo. Junto a varias prisiones bajaban arroyos, y cuando había marea alta, las celdas quedaban inundadas hasta un metro de altura. En esas condiciones debían estar horas e incluso días, sufriendo de hipotermia y hasta muriendo.

Algunos de los paneles de la exposición

Algunos de los paneles de la exposición / Información

Una de las formas de ejercer violencia psicológica era separar a los niños de su madre. Se les dejaba en un patio y la madre los veía desde la celda. Hiciera frío o calor, lloviera, tronara o nevase. Ni aunque los niños lloraran, se permitía a las madres acercarse a darles consuelo.

Cuando los menores cumplían 3 años, debían abandonar la cárcel. Si no eran reclamados por familiares, se los quedaba el auxilio social, que los entregaba a afines del régimen en procesos de adopción cuanto menos dudosos, recuerda Leonet, que también ha colaborado con el antropólogo y forense Francisco Etxeberria, reconocido por sus trabajos en casos como el de las niñas de Alcàsser o José bretón, además de participar activamente desde hace más de dos décadas en la exhumación de fosas de personas asesinadas y desaparecidas durante el conflicto bélico y la posterior dictadura franquista -desde 2023 coordina el proceso de exhumación de cadáveres de Cuelgamuros-.

Bandos

También ha subrayado la diferencia en el tratamiento de las víctimas según el bando al que pertenecían, citando a las enfermeras de Somiedo (Asturias) cuando prestaban servicio en un hospital de sangre en el bando nacional, que fueron beatificadas por la Iglesia como mártires por odio a la fe tras ser asesinadas por milicianos izquierdistas en octubre de 1936, mientras que las cinco enfermeras asesinadas durante el desembarco republicano en Mallorca en septiembre de 1936 -también llamadas "las cinco rosas de Mallorca" o "cinco enfermeras catalanas"- no recibieron reconocimiento ni se buscaron sus cuerpos.

La exposición, propiedad del Ayuntamiento de Daya Nueva, se ha realizado en formato banner, con paneles de 1,80x60 para que pueda ser itinerante, de forma que se pueda exhibir en otros espacios (consultorio, centro polivalente...) y cederla a organismos que la soliciten.

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